El ex presidente demócrata Barack Obama publicó un artículo en Medium, una plataforma donde se expresan académicos, pensadores y políticos de distintas orientaciones. “Es posible que personas de buena voluntad defiendan los derechos de los palestinos y se opongan a determinadas políticas del Gobierno israelí en Cisjordania y Gaza sin ser antisemitas”, dice en un párrafo del texto publicado el pasado 23 de octubre.
Las voces del partido de gobierno empezaron a tomar distancia de la Casa Blanca pocos días después del apoyo cerrado de Joe Biden a Israel tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Poco después de comenzar el conflicto, 55 congresistas demócratas enviaron una carta a Biden y al secretario de Estado, Antony Blinken, en la que expresaban su preocupación por la situación humanitaria en Gaza y reclamaban restaurar los suministros de comida, agua y energía.
“Creemos firmemente que la respuesta de Israel debe tener en cuenta a los millones de civiles inocentes de Gaza que son víctimas de Hamás y sufren las consecuencias de su campaña terrorista”, afirmaban en esa misiva.
Dos días después, 17 parlamentarios demócratas, presentaron un proyecto de resolución con un “llamamiento a una desescalada y un alto el fuego inmediatos en Israel y la Palestina ocupada”. Lo encabezó la única congresista de origen palestino, Rashida Tlaib.
Una semana después del artículo de Obama, una carta firmada esta vez por 130 congresistas llegaba a la Casa Blanca pidiendo la creación de corredores humanitarios y pidiendo que se garantizase la seguridad de los civiles.
Un grupo de nueve congresistas demócratas se opusieron luego a apoyar una declaración de solidaridad con Israel. Cabe aclarar que se trató de un número pequeño ya que la votación resultó de 412 votos a 10 en la Cámara de Representantes. Pero en el Senado, Bernie Sanders y otros nueve demócratas firmaron un pedido de “pausas humanitarias” en la guerra.
Lo cierto es que la sociedad estadounidense está en camino a las elecciones, con una economía golpeada, con las tasas de interés en niveles muy altos y con otros frentes de conflicto en los que está involucrado, especialmente desde que Rusia invadió Ucrania en febrero del año pasado.
El apoyo a Gaza y las críticas a Israel se concentran sobre todo en los jóvenes y las llamadas minorías, pero también en ciertos sectores de la propia comunidad judía progresista. El propio Biden enfatizó en sus últimas apariciones ente el mensaje en sus últimas intervenciones para no propiciar la escalada del conflicto en Gaza.
El pasado domingo 29 de octubre, tras el diálogo de Biden con Benjamín Netanyahu, el comunicado de la Casa Blanca decía que el presidente había subrayado “la necesidad de aumentar inmediata y significativamente el flujo de ayuda humanitaria para atender las necesidades de la población civil de Gaza”.
El Partido Demócrata tiene un Consejo Nacional Musulmán que, en una declaración reciente, instó a Biden a utilizar su influencia con Israel para negociar un alto el fuego este mismo martes.
En una carta abierta titulada “Ultimátum de alto el fuego 2023″, los líderes musulmanes se comprometieron a movilizar a “los votantes musulmanes, árabes y aliados” para que “nieguen su respaldo, apoyo o voto a cualquier candidato que apoye la ofensiva israelí contra el pueblo palestino”.
No se trata de un sector de impacto electoral pero la numerosa comunidad con ramificaciones en países musulmanes en Estados Unidos es un dato que no se escapa a la Casa Blanca. El martes 31, mientras el secretario de Estado Antony Blinken, hablaba en la Cámara de Senadores, fue interrumpido por ciudadanos que pedían el fin de la guerra con las manos pintadas de rojo.
Infinidad de encuestas se publican en la prensa de Estados Unidos respecto de cuánto pesa en los jóvenes, en los votantes de los dos partidos, en las comunidades ligadas al origen musulmán o afroamericano. Aunque la guerra no es mensurable a través de estudios de opinión pública, los funcionarios de Biden siguen con atención los números que brindan las encuestas.
Los republicanos no tienen ese problema. Su base electoral está completamente comprometida con el apoyo a Israel y sus principales líderes, también, como puso de manifiesto el sábado la reunión anual de la Coalición Judía Republicana.
Por la convención del grupo de presión judío conservador desfilaron Donald Trump, Ron DeSantis, Nikki Haley, Mike Pence y el resto de aspirantes republicanos a la presidencia. El blanco de sus críticas fueron las universidades por permitir las manifestaciones a favor de Palestina.
“Lo que muestra esto es lo enfermas que están las universidades porque han sido presa de la ideología, han sido capturadas y corrompidas por la agenda woke”, aseguró Ron DeSantis, el gobernador de Florida, que dijo que cancelaría la visa a estudiantes extranjeros que se sumen en Florida a manifestaciones en favor de los árabes.