La noticia era que un multimillonario había pateado el tablero de la campaña de las internas republicanas a la presidencia de Estados Unidos y había obligado a todos los demás candidatos a competir en una carrera demencial. Ese era Donald Trump, el hombre que mostró el camino.
Trump entendió que había que alimentar el sentimiento de frustración del electorado más ignorante (una buena mayoría) y prometer vaguedades grandilocuentes. Usó su absoluta inexperiencia en asuntos de gobierno como una ventaja. Se convirtió en el gran outsider. Le devolvió la esperanza al republicano de a pie.
La pregunta era si duraría o si finalmente el electorado republicano se convencería de que más valdría votar a un candidato más tradicional, que tuviera por lo menos una apariencia de sensatez, algo que le diera más chances de obtener el apoyo de los grandes donantes y derrotar a Hillary Clinton en una elección general.
Y entonces sucedió algo mágico: apareció un candidato peor. El neurocirujano retirado Ben Carson es un personaje todavía más aterrador que The Donald. Es difícil de creer que haya un individuo más nocivo que Trump para la decencia de estas elecciones primarias, pero ahí está, subiendo como leche hervida en las encuestas.
A las pruebas me remito. Carson es una suerte de fanático religioso que cree que la teoría de la evolución fue fomentada por Satanás ("cosa 'e Mandinga" es una posible traducción campera), que las pirámides de Egipto no son tumbas sino graneros construidos por el patriarca José para guardar el trigo con el que salvó al mundo y que la ley de la salud conocida como Obamacare es lo peor que sucedió en Estados Unidos desde la esclavitud, incluyendo, de manera explícita, a los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Para explicar su convicción de que la homosexualidad es una decisión consciente, dio como ejemplo a los heterosexuales que caen presos y que cuando salen son homosexuales. Dijo: "¿Algo pasó cuando estuvieron ahí? Preguntémonos eso". Yo me pregunto: ¿puede haber un candidato más repugnante que éste? Claro que ya me lo preguntaba con respecto a Trump, hasta que apareció esta eminencia.
Carson está decididamente en contra de cualquier control sobre el derecho de los estadounidenses a armarse hasta los dientes. Y tiene sus razones: "Los ciudadanos alemanes fueron desarmados por su gobierno a fines de la década de los treintas, y en los cuarentas el régimen de Hitler asesinó a seis millones de judíos". Es una conclusión típica del cirujano, una relación causa-efecto muy fácil de entender.
Pues ése es el nuevo niño mimado de los electores republicanos, si hemos de tener en cuenta los resultados de las encuestas, que revelan que si fuera el candidato republicano que enfrentara a Hillary Clinton, le ganaría por diez puntos.
El candidato maneja un estilo coloquial muy sosegado. Dice sus verdades en voz baja y calma, a veces cerrando los ojos, como si estuviera en una suerte de trance espiritual.
Donald Trump se hace el loco pero Ben Carson es uno de esos tipos a los que da miedo acercarse. En su memoria Gifted hands (Manos milagrosas) recuerda que le tiró una puñalada a un compañero de clase cuando tenía 14 años de edad y que por suerte le dio en la hebilla del cinturón. La idea de la anécdota es explicar cómo cambió gracias a Dios. También dice que amenazó a su propia madre con un martillo y que andaba por ahí armado con un bate de béisbol.
Parece que nada de eso es cierto, según múltilples testimonios de sus conocidos de entonces. Todos dicen que en su adolescencia tenía una calma muy similar a la que muestra ahora. Tal vez el médico confunde la realidad con su propio pensamiento: "quiso" apuñalar a su amigo, "quiso" amenazar a su mamá con un martillazo en la cabeza, "quiso" salir con un bate de béisbol para enfrentar a quien se
cruzara en su camino.
Ahora cierra los ojos y quiere ser presidente de Estados Unidos.