27 de junio 2013 - 14:26hs

Y sepan que olvidar lo malo también es tener memoria, se dice en el Martín Fierro. El consejo parece irrebatible. El olvido es necesario para volver a abrazarse con aquel amigo que, por un ratito, nos agravió, para reconciliarse con ese familiar que nos quiere tanto, para dejar atrás a aquel hombre o a aquella mujer que ya no vale la pena.

Sin embargo, cuarenta años después del golpe de Estado de 1973 no nos es dado el gusto de poder olvidarlo. Año tras año vuelven las imágenes de la infamia y, recurrentemente, los asuntos del pasado le sacan tiempo al presente y, sobre todo, al futuro.

Para peor, muchos veinteañeros ni siquiera intuyen qué cosa pasó en aquel junio de 1973. Aquí el problema no tiene que ver con la falta de recuerdos sino, probablemente, con la ausencia de libros al alcance de la mano.

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A esos jóvenes no les es posible dejar atrás algo que no conocen y allí la ardua tarea será la de enseñarles las cosas malas y buenas que ocurrieron en estos últimos cuarenta años.
Tal vez, dentro de algún tiempo, cuando los que no saben aprendan y los que recuerdan ya no tengan necesidad de mirar para atrás, todos juntos podamos darnos al olvido que, muchas veces, es la mejor memoria y la mayor de las venganzas.

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