22 de marzo 2013 - 21:24hs

La reapertura del cine Grand Prix en julio de 2012 trajo entusiasmo a los vecinos del Cerrito de la Victoria y fue la concreción de un sueño para Martín Daian, propietario de la sala. Durante los primeros meses luego de su reapertura, el Grand Prix brilló como en sus mejores épocas recibiendo a viejos conocidos que volvieron a la sala 30 años después de su cierre y a nuevas generaciones.

Sin embargo, las funciones comenzaron a caer en el número de espectadores, tanto que en alguna ocasión se realizaron funciones para 15 personas y un día se debió suspender la proyección por falta de asistentes.

Esta situación llevó a que el Grand Prix cerrara momentáneamente sus puertas el 16 de diciembre: “Tomamos esa decisión porque ya la venta de entradas no venía bien y se acercaban las fiestas. Es una realidad que en verano la actividad de los cines cae, así que resolvimos hacer un paréntesis”, explicó a El Observador Martín Daian, dueño del cine.

El Grand Prix volverá a abrir sus puertas este sábado 23 de marzo, coincidiendo con el arranque de Semana Santa. Sin embargo, las perspectivas que Daian tiene no son muy alentadoras, por lo que resolvió poner a la venta la propiedad.

“Vamos a ver qué repercusión tiene la reapertura. La idea es que el cine continúe lo más posible, pero no está descartada la idea de vender la propiedad porque fuera de las vacaciones, cuando trabajamos bien, decae bastante el movimiento y entonces se hace difícil mantener la sala”, explicó Daian. Una iglesia evangélica es la única interesada en adquirir la propiedad hasta el momento, según indicó.

Además de la baja concurrencia que se notó en los último meses de 2012, Daian reconoce que existen otros problemas que ponen en riesgo la continuidad. “ En cantidad de espectadores no creo que anduvo tan mal, el problema radica el alto costo operativo de la sala y los impuestos que paga. A eso se suma que este año hay que reconvertirse y comprar un proyector que cuesta cerca de US$ 80 mil”, indicó.

Daian señala que “el cine da para mantenerlo en pie, no para generar muchos puestos de trabajo”. Actualmente el personal que trabaja los días de función son un portero y un boletero, además de Daian que es quien proyecta la película. “Muchas veces pasó que estoy pasando la película y tengo que bajar corriendo para hacer funciones de portero porque no puedo contratar a alguien para que se quede en la puerta”, indicó.
En 2008, Daian compró el terreno por US$ 160 mil y luego gastó casi US$ 300 mil más en la instalación de un sistema de sonido y una pantalla.

El barrio apoya, pero no alcanza

“¿Abren de nuevo? Qué alegría, vos sabés lo importante que es el cine para el barrio”, le dijo una vecina a Daian mientras arrancaba un folleto de la puerta del cine con la programación para Semana Santa.

“Estamos tratando un poco de revertir en una pequeña escala la tendencia del ser humano que cada vez está más ermitaño, para que tengan un pretexto para salir de la casa y distraerse. Esa es la función principal que cumplimos en el barrio”, indica Daian.

El dueño del Grand Prix reconoce que el negocio de las salas de cine en Uruguay está en crisis desde hace varias décadas producto de la aparición de diferentes productos como la televisión, el video, el cable y, por último, internet.

“El intento se seguirá haciendo hasta que dé. Hay mucha gente que extraña los cines de antes, y otra no porque no los conoció. Es difícil inculcar a los jóvenes la vieja tendencia de ir al cine, es algo que puede tardar años y capaz que no resulta”, concluyó.

EO Clips

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