14 de junio 2021 - 5:01hs

El exsubsecretario de Desarrollo Social Armando Castaingdebat volvió a intentar explicar esta semana, cada vez con menos éxito, las causas específicas de la salida de un outsider como Pablo Bartol de la política. Es más prometedor leer el evento desde la perspectiva del auge y caída que sufren los outsiders en su conjunto a nivel local y global.

Lejos de ser figuras que deben desaparecer con las crisis, como argumenta Castaingdebat, en los países desarrollados las nuevas figuras outsiders habían aparecido con particular fuerza de la mano del descontento provocado por la pobre performance de sus economías desde la crisis financiera de 2009. Líderes emergentes con muy diferentes estilos y plataformas pudieron capitalizar ese descontento hacia a la "casta" política y las élites burocráticas, ya sea conquistando el poder o pasando a ser actores muy relevantes. En los últimos años, varios de ellos desaparecieron ya de la política (como Albert Rivera o Pablo Iglesias) y otros (como Donald Trump) cayeron de sus cargos.

También surgieron en los años posteriores a la crisis de 2009 varios líderes outsiders o rupturistas en el mundo subdesarrollado (Hungría, Polonia, Filipinas, y los propios vecinos Argentina o Brasil), donde el impacto de la crisis había sido menor, pero la fiebre de cambio vino a contagiar con base en otras vulnerabilidades preexistentes como la creciente corrupción. Algunos, como Macri, han también caído y otros como Bolsonaro, parecen tenerla difícil para continuar.

Uruguay no fue ajeno a estas megatendencias globales aunque, como de costumbre, años después. La presencia de outsiders –que venían de fuera de la política– como candidatos en las internas presidenciales, tradicionalmente muy escasos, aumentó de forma dramática en 2019 cuando llegaron a ser cinco: Vega, Sartori, Novick, Manini, Talvi. Entre ellos lograron en las elecciones internas un histórico 24% de los votos.

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Lacalle, en sí mismo alguien profundamente asociado a la política tradicional, tuvo la capacidad de leer los nuevos tiempos "importando" sangre nueva con una participación inusualmente significativa de expertos. Estos expertos, como Bartol, no pueden considerarse meros tecnócratas de relevancia lateral, sino que fueron presentados como parte constitutiva fundamental de un nuevo tipo de proyecto político (de forma inédita, los técnicos jugaban un rol clave en clips televisivos y hasta en el recorrido “casa por casa”). Otro candidato tradicional, como Daniel Martínez, recurrió completamente fuera de los círculos tradicionales pero para el clave cargo de vicepresidenta.

Al ganar, Lacalle se vio en una coalición que sumaba además esos outsiders externos al partido. Pero la estrategia de amalgamar outsiders con políticos tradicionales tampoco parece estar siendo la fórmula para que los primeros sobrevivan en el sistema. Ni los externos como Talvi o los internos como Bartol sobrevivieron. Los otros nunca se lograron insertar tampoco en “la mesa chica” de toma de decisiones.

¿Qué es lo que está pasando para explicar la crisis global del outsider? La política requiere de algunas habilidades como la permanente negociación, exposición permanente a los embates de la oposición, a escraches en las redes, a la necesidad de dotar de sustancia las interminables apariciones públicas. Estas no se logran con facilidad en el sector privado.

Pero ojo, las causas últimas que dieron lugar a su meteórico ascenso siguen intactas y sería un gran error de los políticos tradicionales abandonar el reflejo de incorporarlos. Tienen otros atributos que a los políticos generalmente les falta, como nuevos bríos para que las cosas salgan adelante en un sistema a veces demasiado lento para encarar desafíos cada vez más complejos. Gracias a logros de sus trayectorias profesionales traen liderazgos más inspiradores y por tanto más efectivos para motivar equipos y convencer otros para implementar reformas. Suelen traer aire fresco que desinfecta y da confianza, ya que la presencia de miembros externos suele desincentivar “mañas” tradicionales que son más pasibles de proliferar en grupos cerrados.

Dados estos factores, y con una nueva –más fuerte– crisis económica, permitir, a nivel global, la continua y sistemática pérdida de relevancia de quienes traen sangre nueva a la política es de hecho asumir un gran riesgo. Un riesgo de volver a generar “indignados”, o peor aún, que los votantes pierdan esperanza en un cambio relevante y se entreguen a la apatía y desconexión de los asuntos públicos.

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Ernesto Talvi Edgardo Novick Member

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