26 de marzo 2022 - 9:37hs

 

La pandemia trajo muchos desafíos, y gastos, que los países han tenido que afrontar, en un gran esfuerzo de equilibrio presupuestal. A su vez, la región está transitando por procesos políticos que suponen en algunos casos giros ideológicos o de matiz en las prioridades de gobierno, todo lo que ha llevado a que se introduzcan o presenten proyectos de reforma fiscal en varios países latinoamericanos. Nuevas agendas, nuevos procesos sociales y políticos que como a lo largo de toda la historia de la humanidad, como hemos dicho tantas veces en este espacio, tienen como causa o consecuencia aspectos fiscales subyacentes.
Para hacer un somero repaso de estos cambios y propuestas, recibimos una vez más en #ConsultorTributario la contribución de Francisco Tochetti, con su habitual vocación de análizar los fenómenos tributarios y su interrelación.
Confiamos en que disfrutarán de esta nueva entrega de Consultor Tributario y les invitamos como siempre a acercarse a los contenidos de nuestro Blog en la web de El Observador.

Uruguay: estabilidad tributaria en una región cambiante

Por Francisco Tochetti
@ftochetti

Estabilidad. Esta es la palabra que ha definido a nuestro país en los últimos años. En una región ardiente, Uruguay se destaca por sus políticas de Estado, su estabilidad social, su seguridad jurídica y por mantener en el tiempo las reglas de juego para quienes viven e invierten en nuestro país.

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Todo esto tiene valiosas consecuencias: atrae la inversión extranjera directa, aumenta la llegada de nuevos residentes, y, sobre todo, genera una imagen positiva a nivel mundial en una región que envía el mensaje opuesto.

Esa estabilidad se vislumbra también a nivel impositivo. Nuestro país no ha sufrido grandes cambios tributarios en el pasado inmediato, ni se esperan grandes cambios en el corto o mediano plazo, como sí sucedieron -o se espera que sucedan- en otros países de Latinoamérica.

En Argentina por ejemplo, luego de una de sus más exitosas amnistías fiscales, surgieron impuestos imprevistos (como el impuesto a las grandes riquezas). En 2017,  los contribuyentes apostaron por el país y se adhirieron al conocido “blanqueo”, para pocos años después encontrarse con un impuesto de entre 2% y 3,5% aplicado sobre sus bienes en el país y también en el exterior. Un impuesto alto que se sumó al  de  las ganancias, bienes personales y tantos otros de nuestro vecino país.

Otro es el caso de Chile, donde semanas atrás se aprobó una reforma fiscal que eliminó o redujo algunas exenciones tributarias. La referida reforma busca financiar parte de la Pensión Garantizada Universal e incluye gravámenes sobre las distribuciones de los seguros de vida, aumento del impuesto a la renta en ciertas ganancias de capital y creación del impuesto a bienes de lujo, entre otros. Asimismo, se espera una nueva propuesta de reforma fiscal para este año 2022, que incluye la creación de un impuesto a la riqueza,  de un nuevo régimen de impuesto a la renta y medidas contra la evasión fiscal.

Brasil, dueño de uno de los sistemas tributarios más complejos del mundo, hace años discute una reforma fiscal que busca unificar algunos impuestos federales y reducir ciertos impuestos a la renta. Sin embargo, también busca gravar otros tipos de renta como los dividendos (exentos hace casi 30 años) y aumentar los gravámenes sobre la actividad del mercado financiero.

En los últimos años, en Perú se presentaron varios proyectos de ley para crear un impuesto a las grandes fortunas, aplicable a individuos, empresas y grupos económicos. Con tipos impositivos que varían entre 0,2% y 3%, esta sería una gran novedad para el país. Asimismo, es importante destacar que, a fines del año pasado,el Poder Ejecutivo solicitó que se le delegaran facultades para regular aspectos vinculados a la materia tributaria, materia que corresponde al Poder Legislativo.

Por su parte, Colombia propuso una reforma fiscal en abril del año pasado, que fracasó luego de un gran estallido social. Posteriormente, en septiembre de 2021 se aprobó otra reforma distinta que incluye modificaciones en el impuesto a la renta (para individuos como para empresas), modificaciones en el IVA y otros puntos importantes sobre los mecanismos de lucha contra la evasión fiscal.

Durante el 2021, en México se implementó una ambiciosa reforma fiscal que modifica el impuesto a la renta, el IVA y los gravámenes aplicables sobre la economía digital (entre otros), e incluye nuevas obligaciones de reporte. La reforma fiscal mexicana es de una envergadura tal, que merece un análisis aparte.

Ecuador aprobó a fines del año pasado, una reforma fiscal con grandes cambios: aumento en los tipos del impuesto a la renta, una contribución solidaria (supuestamente temporal) de personas y empresas con altos patrimonios. Los tipos impositivos varían entre 1% y 1,5% para individuos con más de uno y dos millones de dólares y 0,8% para empresas con más de cinco millones. Por otra parte, esta reforma establece una amnistía para los activos no declarados en el exterior y elimina el impuesto a la herencia.

Por último, se creó en Bolivia en diciembre de 2020 el Impuesto a las Grandes Fortunas, el cual se aplica al patrimonio de los individuos, incluyendo bienes inmuebles, bienes muebles, bienes suntuarios, activos financieros, derechos, dinero y todo otro bien material o inmaterial con valor económico, de los cuales sea titular el contribuyente o cuando estuviera en posesión de estos.

Como surge del análisis anterior, es grande el dinamismo y son muchos los cambios tributarios planteados en Latinoamérica en el pasado inmediato. 
En términos generales, la región se encuentra inmersa en una gran inestabilidad (social, política y económica) y esto se traduce en reformas fiscales que generan incertidumbre a posibles inversores y mayor presión a los actuales contribuyentes.

Durante el 2021, en Uruguay se planteó crear un impuesto para gravar los depósitos en el exterior. A mi entender, esta propuesta no se alineaba a las características de nuestro sistema tributario (semi territorialidad), a los beneficios fiscales que otorga nuestro país, ni a las políticas de atracción de nuevos residentes fiscales que hace años fomentamos. Más allá del contexto mundial (covid-19) y las necesidades del país, la propuesta no prosperó.

En este contexto, y analizando todas estas reformas y creaciones de nuevos impuestos, es importante recordar que un aumento de la carga tributaria no necesariamente se traduce en un incremento de la recaudación (curva de Laffer). O bien recordar la célebre frase de Winston Churchill: “Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”. 

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