19 de mayo 2024
Dólar
Compra 37,45 Venta 39,65
8 de octubre 2022 - 5:00hs

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

En las últimas crisis, el mundo no pagó la cuenta del daño al contado sino que pidió crédito. Tanto el lío de 2008 de las hipotecas truchas como el desastre de la pandemia por covid llevaron a los países a financiar los impactos, básicamente tomando deuda y emitiendo dinero a raudales, además de bajar las tasas de interés hasta el suelo.

El resultado a corto plazo fue bueno: se evitó en los dos casos una depresión al estilo de 1929, pero ahora llega el tiempo de pagar las cuentas que vienen en la bandeja de la inflación fuerte y generalizada con subas aceleradas de la tasa de interés.

Más noticias

A todo este combo se agregan los líos propios de China, con sus graves debilidades en el sector inmobiliario y su política virulenta de covid cero, que ha cuarentenado a cada rato a ciudades de millones de habitantes.

Además, como frutilla de la torta, llegó la guerra que sacudió el mercado de los combustibles y enloqueció a las bolsas.

Con este panorama no hay cómo evitar un enfriamiento de la economía de todas las locomotoras del mundo y eso le pega a todos los demás.

Se emitió fuerte y se bajaron las tasas de interés para levantar economías en picada y ahora se hace lo contrario para frenar la inflación al costo ineludible de frenar la economía, no hay almuerzos gratis.

A este marco mundial bastante sombrío se nos agregan problemas locales: Argentina sumida en la locura de un manejo cambiario digno del realismo mágico de Gabriel García Márquez (llevan como 20 dólares diferenciados tipo soja, turismo, tecnología, etcétera, etcétera), que ha sido un imán para los turistas de compras uruguayos y conduce a una temporada turística pobre, y los problemas climáticos locales que no paran de golpear (llevamos en este gobierno tres emergencias climáticas y vamos camino a la cuarta en esta primavera).

Contra todos los impactos adversos de afuera no tenemos nada que hacer, salvo tener la casa en orden, lo cual este gobierno hay que reconocer que lo ha logrado en gran medida, aún en estas circunstancias negativas.

Lo que ya no es aceptable que nos siga golpeando tan fuerte y a cada rato es el tema de las sequías, ¡bastó! En Uruguay sobra agua, el 95% del metro y pico de agua que cae anualmente arriba de cada metro cuadrado del territorio se escurre a cañadas, ríos y arroyos y se pierde como recurso productivo al llegar al mar.

Es fácil técnicamente capturar parte de esa agua y luego regarla cuando hace falta, logrando duplicar las cosechas de lo que sea que cada suelo produce y además estabilizando rendimientos.

La tecnología no es problema y la inversión inicial (unos US$ 1.500 dólares por hectárea) tampoco. El asunto es que para regar hay que ponerle presión al agua y eso requiere una bomba que hasta hoy trabaja a electricidad o a gasoil; el costo de la energía aquí es alto y por eso regar cuesta unos US$ 3 por mm aportado (si fallan lluvias por 100 mm hay que pagar US$ 300 para regar).

Esto sí que depende solo de nosotros arreglarlo.

Propongo que el riego sea tratado en el país como “industria naciente”, lo que habilita incluso para los economistas más liberales a usar subsidios de arranque y exoneraciones tributarias (ejemplo forestación).

Además, que UTE segmente el mercado interno y en vez de exportar excedentes baratos a la región ofrezca electricidad a esos precios a los medidores de las bombas de riego.

También podemos pasar el costo del subsidio al boleto del gasoil a la nafta (tiene lógica que si hay que subsidiar el boleto urbano, el dinero venga de los autos particulares y no de los tractores, cosechadoras y camiones), sin mirar cuántos votos hay en autos o en tractores.

Y también podemos orientar nuestra investigación y extensión a lograr lo antes posible el uso de bombas de riego de buena potencia operadas con energía solar, lo cual es una tecnología que ya está llegando.

Suficientes son los problemas externos que no podemos resolver como para no hacernos cargo y arreglar los problemas internos que podemos solucionar.

Temas:

Luis Romero Álvarez Agronegocios tormenta perfecta pandemia Guerra Crisis china Agro en Uruguay

Seguí leyendo

Te Puede Interesar