21 de septiembre de 2020 5:00 hs

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Desde hace al menos quince años, cada vez que se cierran las urnas y comienzan a contarse los votos, los sanduceros deben esperar hasta entrada la madrugada, o incluso la mañana siguiente, para conocer quién es el próximo intendente.

Electoralmente, el departamento está “partido al medio” desde el inicio del siglo y blancos y frenteamplistas se reparten la victoria cada cinco años, con un maleficio que ahora Guillermo Caraballo buscará romper: que el intendente sea reelecto.

Esa situación, moneda corriente en varios departamentos, no se repite en Paysandú, la ciudad heroica defendida por Leandro Gómez hace 150 años a la que los blancos se trasladan en masa cada enero para homenajearlo. 

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Aunque su liderazgo ha menguado, el hoy ministro del Interior, Jorge Larrañaga, sigue siendo el gran caudillo departamental, y no en vano es el último que logró ser reelecto, en 1994, antes de lanzarse de lleno a la política nacional. Sus sucesores Álvaro Lamas (2000–2005), Julio “Nino” Pintos (2005–2010) y Bertil Bentos (2010–2015) lo intentaron sin éxito, con razones variadas, que van desde escándalos hasta apuestas a la descentralización duramente castigadas por la población. 

El domingo 27 de setiembre, 95.583 sanduceros definirán el futuro del departamento entre 11 candidaturas, aunque varias son testimoniales y desde hace meses se sabe que el asunto se dirimirá en un balotaje entre el Frente Amplio y el Partido Nacional.

Además de Caraballo, la izquierda propone a la diputada Cecilia Bottino y al exdirector Marco García, mientras que los blancos postulan al también diputado Nicolás Olivera, al exintendente Bertil Bentos y al exalcalde Mario Bandera. En los últimos meses, el PN logró el apoyo de Cabildo Abierto, colorados escindidos y dirigentes del Partido de la Gente.

Los datos de las últimas encuestas de Opción y Ágora señalan que blancos y frenteamplistas están “cabeza a cabeza”, con votaciones en el entorno del 40% y que Caraballo y Olivera son los favoritos en las internas. 

El director de Opción, Rafael Porzecanski escribió en su informe de setiembre que la situación ha sido de “altísima paridad” entre ambos partidos durante todo el año, pero que en julio y agosto observaba “leves ventajas” en favor de los blancos. Desde Ágora agregan que para ganar el FA debe votar “varios puntos por encima” de octubre, cuando recibió casi 33 mil sufragios, unos 4.000 más que los blancos. “No es un desafío menor porque el FA suele votar por debajo en la elección departamental respecto a la elección nacional”, explica el informe.

Olivera y Caraballo han coincidido en que la clave de la victoria de la izquierda en 2015 estuvo en la amplia diferencia que obtuvo en la capital, una situación que los blancos buscan revertir, dado que son más fuertes en el resto del departamento. 6 de los 7 alcaldes pertenecen al Partido Nacional y el restante es del Partido Colorado.

Pese a los favoritismos de cada uno en la interna, las mediciones de Ágora muestran comportamientos desiguales que pueden terminar siendo “relevantes” para inclinar la balanza hacia uno u otro en la votación final.

Caraballo aparece con mayor visibilidad, pero Bottino y García tienen “un peso significativo” y aportan a la sumatoria del Frente Amplio de “manera clara”, una situación que no se da en el Partido Nacional, donde Olivera concentra más del 60% de la intención de voto.

En las últimas semanas, la izquierda ha denunciado la injerencia del gobierno nacional en las elecciones con –en palabras de Caraballo– un “desfile” de autoridades por el departamento.

El martes, la bancada de senadores del Partido Nacional recorrió Paysandú para apoyar a los candidatos locales, y distintos ministros visitaron Paysandú para participar de inauguraciones. 

En cuanto a las propuestas, el intendente que busca ser reelecto asegura que cumplió con sus promesas de campaña y que su candidatura ofrece una profundización de los logros, entre los que destaca varias del ABC (alumbrado, barrido y calles) como urbanización en barrios, construcción de avenidas, recambio de luminaria pública y creación o recuperación de infraestructura.

En el caso de Olivera, el dirigente está convencido que el gran “error” de todos los intendentes es “demorar demasiado en empezar” a gestionar, por lo que asegura tener listo un equipo de gobierno. Su eslogan es “Paysandú te quiero de pie” y propone atacar de lleno el empleo y la vialidad, los cuales a su juicio son los grandes problemas departamentales.

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