Basura, mierda, barro, agua mezclada con orín, mal olor y, en los alrededores de la inmundicia, ranchos de lata y cartón con paredes agujereadas y puertas improvisadas con pedazos de madera. “Dios por acá no pasó”, dijo ayer Pedro Bordaberry parafraseando a Atahualpa Yupanqui mientras pisaba el fango mugriento de uno de los asentamientos irregulares del barrio Casavalle.
Asentamientos que quedan más cerca del infierno en la tierra que aquellos viejos cantegriles que, décadas atrás, marcaban la periferia montevideana. A estos asentamientos en donde viven las nuevas generaciones de desamparados los iguala la extrema pobreza y la ausencia de identidad. “Este barrio no es Nuevo Ellauri. Esto se llama La Villa”, dijo a El Observador Eduardo González, un hombre de 30 años que se acercó a saludar a Bordaberry y que se crió en esa zona –que otros le llaman Tres Palmas o Padre Cacho– y que, abundosa en probables nombres, carece de saneamiento y alumbrado público.
Durante la recorrida por los barrios Municipal, Borro, Piedras Blancas y Nuevo Ellauri, Bordaberry anduvo muy cerca de donde hace un par de días caminó el candidato presidencial oficialista, Tabaré Vázquez, y en ambos casos hubo reclamos de todo tipo. “¿Unas chapas? Bueno, eso lo podemos manguear. Manga y Ancheta, ta bien. Pero es un parche”, le respondió Bordaberry a un veterano que le señaló una casucha destartalada. Una cantidad de niños corretearon alrededor de Bordaberry así como otros niños lo habían hecho alrededor de Vázquez.
Uno de ellos, de nombre Emanuel, acompañó al candidato colorado durante buena parte de la caminata.
“¿Cuántos hermanos tenés?”, le preguntó Bordaberry.
“Más o menos diez”, contestó el niño.
“Tiene ocho hermanos”, lo corrigió una vecina.
“Bueno, ocho es más o menos diez”, concedió Bordaberry.
La proliferación de nacimientos en las zonas más pobres es asunto conocido. Por eso, cuando Bordaberry llegó al Marconi –un barrio desangelado pero que comparado con los asentamientos tiene algún encanto– una de las vecinas le sugirió que las mujeres de los cantegriles con más de tres hijos fueran operadas para que no puedan tener más hijos que, dijo, después se hacen delincuentes.
Bordaberry respondió que lo que se necesita son más nacimientos y más educación, aunque en muchos de los lugares por los que pasó es posible parir pero es impensable que se pueda educar a nadie. En esas zonas olvidadas, o recordadas solo en tiempo de elecciones,casi no se ven banderas ni carteles con propaganda política. Una bandera del Frente Amplio por acá, una colorada por allá, otra de Peñarol y alguna bandera uruguaya. Los blancos siempre fueron minoría en esos barrios pobres en los que el batllismo era amplísima mayoría hasta que la izquierda empezó a disputarle los votos. “Ya gobernaron los colorados, los blancos y el Frente Amplio y la pobreza sigue. Hay que dejarse de piripipí y ponerse a laburar”, dijo Bordaberry en un club de Piedras Blancas. Y reclamó al gobierno que se deje de “derretirse con los delincuentes para defender a los uruguayos honestos”.
Para entonces, el líder colorado ya había dejado atrás los lugares más espantosos de su recorrida. Lugares en donde la pobreza es acaso más violenta que el más violento de los delincuentes.