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Peloduro era uruguayo

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23 de junio de 2020 a las 05:03

Por Jaime Clara

«Dios nos puso en esta ciudad por no saber donde diablos ponernos» proclamaba el lema de la revista Peloduro, nacida el 28 de julio de 1943. Su creador fue Julio Emilio Suárez Sedraschi. Cuando le pedían una autodefinición respondía que «nunca tuve auto ni definición. No me alcanzan la plata ni los méritos.»

Conocido como Jess, Peloduro, Pelo o el Mono, Julio E. Suárez nació en Salto el 16 de setiembre de 1909. En 1927 viajó a Montevideo a estudiar arquitectura y no pasó de primer año porque «acompañaba esos estudios con un poco de periodismo. El olor a tinta que siempre tiró, pudo más que la carrera. No me arrepiento.»

Iniciada la década del ’30, comenzó como cronista parlamentario en El Nacional. «Era un adolescente desgarbado, alto, con aire ingenuo y burlón, ojos sonrientes y asombrados», recuerda el director del diario, Carlos Quijano. «Iba a la Cámara y volvía cargado de ‘monos’ para ilustrar las crónicas parlamentarias. Así nació el caricaturista, fundador de un estilo uruguayo de sátira y mojón auténtico en la historieta y el humor.

En El Nacional nacieron Roncadera y Wing, dos personajes, ácidos observadores de la realidad política, precursores de Peloduro y El Pulga respectivamente. Cuando el diario cerró, Suárez pasa a El País, en 1933, y tres años después ingresó a El Diario, donde la tira cómica alcanzó su momento culminante. En ese tiempo Suárez se desempeñaba, además, como secretario de redacción de Mundo Uruguayo.

Puntería en el deschave

La historieta era una de las atracciones del vespertino. Tanto Peloduro como El Pulga ingresaron en el ambiente popular rápidamente. El primero un futbolero fanático y el segundo un canillita que con el tiempo, además de casarse con La Porota, terminó como comentarista internacional.

Revista Peloduro

En 1941, recibió el premio especial de historietas gráficas de la Comisión Municipal de Cultura, que consistió en $ 50.000 de la época. «Llega así una especie de reconocimiento oficial para el mérito de Peloduro y su autor Julio E. Suárez. Reconocimiento oficial decimos, porque desde el primer instante de su nacimiento «Peloduro» fue reconocido y consagrado por un padrino que nunca falla: el público», anunció El Diario. «Cuando el personaje de Suárez hace su aparición trae consigo la carta de triunfo: su idiosincrasia. Es la misma del medio de que procede, con sus defectos y sus virtudes. El pueblo reconoce en él su imagen y, con beatitud y complacencia de padre, asiste a las travesuras del hijo.(…) Y este es el primero y fundamental valor del héroe de Suárez: su identificación con la masa. Tiene gayadura de pueblo. El ancho cinturón de la ciudad, el arrabal sumiso y rebelde a la vez, es el escenario donde «Peloduro» se mueve como pez en el agua. Difícilmente pueda ser mejor captado en el graficismo sintético del dibujo y el diálogo el espíritu de las típicas barriadas rioplatenses como lo ha hecho Suárez. Espíritu multiforme resultancia de la heterogeneidad de los seres que lo componen, pero unido al sentimiento vital de subsistir y progresar», escribió un cronista celebrando el acontecimiento.

El 28 de julio de 1943 nació Peloduro «publicación semanal, uruguaya, solterona, con domicilio en Cerrito 685.» Agregaba que la revista «se compromete formalmente a considerar todos los trabajos que espontáneamente envíen sus lectores, pero de ninguna manera se hace responsable por la devolución de los materiales no solicitados ¿Vamos a respetarnos?» El «cuerpo humano de redacción» estaba integrado, entre otros, por Serafín J. García, Arthur N. García (Wimpi), Carlos Martínez Moreno, Julio C. Puppo (El Hachero) y Dionisio A.Vera (Davy). El humor era de rigurosa actualidad. Con el tiempo pasaron escribas y dibujantes como Mario Benedetti, Jorge Sclavo, Mauricio Rosencof, Elina Berro (Mónica), Blankito, Denry Torres, Horacio Arturo Ferrer, Domingo Ferreira, Julio Rossiello, Leonardo Galeandro, Carlos Núñez y Fidelio, entre otros.

Un cierre frustrado

En su número del 6 de agosto de 1964 tituló en tapa: «Quisieron cerrar Peloduro pero no pudieron». En la página 10 un pequeño recuadro informa que «hace dos noches, tras una ardua jornada, varios componentes del cuerpo humano de redacción se retiraban de nuestras oficinas y, al intentar cerrar la puerta de acceso a las mismas, comprobaron con alarma que no podían cerrar Peloduro. Inútiles fueron los esfuerzos en tal sentido, inútiles los rezongos de Maruja, terror de los redactores noctívagos, inútiles asimismo los servicios de un experimentado cerrajero. Finalmente, hubo que poner una silla tras la puerta, ante la imposibilidad de cerrar Peloduro

La revista dejó de salir en 1964. Luego Suárez publicó en La Mañana una página con el nombre de su personaje, con el agregado «órgano de la parroquia».

Jess acompañó a Quijano también en Marcha. Era caricaturista del semanario y responsable de la contratapa que tituló Caricapturas. Hugo Alfaro, en su libro de memorias, recuerda su «sabiduría en el humor: cuando los blancos independientes, para cubrirse, inscribieron el lema ‘Por la Patria’, Peloduro dijo:’Por la Patria y Por las Dudas’. Era la puntería en el deschave, eso que no hay que explicar porque todos lo entienden.»

Suárez fue un apasionado de las ruedas nocturnas en santuarios como el «Baar Fun Fun» y otros reductos de la Ciudad Vieja. Cuenta Omar Prego que «en alguna ocasión, nos contó Onetti, Marcha pudo salir gracias a la generosidad de alguna gente no demasiado recomendable, a la que el propio Onetti, Julio Suárez y el ‘Tape’ López Silveira, recurrían en boliches menos recomendables aún, de la zona del puerto, a gente que contribuía (con esa inefable fe que los iletrados depositan en La Cultura) para que el semanario que quizá jamás leyeron, siguiera saliendo. Todo esto, claro está, a espaldas del doctor Quijano, que con eso no jugaba.»

El pulga

Escribió tan bien como dibujó. Libretó para radio: «Peloduro» en CX 24 La voz del aire, «Marieta Caramba», interpretada por la actriz Jebele Sand y «Charlas con Juan Julio», ambas en CX 14 El Espectador. Fue autor del memorable «Diccionario del disparate», de los recordados «Comentarios internacionales de El Pulga» y guionista de «Los risatómicos».

Murió en Montevideo el 15 de agosto de 1965, en esa ciudad donde nos puso Dios «sabiendo lo que hacía». Cuando le solicitaron una definición de humorismo recordó que alguna vez dijo «algo trascendente: que el humorismo es un estado doloroso de la conciencia, qué te parece. Lo que pasa con un humorista es que vive fuera de los convencionalismos y ve las cosas en paños menores aun en los momentos de mayor dramatismo.»

Esta nota fue publicada originalmente en Blog Delicatessen.

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