Hay historias que se repiten.
Peñarol juega mal: gana Nacional. Peñarol juega mal y tiene un hombre de más durante 26 minutos: gana el rival que sea. Este parece ser el común denominador de los últimos tiempos de un panorama complicado que muestra últimamente el conjunto aurinegro.
Futbolísticamente, no ha mostrado cambios ni mejoras sustanciales. Ni siquiera con sus figuras más renombradas como pueden ser Maximiliano Rodríguez y el Cebolla. Tampoco logró cambiar ese cuento de terror con Gastón Rodríguez y así se podrían seguir nombrando futbolistas de buen pie que no logran aparecer y con equivocaciones muy claras de
Leonardo Ramos desde el comienzo del
clásico.
Preocupante por donde se lo mire fue lo de Peñarol. Luego de un inicio que invitaba a soñar a sus hinchas con un Diego Rossi bastante movedizo –de entrada le sacó un gol hecho el golero Esteban Conde–, Nacional fue ganando terreno, bien parado en la mitad de la cancha con Álvaro González, Sebastián Rodríguez y Gonzalo Porras mostraron un planteamiento totalmente distinto, ya que Ramos colocó a tres hombres de marca allí y con posiciones cambiadas, ya que Walter Gargano jugó por izquierda casi como un lateral bis, y Ángel Rodríguez por derecha, ambos muy incómodos.
Nacional tuvo un despliegue futbolístico y físico mucho mejor y dominó a placer en el mediocampo luego de esa mala decisión de Ramos que lo obligó a cambiar a los 39 minutos (ya era tarde) a Ángel Rodríguez, pasando a Alex Silva, recién ingresado, al lateral, mientras Mathías Corujo, muy bien contenido por Kevin Ramírez, pasó al medio.
Todos los manyas concurrieron al Centenario a ver a Maximiliano Rodríguez y el argentino decepcionó. Claro que solo no puede jugar. La pelota le llegó en cuentagotas y esto volvió a demostrar que a Peñarol le falta gestación de juego. Y ya no se trata de que el equipo está saliendo de la pretemporada –como le ocurre a todos los equipos– porque Nacional está en la misma situación y jugaba a otra cosa, muy superior con un Sebastián Rodríguez notable con la pelota y convirtiendo un golazo.
Entonces parece que fuera un comentario repetido: lo mismo que le había sucedido a Peñarol ante San Lorenzo y también contra Estudiantes, le volvió a pasar en el clásico: careció totalmente de peso ofensivo. Si bien Nacional se plantó de forma correcta atrás, esta falta de profundidad, de creación, es algo que se viene arrastrando desde hace un tiempo.
Pero quizás más preocupante que lo de Maxi Rodríguez haya sido lo del Cebolla, totalmente contenido en su juego por su falta de eficacia y porque supieron marcarlo. Por las dos cosas.
Recién tras la expulsión de Agustín Rogel hubo un atisbo de juego colectivo, de algunas sociedades y el Cebolla apareció un poco más. Pero solo un poco.
A partir de allí, Ramos colocó al argentino como delantero neto y le dio cabida a Gastón Rodríguez.
El resultado volvió a ser el mismo: casi nula creación hacia el rosarino quien siguió viendo la pelota de lejos. Lo mismo le sucedió a Lucas Cavallini.
"¡Vamo', vamo' el carboné, hoy no podemos perder!", cantaba toda la Ámsterdam. Otra vez no se le dio. Peñarol perdió y llegó a 12 clásicos sin poder ganarle a Nacional. Toda una realidad.