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Pensar la ciudad: diseño urbano de Montevideo

El flamante edificio Plaza Alemania del arquitecto Rafael Viñoly en la rambla de Palermo y la inminente demolición del Club Naval en la calle Soriano muestran dos aspectos fundamentales del diseño urbano de Montevideo. En este reportaje nos adentra en las tendencias en materia de arquitectura que construyen la ciudad 

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21 de noviembre de 2019 a las 05:00

[Por Ina Godoy]
[Fotos Lucía Carriquiry]

La construcción de 17 pisos y 13.390 m2 fue trepando por el horizonte del fondo de mi casa silenciosamente. Sus dimensiones y su fachada de cristal se recortan del entorno y sin embargo nunca me había detenido especialmente a observarla. Las diferencias del edificio Plaza Alemania con lo que lo rodea son tantas que parece anacrónico. Recuerdo entonces una entrevista a propósito de la construcción de la Rambla Sur en la que Ernesto Spósito, actual director de la Unidad de Protección del Patrimonio de la Intendencia de Montevideo, planteaba que su construcción en 1926 como vía rápida de conexión con el este, cuando había muy pocos automóviles, fue vanguardista. Me detengo en la misma rambla inundada de autos –casi 100 años después de su construcción–y me pregunto si pasará algo similar con el Plaza Alemania, que en un futuro no muy lejano su silueta tal vez ya no estará tan sola.

Discreto encanto

“Aunque el sitio no estaba percibido como de primera línea, se demuestra que es de una belleza extraordinaria”, dice Rafael Viñoly, autor del edificio Plaza Alemania (ubicado en la intersección de Carlos María Morales y La Cumparsita), en una nota publicada en la revista Galería del pasado 9 de setiembre. El arquitecto nació en Montevideo en 1944, creció en Argentina, estudió en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y en 1979 se estableció definitivamente en la ciudad de Nueva York, quizá por eso se define como un inmigrante. Eso sí, con ojos de extranjero, el autor del aeropuerto de Carrasco, el puente circular de la laguna Garzón, y otros tantos proyectos reconocidos mundialmente, es un enamorado del paisito. “La violencia y la pobreza son distintas acá. Es una pobreza noble, lo cual no quiere decir que tenga que existir, pero no tiene un desajuste entre el conflicto y la posibilidad de sobreponerse a eso, en comparación con los vecinos. Y no es por comparar, sino que esos vecinos forman parte de tu mercado también. Y yo lo que siempre pensé es que Uruguay tiene la posibilidad de tener otro mercado”, declara en la misma nota de Galería. Justamente a ese otro mercado están destinados los altos estándares internacionales de construcción, seguridad, resistencia, sostenibilidad ambiental y tecnología del Plaza Alemania, el primer edificio de oficinas clase A del país. Con estación de recarga de automóviles eléctricos, duchas, vestuarios y lugar para almacenar bicicletas, las espaciosas oficinas tienen una superficie de entre 473 m2 y 904 m2 y, mientras que la mayoría de los edificios modernos se construyen con la altura mínima reglamentaria de 2,40 m de piso a piso, el proyecto de Viñoly tiene una generosa altura de 3,50 m. El precio de alquiler de las oficinas proporcionado por la inmobiliaria Kosak, oscila entre 14.600 dólares y 27.838 dólares.

La construcción es una excepción urbanística, ya que sus 57 m superan ampliamente la altura permitida en esa zona, de 9 m. De acuerdo a la normativa departamental, cuando se aprueban este tipo de salvedades, la intendencia cobra una partida monetaria extra correspondiente al 10% de la ganancia obtenida por el mayor aprovechamiento del espacio. El 30% de ese monto se vuelca al Fondo Especial de Gestión Urbana y Rural (Fegur) y el 70% se destina a reducir desigualdades territoriales, fundamentalmente relacionadas con el espacio público de zonas vulnerables.

Con respecto a las gestiones que implicó la obra, Viñoly se refirió a la burocracia uruguaya como un “proceso kafkiano” en el que los mecanismos de impedir son mayores que los de producir. “Esta especie de crecimiento que nadie quiere que suceda, pero sin crecimiento no hay trabajo. Esa es una disyuntiva propia de cualquier proceso de urbanización, suprimirla es política y humanamente equivocado. A la gente hay que explicarle en qué camino estás si no se dio cuenta. Que uno piense que eso hay que congelarlo es como cancelar el futuro”, declaró en una nota publicada en el diario El País del pasado 17 de agosto, y describiendo su estilo, que pareciera tener rasgos de la idiosincrasia uruguaya, agregó: “Este edificio es muy distinto de lo que se ve alrededor, es un poco lo que pasó con el que hicimos en Nueva York, el más alto de la ciudad, que se nota pero porque no parece contemporáneo, tiene una cosa clásica, de enorme discreción, sin levantar la voz”.

Basta de demoler

“Uruguay destruye su patrimonio arquitectónico”, tituló el diario El País de Madrid el 3 de setiembre de este año, a propósito de la demolición –entre otras– del Club Naval de la calle Soriano, una construcción de principios del siglo XX proyectada por Humberto Pittamiglio que, si hubiera estado ubicada en Ciudad Vieja no estaría en esta situación, ya que tendría un grado de protección patrimonial alto. “Que el centro histórico se limite a la Ciudad Vieja y no contemple el Centro, cuando son dos barrios pegados que tuvieron un desarrollo muy homogéneo, no tiene sentido. Los reclamos sirvieron para gatillar esta idea de generar un inventario de Centro y Cordón que, a diferencia de Ciudad Vieja, no lo tienen”, sostiene Erich Schaffner, creador de la oenegé Basta de Demoler Montevideo, que encabezó la protesta junto a Ghierra Intendente, un colectivo artístico en clave política y apartidaria, encabezado por Alfredo Ghierra. “El proceso de demolición no se detuvo, a raíz de los reclamos hubo una reunión de planificación de la Intendencia de Montevideo con los promotores inmobiliarios (Estudio AGVA), en la que se les propuso más altura a cambio de conservar la fachada, pero no tuvieron interés, alegando que ya tenían 30 apartamentos vendidos. Tampoco hubo intención de la intendencia de frenarlo con una medida cautelar o un decreto, porque la consecuencia inmediata sería un juicio millonario”.

Basta de Demoler Montevideo y Ghierra Intendente tienen alrededor de 6.000 seguidores cada una en sus redes sociales y señalan que la falta de inventario, el régimen de altura y la Ley de Vivienda Promovida son las causas de lo que denominan un “proceso de sustitución acelerado”. La ley 18.795 se aprobó en 2011 y promueve la inversión privada en la construcción o remodelación de un mínimo de 2 y un máximo de 100 viviendas de interés social por padrón, otorgando exoneraciones tributarias al constructor y al consumidor final. “La causa es incuestionable porque son proyectos de vivienda social, pero el desarrollo inmobiliario se direcciona sin tener en cuenta que son zonas de un enorme reservorio de patrimonio que no está inventariado ni protegido”, comenta Schaffner.

Según los datos de Basta de Demoler Montevideo, en un área de 1,6 km2 correspondientes al barrio Centro, están afectados patrimonialmente apenas unos 48 edificios, menos de 2%, porcentaje que la oenegé pretende elevar a 30%. “El proyecto de ciudad que hay mediante la normativa es obsoleto, insostenible, porque niega el patrimonio arquitectónico. Y no estamos hablando solamente desde lo estético o histórico, estamos hablando de un recurso muy importante para el país, porque Montevideo es el mayor destino turístico de Uruguay”, afirma Schaffner, integrante del equipo que está relevando aproximadamente 5.000 padrones para el nuevo inventario de los barrios Centro y Cordón.

Para este reportaje intenté gestionar una entrevista con funcionarios de la Intendencia de Montevideo pero, por diferentes razones en cada caso, no se logró. Recordé las palabras de Viñoly acerca de la burocracia uruguaya como un aparato kafkiano, sin embargo, Schaffner parece esperanzado: “Aprecio el gesto de Christian (Di Candia) que está realmente preocupado por el tema y desde un principio se manifestó interesado y dispuesto a colaborar”, afirma hacia el final de la entrevista, que se llevó a cabo en el palacio Acosta y Lara, de cuya restauración estuvo a cargo Schaffner. Construido por el arquitecto Acosta y Lara en 1924, el edificio, que tiene un grado 3 de protección patrimonial, conserva intacta su fachada neocolonial, la exquisita carpintería de su puerta de acceso y de su alero de tejas, pero sobre todo, el encanto, también anacrónico, de su atmósfera original. Llegan los primeros miembros del equipo de relevamiento para el nuevo inventario. Atravieso el majestuoso portal, dejo atrás el palacio y salgo al Montevideo de hoy, con la sensación de haber hecho un viaje en el tiempo.

*Agradecimiento a Gabriel Clubhouse
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