El debut en los mercados de la red social LinkedIn sacó afuera en menos de una semana lo mejor y lo peor de los inversores. El primer día de su lanzamiento a la bolsa, la acción pasó de US$ 45 a US$ 122. Luego comenzó un proceso de caída hasta ubicarse en los US$ 88.
El valor inicial de esta red con 90 millones de usuarios fue estimado inicialmente en US$ 4.000 millones, pero el mercado duplicó ese valor. El entusiasmo inicial pronto se disipó y el humor cambió a la baja. Los inversores se comunicaron rápido con sus agentes o brokers digitales a efectos de hacer rápidas ganancias ante la expectativa de que la acción se desplomara. Pero se chocaron con enormes restricciones para operar.
La forma más rápida de especular con la caída de una acción es la venta a corto (short selling), que consiste en pedir prestado un número determinado de acciones a un broker a cambio de una comisión o interés si hay un préstamo involucrado. Una vez obtenidas, el inversor vende inmediatamente las acciones y, si las mismas bajan de precio, las devolverá a un precio menor al inicial con ganancia por la diferencia. El hecho de que no hubiese suficientes acciones de LinkedIn para prestar dejó a los shorters con las ganas de “pescar en el fondo”.
Otro mecanismo de obtener ganancias con un retroceso en el precio de un stock es comprar una opción put. Se trata de un contrato que se adquiere por determinado precio y que otorga el derecho de vender un mínimo de 100 acciones a un precio determinado. El problema fue que al ánimo bajista por LinkedIn era tan grande el viernes pasado que el precio de las opciones put hacían imposible obtener beneficios con una caída del precio. El contrato put a junio de este año valía US$ 9, el doble de un contrato de similares características pero al alza (call), lo cual es indicador de las expectativas del mercado a futuro.
Luego de la ola compradora los analistas financieros fundamentales determinaron que los US$ 353 millones obtenidos por la venta de acciones representan más de 17 veces el valor de las utilidades de 2010. Esa conclusión, unida a que en el prospecto de venta la firma advirtió que este año no tendrá ganancias, convirtió la euforia inicial en incertidumbre. Sin embargo, el renovado apetito del mercado por las punto com –The Economist afirma que se ha formado otra burbuja– y la expectativa de futuras ganancias es lo que está sosteniendo a LinkedIn. La suerte de la empresa es crucial para otros estrenos en la bolsa. Facebook y Twitter son los más interesados en que su rival en las redes se mantenga a flote en el mercado.