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El sector agrícola le está dando un gran ingreso de dólares a Argentina pero no alcanza.

Economía y Empresas > ALERTA DE RECESIÓN

Pese a la exportación agrícola récord, Argentina se vuelve a quedar sin dólares y peligra la meta de crecimiento

Hay informes privados que ya hablan de un escenario recesivo para el segundo semestre. El costo de la energía sacrifica divisas y el Banco Central no puede acumular reservas

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02 de mayo de 2022 a las 05:00

La economía argentina está atravesando en estos días por una de sus clásicas paradojas: nunca fue tan fuerte el ingreso de dólares por la exportación agrícola y, sin embargo, se enfrenta a una crisis de falta de divisas que está estrangulando la recuperación de la actividad industrial.

Se estima que el primer cuatrimestre del año terminó con una liquidación de sojadólares por US$ 11.000 millones, una cifra récord, que representa casi un 40% más de lo que se registraba a esta altura del año pasado. Esa liquidación está alentada por los altos precios del mercado internacional y por la disposición de los productores a deshacerse de sus stocks, justamente para aprovechar ese buen momento del mercado.

La Bolsa de Comercio de Rosario estimó que en el año el sector agrícola podrá aportar US$ 45.000 millones, en un contexto en el que el gobierno espera ingresos totales por US$ 85.000 millones.

Es un nivel cercano al que el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, se había fijado como objetivo para empezar a aflojar el rígido cepo cambiario, que dificultan el acceso a los dólares no solamente  los pequeños ahorristas sino al sector productivo. Según afirmó el funcionario el año pasado ante un auditorio de dirigentes industriales, con exportaciones por US$ 90.000 millones, las odiadas restricciones cambiarias se podrían suavizar.

Sin embargo, nunca el país estuvo tan cerca de esa marca y nunca se sintió más lejos de poder aflojar las regulaciones cambiarias. Prueba de ello es un reciente comunicado firmado por las gremiales de la industria automotriz, la de autopartes y el sindicato del sector, en el cual alertan por una posible paralización de actividades.

Y el riesgo no reside en una falta de demanda. Por el contrario, las exportaciones de autos vienen subiendo a un ritmo de 9%, mientras que los concesionarios locales tienen clientes en lista de espera por falta de stock.

El problema es que el Banco Central no entrega los dólares que piden los autopartistas para importar los insumos necesarios en la producción de partes locales. Así, se corta la cadena de producción en la industria automotriz, que atrasa la entrega de nuevos autos al mercado doméstico.

Y se produce la contradicción de que en mercado que podría absorber medio millón de autos por año se están vendiendo menos de 400 mil.

Pesimismo a contramano del discurso oficial

Lo irónico de la situación es que va en contra del discurso que sostiene el gobierno de Alberto Fernández, que se fijó un objetivo de crecimiento del PIB de 4,5% y que justifica todas sus políticas —desde el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional hasta el intervencionismo en el negocio agrícola— para apoyar la recuperación de la industria.

Por ejemplo, Fernández ha destacado cómo el componente de piezas nacionales pasó de 19% a 40% en dos años y cómo, a lo largo de su gestión, los autos de producción nacional, que eran apenas un 27% de los patentados, más que duplicaron su participación.

Esa situación de los autos puede ser extrapolada prácticamente a todas las ramas industriales, lo cual pone en riesgo la proyección oficial del crecimiento. De hecho, entre los economistas, empresas y bancos hay un marcado pesimismo respecto de la performance de la actividad.

El precio de la soja supera los US$ 600 en los mercados interancionales.

Las últimas encuestas hablan de un escaso 2,6% de variación del PIB, una cifra muy modesta si se tiene en cuenta que el rebote post-pandemia dejó el año pasado un crecimiento del 10% y eso deja un arrastre estadístico de tres puntos para este año. De manera que lo que los analistas están previendo es que en la segunda mitad del año haya nuevamente un escenario recesivo.

Lo curioso es que ese diagnóstico es compartido por todo el arco ideológico, desde los economistas ortodoxos que asesoran a Mauricio Macri hasta los que adhieren al kirchnerismo. Y esto explica por qué en los últimos días ha recrudecido el ataque de Cristina Kirchner contra el ministro de economía, Martín Guzmán.

La maldición del tres a uno

Algunos analistas atribuyen la situación actual a la vieja “maldición del tres a uno”, que implica que por cada punto de crecimiento del PIB se necesita que crezcan tres puntos la importación. Es una dificultad tradicional de la economía argentina, que ha dado lugar a extensos debates teóricos sobre la “restricción externa” y que muchas veces se ha usado como argumento para justificar los controles cambiarios.

Eso es lo que explica la situación de los autos: a pesar de que las exportaciones crecen, las importaciones lo hacen un ritmo más alto, con lo cual en el primer trimestre esa industria dejó un déficit comercial de US$ 694 millones. 

Y hay un factor que agrava la situación: dada la brecha entre el tipo de cambio oficial y el dólar paralelo, hay una expectativa de que el dólar oficial está barato y que tarde o temprano se deberá acelerar la tasa devaluatoria. Es, por otra parte, un compromiso que el ministro de economía asumió con el FMI.

Esto lleva a que haya importadores que adelanten decisiones de compras, no por una necesidad inminente sino para reforzar su stock, en prevención de que si dejan correr el tiempo, luego les saldrá más caro. Por eso, una de las obsesiones de los funcionarios del Banco Central es combatir la “sobrefacturación de importaciones”, lo que implica un engorroso procedimiento burocrático cada vez que un importador necesita acceder a las divisas.

El costo del gas, gran villano del 2022

Pero si hubiera que elegir el tema principal que justifica el pesimismo de los economistas, es el rubro energía. La guerra en Ucrania, que al principio parecía que jugaría a favor de Argentina por el alza en el precio de las materias primas agrícolas, tiene un “lado B” que está influyendo mucho más: la suba del precio del petróleo y el gas.

La matriz energética argentina es altamente dependiente del gas, y la política subsidio a las tarifas ya venía causando problemas de oferta, al punto que el año pasado hubo casos aislados de cortes en el suministro a las industrias.

Este año, luego de que el precio se cuadruplicara, y con un agravamiento en los problemas de producción y transporte de gas a nivel local, ya se da por descontado que habrá problemas en el invierno, lo cual atentará contra el nivel de producción industrial.

Pero, sobre todo, lo que provocará la suba del gas es una fisura por la cual se escaparán las divisas que entren por la exportación. El rubro de combustibles crece a una impactante tasa de 195%, y los analistas todas las semanas corrigen al alza sus estimaciones: ahora se está hablando de que el costo de las importaciones de gas ascenderá a unos US$ 8.000 millones. 

El ministro Guzmán tiene una tarea compleja por el rechazo a su gestión de la vicepresidenta Cristina Fernández.

Esta situación no sólo justifica los pronósticos negativos de los economistas en un momento en el que los indicadores siguen siendo positivos —el último dato oficial marca un crecimiento en febrero de 9,1%— sino que, además, explica por qué al Banco Central le cuesta tanto acumular reservas.

A pesar del fuerte ingreso de los dólares del campo, y con un cierre casi total para la venta de dólares a los ahorristas, el Central casi no puede retener esos billetes. En abril apenas compró US$ 40 millones, y tuvo varias jornadas en las que debió vender.

Aun con el rígido cepo, los individuos, ya se por la compra de paquetes turísticos o por el comercio electrónico, están demandando un promedio mensual de US$ 600 millones.

El compromiso con el FMI es incrementar las reservas en US$ 5.800 millones en el año, una meta que únicamente se está cumpliendo por los aportes del propio organismo para evitar que el país caiga en default en un momento hiper sensible de las finanzas globales. Pero, de no ser por esas transferencias, la meta ya sería considerada en infracción.

Carrera tasas versus dólar

Por lo pronto, no hay señales de que la situación cambie para bien. Tras una breve calma veraniega, el dólar paralelo rebotó en los últimos días, sorprendiendo al mercado, que esperaba que la calma continuara al menos hasta fin de año.
Pero los registros de inflación más alto de lo pensado hicieron que se registrara un masivo pasaje de ahorristas desde las colocaciones en pesos a la compra de dólares, un típico movimiento defensivo para protegerse de la erosión inflacionaria.
Es así como, a regañadientes, el Banco Central ha tenido que resignarse a subir cuatro veces las tasas de interés en lo que va del año, hasta un nivel de 46% nominal. Y se estima que en mayo, cuando se conozca el dato de inflación de abril, habrá una nueva suba, para evitar que ese trasiego al dólar se siga masificando.
Para el gobierno es una situación incómoda, porque encarece el crédito para el sector productivo y, otra vez, termina contradiciendo en los hechos el objetivo declamado en el discurso. Lo cierto es que la carrera dólar-precios-tasas es un clásico de las crisis argentinas, y el resultado no suele ser muy alentador.
Mientras tanto, desde el FMI -que acaba de realizar su conferencia anual- también se deja ver pesimismo. Los funcionarios se quejan de que, al contrario de lo que se dice en Argentina, las exigencias de recorte fiscal no son demasiado duras, y advierten que no aceptarán la excusa del aumento en el costo de la energía para hacer más laxas las metas.
Por lo pronto, los pronósticos indican que mayo será un mes clave. Por un lado, llegará la primera misión del FMI para auditar los números del acuerdo. Y, además, corre la versión de que la suerte del ministro Guzmán está atada al número de inflación que se conocerá el jueves 12, una fecha que todos tienen marcada en el calendario.

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