13 de noviembre de 2014 15:55 hs

Una mirada al tema de la eficiencia energética puede generar la creencia de que no es un tema prioritario para el tambo. Sin embargo, hace dos años que se está trabajando con un plan piloto en Conaprole con más de 200 productores lecheros y se estableció que no solo es posible el ahorro de energía, sino que también genera un impacto positivo en el manejo del tambo y de todo el sistema.

Así los destacó a El Observador Agropecuario el técnico de Conaprole, Gabiel Oleggini, luego de disertar sobre energías renovables en la jornada de Agro en Foco realizada el jueves 6 en Florida.

El experto destacó el impacto que tiene este tema en la capacidad de ordeñe, en los tanques de frío y una cantidad importante de piezas que se deben ajustar que van a más allá del gasto en energía que tiene un tambo.
“El primer escalón que se trabaja con los productores que se incorporan a este plan es la seguridad laboral, teniendo instalaciones eléctricas seguras. A partir de ahí se empiezan a estudiar cuáles son los puntos a mejorar en el tambo para consumir menos energías , utilizando las distintas tarifas, el tipo de conexión, las cosas básicas que tenemos en cuenta todos los meses al momento de pagar la energía de un tambo”, explicó Oleggini.

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El plan abarca tres tipos de tambos: grandes (más de 3.000 litros remitidos por día), medianos (más de 2.000 litros) y chicos (menos de 1.000) donde se plantean situaciones distintas. En una auditoría a 180 tambos se demostró que que los más eficientes son los más grandes. Los grandes consumen 38 kilovatios cada 1.000 litros de leche remitidos; los medianos, 46 kilovatios; y los chicos, 68 kilovatios.

En los predios a los que se les hizo la devolución de la auditoría, se les hizo planteos de mejoras, lo que fue recibido de muy buena manera. Generalmente la tecnología ya está instalada en los tambos y lo que se hace es analizar básicamente lo que está hecho. En algunos casos la mejora en el uso de la energía implica cambiar equipos –como el tanque de frío– o ampliar la máquina de ordeñe y en otros simplemente trabajar sobre hábitos, y se logran cambios importantes.

Además de lograr ahorros de energía y su impacto en términos económicos, se obtienen resultados positivos ambientales que también plantean los consumidores, que son los que pagan por los productos y exigen, a los que no se les puede dar la espalda, sostuvo el técnico de Conaprole.

Agregó que los grandes compradores que llegan a Uruguay no piden ver el producto terminado, quieren ver los procesos de producción. Este programa es ejecutado por Conaprole, en conjunto con el programa Fomin del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que apoya el proyecto y con la colaboración de UTE, que contribuye con el análisis de la información y los perfiles de los productores.

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