26 de abril de 2012 18:22 hs

El estreno de una película de un director de la talla de Roman Polanski genera por sí solo un evento cultural. Se trata de Un dios salvaje, una adaptación cinematográfica de una conocida obra de teatro de la dramaturga francesa Yasmina Reza. Esta vez, el talento de Polanski llega de la mano de otros soportes de la historia en cuestión.

Por supuesto, en esta obra de cámara con guión teatral, que se desarrolla en un apartamento de Brooklyn, los cuatro actores son los cuatro pilares de la mesa. Christopher Waltz (conocido mundialmente por haber representado al nazi malvado en Bastardos sin gloria), Jodie Foster, John C. Reilly y una Kate Winslet (cada vez más y más alejada de aquel papel en una película con un barco que se hunde) componen el cuarteto de dos parejas que se reúnen para discutir un problema entre sus hijos en el colegio.

Lo que en un principio parece ser un encuentro maduro entre dos pares de padres preocupados por el relacionamiento de sus hijos se convierte de a poco en una discusión donde afloran la violencia, los prejuicios, las represiones y los sentimientos más oscuros en unos adultos de los que se duda que puedan ser ejemplos para las generaciones más jóvenes. Un dios salvaje se filmó en París, por la imposibilidad de Polanski de entrar a Estados Unidos.

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No es la primera vez que Polanksi colabora con Yasmina Reza, quien le tradujo una versión de La metamorfosis de Franz Kafka, que el polaco dirigió en París. Además, el director fue actor en la película Una pura formalidad, dirigida por Giuseppe Tornatore, que también se desarrolla dentro de una habitación.

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