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Policías en el blanco de los delincuentes: les roban armas y equipamiento

La delincuencia se ensaña con la policía; el Ministerio del Interior no da cifras pero en lo que va del año se ha informado de entre 30 y 40 casos

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17 de noviembre de 2018 a las 16:38

Ruben Barboza, cabo de la policía, iba en su auto cuando fue interceptado por dos motociclistas. Querían robarle. Le dispararon. Lo mataron. Fue el viernes 9 de noviembre.

Dos días antes habían robado un vehículo del Ministerio del Interior. Tres días después, el lunes 12 a las 13 horas, el agente Federico Frattini salía de un almacén, en Teniente Galeano esquina 20 Metros. Tres hombres con pasamontañas lo rodearon, lo tiraron al suelo y le robaron su arma de reglamento –una pistola Glock– su chaleco antibalas y $ 4.000.

Los robos y rapiñas a policías y dependencias del Ministerio del Interior se suceden semana a semana. La policía está para evitar que la gente sea robada o atacada, pero la realidad es que hoy los propios agentes son víctimas recurrentes de los ladrones.

En algunos casos, parece que los delincuentes no saben que están atacando a un policía, que el asalto es fruto de la casualidad, de tener mala suerte en la ruleta del delito que gira todos los días. Tal parece –por ejemplo– el caso de los ladrones que en agosto entraron a saquear la casa del subjefe de policía de Florida. O el reciente robo al jefe de Policía de Montevideo. 

Pero en la mayor parte de las veces está claro que los delincuentes buscan a los agentes para apropiarse de sus armas de fuego y su equipamiento policial. Y por lo general, lo consiguen.

El Ministerio del Interior no informa del número de robos y rapiñas a su personal o a sus locales y dependencias. Un pedido de informes del senador Javier García al ministro del Interior Eduardo Bonomi sobre cantidad de robos y asaltos a las fuerzas del orden espera respuesta desde junio. García reiteró el pedido en octubre, sin resultados aún.

Una consulta de El Observador a Unicom, el departamento de comunicación del Ministerio del Interior, tampoco fue contestada. 

Tampoco respondió el director de Policía, Mario Layera.
 

Estadística oculta

Si uno se guía por los casos consignados en la prensa, se podría establecer que desde enero a lo que va de noviembre, cuando todavía el año no ha completado 11 meses, han habido cerca de 30 robos y rapiñas a agentes y asaltos en locales policiales. Si se suman algunos intentos de hurto frustrados y otros ataques por motivos no del todo claros, el número se aproxima a los 40.

"Es un desastre. Cuando la delincuencia se anima a rapiñar a un policía es que se perdieron todos los límites. Qué queda para el ciudadano común desarmado y sin entrenamiento. Es muy grave” 
Guillermo Maciel, analista en temas de seguridad del Partido Colorado
 

Pero la cifra es seguramente mucho mayor, porque muchos robos no son publicitados y porque los casos que ocurren en el interior pocas veces llegan a Montevideo. Para este informe, funcionarios y sindicatos policiales consultados denunciaron al menos dos robos en Rocha, dos en Durazno y dos en Artigas, no informados en la capital.

En Montevideo, la prensa ha consignado más de 20 casos de rapiñas y robos a los agentes. Les han robado dinero, celulares y mochilas, pero sobre todo chalecos antibalas, municiones, revólveres y pistolas.

A varios agentes les robaron también las esposas, pero en una oportunidad los ladrones usaron las esposas del policía para dejarlo encadenado a una reja.

Muchos robos fueron en la calle. Los policías han sido víctimas de los delincuentes con y sin uniforme. Los han asaltado mientras trabajaban como policías o haciendo changas en otras tareas, algunos fueron abordados por los ladrones mientras esperaban el ómnibus o cuando iban por la calle, en la puerta de sus casas, dentro de ellas, yendo en moto o en auto.

Una policía de 30 años, con un contrato eventual, fue asaltada dentro de una policlínica. Fue en el barrio Conciliación, en el centro de salud ubicado en la esquina de Picaflor y Cardenal. “Dame el chaleco y el arma o te quemamos”, le dijeron los ladrones que llegaron en moto. Según El País, la agente tenía lágrimas en los ojos al relatar el episodio.

Durante estos asaltos los agentes fueron amenazados con armas de fuego y también atacados con palos, machetes, a las piñas. En febrero, un funcionario fue golpeado en la cabeza con la culata del revólver que le acababan de robar. Al agente Alejandro Novo, que esperaba un ómnibus en Manga, le robaron el arma de reglamento y luego le pegaron un balazo en una pierna. Lo mismo le pasó a una mujer policía. Y tuvieron suerte porque sobrevivieron: seis de sus colegas han sido asesinados en lo que va de 2018.

También comisarías y destacamentos

Desde sectores ajenos al gobierno y la administración policial el tema es visto con alarma.

“Es un desastre. Cuando la delincuencia se anima a rapiñar a un policía es que se perdieron todos los límites. ¿Qué queda para el ciudadano común desarmado y sin entrenamiento? Es muy grave”, dijo Guillermo Maciel, analista en temas de seguridad, director del Observatorio de Seguridad de la Fundación Propuestas (Fundapro).

El fenómeno ha llegado al punto de que hay días con más de un caso.

El 22 de marzo dos agentes fueron asaltados en la misma noche, en episodios diferentes. Un asalto ocurrió en Leandro Gómez y Bazán, donde a un policía le robaron la moto, el arma de reglamento y su mochila. Tres horas más tarde una policía fue encañonada en Instrucciones y Pedro Mendoza y le robaron su arma.

También el 13 de abril hubo dos rapiñas en una misma noche. En ambos asaltos los ladrones se llevaron las pistolas 9 milímetros de los agentes; en uno de ellos también los cargadores y las esposas del funcionario.

En la noche del 18 de setiembre tres policías fueron rapiñados en diferentes zonas del área metropolitana. En las tres ocasiones los delincuentes se llevaron la respectiva arma de reglamento. Uno de los robos es significativo por la osadía de los asaltantes. Según relató la prensa, ocurrió en Toledo, de madrugada. Una mujer policía dormía en su casa junto a sus dos hijas. Dos hombres rompieron una ventana, entraron y –cuando ella despertó- la amenazaron y le exigieron que entregara su pistola reglamentaria y su chaleco antibalas.

Según declaró Richar Ferreira, dirigente sindical policial de Rocha, a un policía de Castillos también le robaron el revólver de dentro de su casa (aunque el agente lo logró recuperar luego). Y a otro policía en el Chuy, le sustrajeron su arma de la guantera de su auto.

Los delincuentes tampoco han tenido reparos en ingresar a los propios locales policiales a robar. En lo que va del año ha habido una decena de robos de este tipo. De las comisarías, los ladrones se han llevado armas largas, chalecos antibalas, municiones, objetos personales. De la comisaría de Atlántida se robaron una moto. La falta inexplicable de una subametralladora provocó la remoción del  jefe de Zona III de Policía de Montevideo. Un comisario denunció que le robaron su arma en la propia jefatura de Salto, según narró el portal local Cero Estrés.

También robaron el destacamento de Bomberos de Durazno, otra dependencia del Ministerio del Interior. 

El 1 de junio un hombre con antecedentes penales entró enfurecido a la seccional 17 de Casavalle, en Aparicio Saravia y San Martín y le exigió a las dos becarias que lo atendieron que le entregaran un arma de fuego. Luego le pegó un piñazo a un agente que se acercó a interceder y varias patadas en la cabeza. El agente perdió el conocimiento.

Pocos días después, un ladrón que no fue visto ingresó a una comisaría de Rocha –sede del accionar del PADO en la región- y robó una escopeta, un chaleco antibalas y una campera. Fue el tercer robo a una seccional policial en Rocha en menos de un año.

El caso se habría aclarado cuatro meses más tarde. Según informó Subrayado, trataba de un delincuente procesado sin prisión, a quien el juez como pena alternativa le había impuesto la pena de presentarse a diario en esa comisaría. Aprovechando un descuido, se había llevado la escopeta y el resto de su botín.

Más osados aún fueron dos jóvenes llegaron el 14 de julio a la comisaría móvil de San Martín y Teniente Rinaldi y, tras amenazar a un agente con un revólver, le quitaron el arma de reglamento. Los delincuentes que protagonizaron un asalto y copamiento en setiembre en Aceguá huyeron en un vehículo de la propia policía.

Tan poco respeto hay por los locales policiales, que en Young dos hombres entraron a la comisaría para robar un cuchillo y un par de championes. En este caso, fueron apresados cuando intentaban huir.

Repaso una vez por año

Algunos intentos de rapiña fueron repelidos por los propios policías. En julio, un agente que esperaba el ómnibus en Colón hirió de un balazo al ladrón que quiso rapiñarlo.

En Salto, dos personas quisieron asaltar la comisaría del pueblo San Antonio, pero el único funcionario presente logró repelerlos a tiros.

En setiembre, en el barrio El Monarca, un agente de particular mató a uno de los dos “motochorros” que le habían robado la bicicleta y el celular instantes antes. Un mes después, en Maroñas, otro policía mató a dos de los ladrones que intentaban rapiñarle su moto.

Sin embargo, en la amplia mayoría de los casos los delincuentes se salen con la suya.

“No se capacita como se debe a la policía, ni en lo teórico, ni en lo práctico... Acá se hace una clase de repaso una vez por año. En cuatro horas repasás la ley de procedimiento policial, la ley orgánica, los artículos más importantes del nuevo código, violencia doméstica y de género” 
Dardo Ribeiro, dirigente del sindicato policial de artigas

En Artigas, por ejemplo, dos policías fueron rapiñados, amenazados con armas de fuego. En los dos casos les llevaron su arma de reglamento. Dardo Ribeiro, dirigente del sindicato policial de ese departamento, dijo que un agente fue rapiñado en la calle y una mujer policía en la cabecera del puente internacional que une esa ciudad con la brasileña de Quaraí.

Según Ribeiro, la alta tasa de robos y rapiñas a policías en todo el país se potencia por la mala capacitación de los agentes.

Según Ribeiro, la alta tasa de robos y rapiñas a policías en todo el país se potencia por la mala capacitación de los agentes.

“No se capacita como se debe a la policía, ni en lo teórico, ni en lo práctico”, dijo. “Acá se hace una clase de repaso una vez por año. En cuatro horas repasás la ley de procedimiento policial, la ley orgánica, los artículos más importantes del nuevo código, violencia doméstica y de género”.

Según Ribeiro los policías no tienen prácticamente ninguna formación específica que les permita resistir una rapiña. “Cuando ingresás a la Escuela de Policía, te enseñan defensa personal, pero después nada más. Una sola vez por año hacemos una práctica de tiro en la que realizás 20 disparos. Estamos muy lejos de la realidad”.

Según el dirigente gremial policial norteño, los policías uruguayos dudan respecto a cómo proceder en situaciones de emergencia porque no se sienten seguros en el conocimiento de las normas. Sus colegas brasileños al otro lado de la frontera siempre que detienen a alguien –relató- le citan el artículo del código penal por el cual lo están deteniendo. 

Fue imposible tener la palabra de un policía rapiñado o robado. Contactados a través de los sindicatos, todos los consultados se negaron a hablar, ni siquiera en forma anónima.

De acuerdo a las directivas de las actuales autoridades del Ministerio, los agentes no están autorizados a hablar con la prensa.

Últimas cifras oficiales tiene casi tres años
La última vez que el Ministerio del Interior informó sobre armas robadas o perdidas por la policía fue a comienzos de 2016, en respuesta a un pedido de informes del senador del Partido Nacional Javier García.

De acuerdo a esas cifras oficiales, en 2013 la policía sufrió el hurto de 56 armas, le rapiñaron 13 y extravió 18. En 2014 fueron 63, 13 y 22. En 2015, 59, 10 y 11. El informe solo incluye los dos primeros meses de 2016, que parecen marcar una disparada en la cifra de armas rapiñadas. Solo en esos dos meses, la policía sufrió seis hurtos de armas, dos extravíos y diez armas rapiñadas, una cifra igual al total de 2015 en ese rubro.

Sumando todo el período reseñado, las autoridades lograron recuperar 53 de las armas perdidas, rapiñadas o extraviadas.
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