El concepto de cineclub se ha perdido en el tiempo, pero en el Cine Universitario aún se respira, aunque sus asistentes fueron mermando, las paredes de su edificio comenzaron a mostrar el paso del tiempo y las nuevas tecnologías les pasaron por arriba. Hoy en día la institución tiene mucho por hacer, pero este año comenzaron por uno de los objetivos más importantes: atraer de nuevo al público al cine.
El Cine Universitario nació en 1949, luego de la secesión del Departamento Cinematográfico del Teatro Universitario. Si bien mantiene el vínculo con la Universidad de la República en su nombre, es una institución autónoma dirigida por un consejo. Sin embargo, la educación en el cine sigue siendo uno de sus objetivos.
“El Cine Universitario es un cineclub. Es una palabra que ha pasado un poco de moda pero buscamos mantenerla en toda su dimensión”, explicó a El Observador Omar de los Santos, director ejecutivo de la sala. “El cineclub exhibe películas que generalmente no llegan en el circuito comercial y apoya al cine nacional de forma muy importante”, afirmó.
El cine también consiste en un videoclub –otro término casi olvidado– y una biblioteca que incluye tanto libros como revistas y diarios.
Para los integrantes de la comisión, uno de los preconceptos que quieren combatir precisamente reside en su nombre. “Mucha gente piensa que el Cine Universitario es para universitarios. No, acá se puede ingresar de varias formas. Para nosotros la más linda y la que tratamos de incentivar es la de hacerse socio”, explicó De los Santos. La membresía tiene un costo de $ 220 por mes. Pero si se desea ingresar a alguna de las exhibiciones se puede pagar un bono colaborador de $ 80 (martes a jueves) o $100 (viernes a domingo).
“Ser socio también implica una actitud social frente al cine. Uno puede bajar una película y verla solo, pero acá la gente se comunica. Eso es algo que nunca va a morir en el cine. Y eso sucede en instituciones como estas, chiquitas, dirigidas a determinadas franjas de público interesadas por el cine”, afirmó el director.
Las películas que intergran su programación, según detalló Enrique Gorfain, tesorero de la institución, “tiene que tener algún valor, desde el punto de vista de la calidad de la filmación o el argumento. Es parte de lo que nosotros buscamos: la formación de espectadores. Dar un minimo básico de calidad. Que haya algo para apreciar”, afirmó.
Asimismo, le dan la bienvenida a escolares y universitarios dentro de diferentes festivales que apoyan.
Sus dos salas (la Lumière y la Chaplin) exhiben películas clásicas y una selección de los mejores estrenos de las salas comerciales. “Si en el circuito comercial se estrenan 100 películas, por Cine Universitario pasan ocho o diez, que son las de mayor calidad”, explicó De los Santos.
Sin embargo, el fuerte de la sala sigue siendo el cine de antaño. “Tratamos de aunar el cine clásico, que cada tanto se repite por un tema generacional. Mucha gente no tiene la posibilidad de verlo en otro lado”, agregó el director.
Este mes el estreno nacional es Entre valles, una producción uruguaya, brasilera y alemana, protagonizada por Daniel Hendler, mientras que en la sala Chaplin se exhibe el ciclo “Rostros del humor”, con filmes como El circo de Chaplin, Doctor Insólito de Stanley Kubrick y Los caballeros de la Mesa Cuadrada de los Monty Python.
Entre Valles lidera una programación con estrenos nacionales, algo nuevo para la institución. “Estamos incursionando en un circuito paralelo de distribución, con con la distribuidora Buen Cine y Cinemateca. De alguna manera asociados para dar pantalla a ese cine que no la tienen en los cines comerciales”, afirmó De Los Santos.
Su primer función fue el 28 de diciembre de 1949, fecha en que se cumplían 54 años de la primera proyección de los hermanos Lumière. Al principio no contaban con una sala propia y exhibían sus películas en el Centro Gallego y otras pantallas.
En 1952 consiguieron su primera sede, ubicada en Colonia 1176. Tras unirse con Cinemateca Uruguaya, fundada al año siguiente, el Cine Universitario comenzó a evolucionar y pasó por varias mudanzas, hasta llegar en 1986 a su edificio actual en Canelones 1280.
Durante los años 50 el cine tuvo su momento de gran apogeo, plasmado en la fundación de la revista Film en 1952 y dirigida por Homero Alsina Thevenet y Jaime Francisco Botet.
“Uruguay tenía una tradición muy importante en el cine. No se tiene una dimensión de lo que fue. Acá se veía más cine que en Estados Unidos”, detalló De los Santos. “Hubo un movimiento cultural impulsado por Cine Universitario con la Generación del 45 y los grandes críticos de cine. La revista posicionó al cineclub en un lugar muy importante en la cultura pero además con resonancia internacional”, contó.
Durante la dictadura las actividades sociales fueron disminuyendo pero los proyectores siguieron funcionando. Ni siquiera allí interrumpieron sus actividades. Eso pasó recién el año pasado.
El 2013 fue un año complicado para varias salas culturales y el Cine Universitario no fue la excepción. Tras el cambio de las pautas de seguridad de Bomberos, tuvieron que cerrar. Lo que pensaban que iba a ser definitivo duró al final quince días. “Salimos gracias a la buena voluntad de un montón de gente que no esperábamos. Por las redes sociales tuvimos un apoyo increíble. Ahí reafirmamos algo que en realidad ya sabíamos: que el Cine Universitario tiene muchos adeptos. Gente que ahora no viene pero en su juventud sí. Son generaciones que van pasando, pero quedan con un amor muy grande por el cine y por la institución”, contó De los Santos.
Hoy en día la sala se encuentra en una puesta a punto. Luego de colocar sensores de humo esperan obtener la habilitación para los próximos tres años.
La cantina
Desde hace dos meses Germán Deniz, Natalia Vázquez y Diego Zapata tienen concesión de la cantina del Cine y desde el comienzo propusieron incorporar shows musicales. La sala Chaplin, que tiene una capacidad de 60 personas, es por ahora la que alberga toques acústicos. Más adelante esperan poder acondicionar la sala Lumière para recibir más público.
Sus primeros shows incluyeron a Franny Glass, a sala llena, y The Supersónicos, que tuvieron que poner el pecho a las balas tras la eliminación de Uruguay del Mundial. La programación para los próximos meses va en aumento (ver recuadro).
La idea surgió desde Vázquez, quien siendo socia, encontró el nicho desaprovechado. “Ofrecemos productos caseros y accesibles, con la intención de que el público se quede en la sala. Buscamos que no se desaproveche, que se transforme más en un centro cultural”, afirmó. “Queremos que esto siga existiendo y el recambio generacional es necesario”, concluyó.
Ellos mismos se encargan de la difusión y los trámites necesarios para realizar cada show, pero la sala apoya “febrilmente” esta iniciativa.
La cantina ofrece un cupo de 15 socios con acceso gratis a los shows, y para el resto tienen un costo de $80.
A futuro cercano
Si atraer al público joven es su primer objetivo, el segundo es técnico: conseguir un proyector digital. “El ICAU está preocupado por facilitarnos uno, al igual que a Cinemateca”, afirmó el director.
Esta es para la sala una “extrema necesidad”, que les permitirá dar un salto cuanti y cualitativo. Mejora la calidad de la proyección al mismo tiempo que aumenta la propuesta de filmes.
Su bibilioteca, aunque valiosa en información, también está sufriendo el paso del tiempo. Comenzaron el proceso de digitalización pero ahora, tras la falta de personal, esperan coordinar con la Escuela Universitaria de Bibliotecología para conseguir pasantes.
Internet y las redes sociales también protagonizan algunos de los proyectos a futuro de la institución.
Mientras planean ampliar su difusión en redes (tienen un perfil en Facebook), esperan poder agregar computadoras a su hall para acercar internet a sus socios.
“Si no acompañamos todo esos adelantos, el Cine y el Cineclub muere”, concluyó De los Santos. Libro
Jaime Costa recogió la historia de la institución en su libro Por amor al cine. Historia de Cine Universitario.