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Jair Bolsonaro en campaña

Opinión > EL HECHO DE LA SEMANA

Por qué Bolsonaro fue increíblemente más torpe que Trump

No tiene un sistema electoral en el que pocos votos puedan cambiar mucho, ni tiene la base política del magnate de EEUU. Lo del brasileño fue de una torpeza increíble

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07 de noviembre de 2022 a las 12:23

Jair Bolsonaro no es Donald Trump. Se quiso parecer en todo este tiempo, no solo en afinidad ideológica y personal sino también en métodos, en posicionamiento desde un modo de ver la política: cierta forma de outsider que dice ir contra el sistema pero se alimenta de él.

Bolsonaro intentó hacer la gran Trump, y poner en duda los resultados de las elecciones brasileñas del pasado domingo, en las que en segunda vuelta perdió por ajustado margen (51 a 49) ante Lula Da Silva, pese a que no dijo nada cuando en primera vuelta las urnas le permitieron pasar al balotaje con mucho mejores números que lo esperado.

Bolsonaro no es Trump porque Brasil no es Estados Unidos. El magnate estadounidense se aprovechó de un sistema electoral que, al ser indirecto (los ciudadanos eligen electores, que votan al presidente, y cada estado tiene un número determinados de votos en el Colegio Electoral), genera el sinsentido de que el voto de un ciudadano de California o de Texas valga menos que uno de Montana o Iowa, lo que lo llevó en 2016 a ganar la presidencia con menos votos que Hillary Clinton. Cambios en pequeños bolsones de votos pueden tener consecuencias inmensas, y encima los procesos de validación de esos votos pasan por oficinas locales muy pequeñas, y Trump estuvo peligrosamente cerca de accionar sobre algunas de ellas, argumentando un supuesto fraude sin pruebas.

El sistema de Brasil es de simple sufragio universal, y aún esa pequeña diferencia porcentual con la que Lula le ganó a Bolsonaro significa dos millones de votos. Se pueden argumentar hackeos o irregularidades con el voto electrónico, pero Bolsonaro ni siquiera presentó las irrisorias pruebas que planteó Trump en su intento de dar vuelta las elecciones. No hay nada.

Pero, además, Bolsonaro no tiene la base política de Trump. El expresidente de EEUU tiene aún hoy el poder del Partido Republicano, al punto de que sus miembros más "racionales" se debaten entre el exilio y un cobarde apoyo a una agenda que cada vez es más extremista, todo por no enojar al magnate y que no les ponga a sus votantes en contra. El sistema de partidos de Brasil es mucho más atomizado, Bolsonaro tiene muchos menos votos que respondan a él (aunque sumó un poder interesante en el próximo Parlamento), y muchos potenciales aliados no pondrían en duda los resultados de una elección que les aseguró la banca. En ese sentido, la cruzada del brasileño fue aún más solitaria que la de Trump.

En realidad, lo de Bolsonaro ni llegó a ser una cruzada. Lo que hizo, a diferencia de Trump, fue intentar jugar con su silencio, mientras buscaba apoyos políticos y militares que nunca llegaron. 
Bolsonaro sabe que Brasil no se puede dar el lujo de paralizarse, de cortar las rutas, de estar meses discutiendo el resultado electoral, de llevar al país a algo parecido a una guerra civil. No es la principal potencia mundial, solo un gigante que durante años arrastró inequidades y gobiernos corruptos que socavaron la confianza de la gente.

El hasta ahora presidente de Brasil lo sabe y por eso se quedó en una caricaturesca media agua. Tal como si fuera un niño chico, se negó a reconocer el resultado, y se limitó a decir que cumpliría con la Constitución, sin detallar qué significaba eso. Tuvieron que ser sus asesores cercanos quienes pasaran los mensajes de que aceptarían los resultados. Todo por cuidar una imagen entre los seguidores que bloqueaban rutas y se manifestaban ante los cuarteles militares en busca de una intervención que nunca llegó. Y que de alguna manera también es una afrenta a los millones de votantes moderados que lo apoyaron para oponerse a la corrupción rampante de la era Lula. Porque también a diferencia de Trump, que mantiene aún hoy mucho de su poder político, Bolsonaro se encamina a perder la legitimidad que le quedaba con su lucha solitaria y sinsentido.

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