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Por qué deberías preocuparte por el rendimiento de tus inversiones tras un buen 2019

Los inversionistas globales han tenido muchos motivos para celebrar este año, sin importar dónde invirtieron su dinero

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01 de diciembre de 2019 a las 05:05

Por Neil Irwin

En muchos sentidos, 2019 ha sido un año terrible para la economía mundial: un periodo de guerras comerciales, inestabilidad geopolítica y ralentización del crecimiento. En contraste, los inversionistas globales sí que han tenido muchos motivos para celebrar este año, sin importar dónde invirtieron su dinero.

Si analizamos las razones que han dado lugar a esa contradicción aparente, los aspectos que diferencian esta alza en el mercado de valores de otras ocurridas en épocas recientes, es posible identificar algunos indicadores importantes que marcan el rumbo que podría seguir la economía, no solo de Estados Unidos, sino la economía global.

Desde finales del verano, cuando se vivió una creciente inquietud ante la posibilidad de que se presentara una recesión, el mercado accionario ha ido al alza y, al cierre de las operaciones del pasado martes 26, registraba un aumento del 25% para el ejercicio. El alza coincidió con una baja en las tasas de interés a largo plazo y un aumento en los precios de los bonos.

Por ejemplo, un fondo popular que invierte en todo tipo de bonos, el fondo cotizado iShares Core Total USD Bond Market ETF, ha dado rendimientos del 9% hasta este momento en 2019.

Este auge es mucho más amplio. Casi todas las clases importantes de activos, desde sociedades de inversión en capital inmobiliario hasta fondos de inversión en materias primas o acciones de mercados emergentes, han producido en lo que va del año rendimientos que por lo menos se pueden calificar de sólidos y en algunos casos son extraordinarios (los rendimientos de fondos con una amplia base accionaria en esas tres categorías alcanzaron el 27%, el 11% y el 12%, respectivamente, desde que arrancó el ejercicio hasta el cierre del martes).

En ese mismo periodo, las perspectivas económicas se hicieron más sombrías. En enero, el Fondo Monetario Internacional anunció una proyección para el crecimiento global en 2019 del 3,7%; en sus cálculos más recientes, redujo esa cifra al 3%, su valor más bajo desde el final de la crisis financiera global hace una década.

Sin duda alguna esta alza en el precio de activos es distinta de la que experimentó el mundo en 2017 y a mediados de 2018. En ese entonces, el alza en los precios de las acciones y otros activos riesgosos se asoció con una especie de ola de optimismo, pues se creía que la economía global se preparaba para un periodo de auge y lo mismo ocurriría con las ganancias corporativas.

En consecuencia, esos periodos coincidieron con aumentos en las tasas de interés y las expectativas de inflación en el futuro.

Esta vez no ocurre lo mismo. Los bonos del tesoro a 10 años han sufrido una caída significativa este año, del 3,07% registrado a finales de noviembre de 2018 al 1,74% el martes pasado. Por lo regular, una baja así es una señal de pesimismo que indica que los inversionistas han decidido invertir su dinero en activos seguros porque están temerosos y esperan poco crecimiento e inflación baja en los siguientes años.

¿Qué nos dice esa tensión acerca del futuro económico?

La baja en las tasas de interés a más largo plazo en todos los países avanzados tiene sentido solo si el mundo se prepara para mantener durante varios años el modo actual de crecimiento mínimo e inflación baja.

De cualquier forma, la tasa de 1,74% de los bonos del tesoro estadounidense a 10 años es un valor atípico alto. Algunos bonos equivalentes ofrecen un rendimiento del 1,43% en Canadá, del 0,65% en el Reino Unido y del 1,05% en Australia. Otros países, como Japón, Alemania y Francia, incluso tienen tasas negativas; es decir, quienes adquieran bonos ahora recuperarán menos dinero del que inviertan en los valores recién emitidos.

Estas tasas de interés bajas en todo el mundo reflejan una oleada de medidas de flexibilización monetaria entre los principales bancos centrales del mundo desde hace algunos meses, como los recortes equivalentes a 0,75 puntos porcentuales aplicados por la Reserva Federal y toda una serie de acciones del Banco Central Europeo.

De cualquier forma, los bancos centrales tomaron esas medidas tras un pronunciado desplazamiento a la baja en los rendimientos a largo plazo; el mercado de bonos fue el caballo y los bancos centrales, el carruaje. Los bancos centrales hicieron esos ajustes para intentar alinear su política monetaria con la realidad económica del mundo: el envejecimiento demográfico, el ahorro excesivo y el crecimiento reducido de la productividad impulsan el crecimiento y la inflación a la baja.

Esta economía mundial se encuentra estancada en un punto muerto. Eso explica por qué observamos una combinación de alzas simultáneas en los mercados accionario y de bonos y por qué quienes seleccionaron hace poco un plan de ahorro para la jubilación tienen más motivos para sonreír.

La guerra comercial y la desaceleración del sector manufacturero por todo el mundo, que provocaron gran inquietud por una posible recesión en el verano y la respuesta correspondiente de los bancos centrales del mundo, crearon una situación de lo más favorable para el mercado accionario. En vista de la decisión del gobierno de Trump de dar marcha atrás en la guerra comercial con China, se redujo el riesgo de una recesión o de un sobrecalentamiento de la economía.

Es cierto que la economía se ha ralentizado y las ganancias corporativas se verán afectadas. No obstante, también quiere decir que tendremos a nuestra disposición dinero barato por mucho tiempo y, por lo tanto, cualquier inversión que produzca ganancias estables será muy valiosa en comparación con las alternativas de conservar el dinero en una cuenta bancaria o invertir en bonos.

En esencia, con todo y que la Reserva Federal y otros bancos centrales no resolvieron el problema del crecimiento bajo, con respecto a la situación prevaleciente hace unos meses, sí lograron reducir el riesgo de una recesión.

Han corrido rumores acerca de que el aumento más reciente en los precios de los activos podría ser una nueva burbuja. Pero el aspecto interesante de los mercados en este momento es que los precios de los distintos activos parecen razonablemente relativos entre sí y tremendamente sobrevalorados con respecto a los precios de las décadas anteriores.

El boyante mercado accionario tiene perfecta lógica en un mundo de tasas de interés a largo plazo muy bajas. El riesgo no es que un activo específico resulte una burbuja, sino que todos ellos lo sean.

En todo caso, ese riesgo no es nuevo. Hemos vivido con él durante la mayor parte de esta década, un reflejo de ciertas fuerzas poderosas que se han ido acumulando desde hace mucho tiempo. El desarrollo de los mercados durante 2019 parece indicar que no desaparecerán en el futuro próximo; más bien, parece que así será el mundo de ahora en adelante.

Así que debemos disfrutar las grandes ganancias que nos ofrece el mercado por ahora porque, en esencia, presagian que se avecina una década de economía sombría, aunque quizá no desastrosa.

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