8 de febrero 2024 - 5:02hs

Si la marcha educativa se midiese como una competencia futbolera —valga la analogía en un país de tres millones de directores técnicos—, en la Copa América Uruguay llegaría a disputar la final (casi seguro contra Chile, aunque en algunos indicadores podrían colarse Argentina o Costa Rica).  Pero en un Mundial, Uruguay con suerte pasaría apenas la fase de grupos y el campeonato estaría dominado por los europeos y del sudeste asiático. Así lo confirma un nuevo informe del estado de la educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al que tuvo acceso El Observador.

El desarrollo educativo de Uruguay —dice el informe teniendo en cuenta, además de los aprendizajes alcanzados por los alumnos, los recursos financieros, la cobertura y eficacia— es el segundo mejor de la región (solo lo supera Chile). Pero es “significativamente inferior” al promedio de los países de la OCDE y es la mitad que los mejores de la clase (Singapur, Noruega y Dinamarca).

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¿Cómo se compone ese desarrollo educativo de Uruguay? Detrás de esta pregunta, revela el informe, se esconden algunos talones de Aquiles del sistema educativo del país, algunas falencias incluso más pronunciadas que otros pares de la región.

¿Qué significa? Volvamos a la analogía futbolera: si por desarrollo educativo se entendiese solamente la capacidad de retener a los jóvenes dentro del sistema y que no abandonen,  Uruguay quedaría entre los peores de la Copa América (solo estarían más rezagados Honduras y El Salvador). Y es probable que ni siquiera llegase a competir en el Mundial en el que, para clasificar, hay que tener menos del 25% de tasa de abandono y Uruguay lo supera.

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Si por desarrollo educativo se entendiese solo el esfuerzo financiero que hace un país destinado a la educación, Uruguay quedaría perdido a mitad de tabla de la copa regional. Y en el Mundial ni siquiera pasaría de la fase inicial.

Para decirlo en números: Uruguay jamás alcanzó el 6% del PIB destinado al gasto educativo, como vienen reclamando los docentes sindicalizados desde hace años. Pero al menos ocho países de América Latina y el Caribe ya superaron ese porcentaje destinado a la educación.

Claro que no es lo mimo un 6% del PIB de Bolivia que un 6% del PIB uruguayo (entre ambos hay una diferencia de unos US$ 19 mil millones). Pero el porcentaje de la torta, dicen los economistas, es una muestra del esfuerzo.

Porque cuando no se pondera ese detalle de diferencia de tamaño de una economía, el gasto anual por estudiante de primaria y secundaria en Uruguay es casi tres veces inferior al promedio de la OCDE. Según el informe del BID, Uruguay invierte US$ 3.508 por año por alumno, mientras que en el promedio de las economías desarrolladas supera los US$ 9.200.

“Los resultados del análisis indican que la inversión en educación en América Latina y el Caribe sigue estando por debajo del promedio de la OCDE. En términos de acceso, progresión oportuna y culminación, el análisis revela que las tasas de finalización de la educación secundaria y de transición a la educación terciaria en la región continúan significativamente por debajo de los comparadores internacionales”, concluye el informe.

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