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Si a todos los negocios les conviene innovar, ¿por qué no lo está haciendo todo el mundo?

Economía y Empresas > POR EMILIO OTEIZA

¿Por qué innovamos?

Ninguna empresa innova, innovan las personas. En particular innovan aquellos que tienen control presupuestal: directores, gerentes, jefes. Las ideas pueden venir de todos lados, pero sólo el Capitán manda al timonel.

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27 de junio de 2021 a las 05:03

Por Emilio Oteiza *
Consultor y docente en innovación

Algunos líderes no tienen otra: innovan sin parar, desde que son chicos. Observan todo como si fuera nuevo, cuestionan la realidad constantemente, viven conversando con gente de todo tipo para intercambiar ideas, se remangan y prueban cosa tras cosa tras cosa, y por último reflexionan y asocian todo esto entre sí. Son los innovadores silvestres. Nacieron así, pero son relativamente pocos.

¿Y los otros? ¿Los que llevan ideas nuevas al mercado pero no siempre están con ese chip?. Conviene conocer qué pasa por estas personas a la hora de innovar. ¿Es sólo porque le conviene a los resultados de negocio o hay algo más? Si a todos los negocios les conviene innovar, ¿por qué no lo está haciendo todo el mundo?

Para eso, empecemos hablando con Simon.

El cículo dorado

Dice Simon Sinek que los líderes comienzan con el por qué de las cosas, luego el cómo, y por último el qué. Por ejemplo “tenemos que desarrollar una cultura de innovación” es exactamente lo opuesto a un discurso que mueva a la acción, ya que únicamente presenta el “qué”. Arrancar por allí es un lugar común, pero estéril.

En cambio “creemos que liderar es estar temporalmente al cuidado del futuro de mucha gente (aquí está el “por qué”), y como éste siempre cambiará, decidimos incomodarnos siempre y ser flexibles de mente y corazón (este es el “cómo”), implementado en un programa de innovación sistemático que devenga en cultura (este es el “qué”)”. Esto mueve más, contribuye a alinear mentes y a encender corazones. Todavía no da un camino claro, pero sí una direccionalidad.

Sin la promesa de mejores resultados, ni siquiera se plantea la innovación. Pero en ella el corazón, no la creatividad, lo es todo.

Razones de la razón

Pero antes, una breve parada por algunos argumentos comunes para innovar. “A todos les llega su Uber”, “Innovar o morir”, o las menos dramáticas: “innovar para crecer”, “innovar para mantenernos relevantes”.

Todas son ciertas, y son todas lógicas. Es verdad que si no estás adaptándote tarde o temprano serás presa de los cambios del ambiente, como todo bicho biológico u organizacional. Sí, los cambios son más veloces. Sí, un proceso disruptivo puede alterar tu cadena de valor y condenarte al pasado. Saber, sabemos todos, pero no todos hacen. Así que falta algo más. Falta el bichito que te carcome.

Razones del corazón, y el mal dormir

Muchos gerentes y directores duermen mal. Están preocupados, frecuentemente en soledad. Capaz que el negocio anda, el balance está controlado, todo parece bastante bien. Pero sienten que su organización se achanchó, que no respiran ideas nuevas, que es siempre más de lo mismo. Que el equipo es muy trabajador pero falta chispa, que les cuesta mover a la gente. Falta aire fresco, algo que emocione y mueva.

Que están, en suma, un poco regalados.

Desde abajo, el poder se ve absoluto y calculador. Desde arriba, muy por el contrario, se vive como una ingeniería diaria de sutilezas. Los líderes altos en general son también profundos: piensan intenso, y piensan lejos, y piensan hondo. Además de lo diario, les preocupa el rumbo, pertrechar a su gente para el futuro, y las deudas mudas de la inacción.

De acá surge frecuentemente la innovación. Del deseo de construir, blindar y legar; pero también de la inquietud y del hastío.

Cómo hacen los que lo hacen

Los que lo logran ven el árbol y ven el bosque. Usan el “Por Qué” como punto de partida, orientan e inspiran, abren huecos en la avalancha de lo diario y los defienden, eligen qué zona atacar con innovación y lo hacen con método y decisión.

La innovación surge del deseo de construir, blindar y legar; pero también de la inquietud y del hastío.

Ejemplo: una empresa que instala equipos innova desarrollando un servicio de mantenimiento preventivo. Habla con clientes, ve dónde están sus dolores, compara contra otros servicios, desarrolla una experiencia de servicio que calza como un guante. Usa prototipos para validar las ideas, consigue cofinanciamiento para aliviar la inversión. Le roba unas horas al fragor de la semana y las hace rendir.

Como resultado genera un servicio que encanta a los clientes y que también transforma a la empresa: tiene que aprender a dar servicio en campo, a cobrar por abono, a armar una camioneta-taller, a llevar registros y analizarlos, a entrenar personal de servicio.

Innovar te lleva a aprender, y esta es una de las marcas más constantes de los que innovan: están dispuestos a sentir la incomodidad de ser principiantes una y otra vez.

Y así, mejoran el auto andando, porque ninguna empresa innovó nunca: innovan sus personas.

 

* Fundador de Ignite consultoría en innovación y diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.

 

 

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