Romina Manguel

Romina Manguel

Periodista de El Observador Argentina

Opinión > Argentina

¿Por qué Massa?

El oficialismo entendió que la respuesta a la crisis económica era política. Tras negociaciones frenéticas, hubo acuerdo para impulsar al ministro de Economía a falta de mejores opciones. La unidad primó: era él o el papelón. Las razones detrás de la decisión
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06 de agosto de 2023 a las 17:15

¿Por qué Sergio Massa y no otro? A una semana de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que definirán las candidaturas a disputar la presidencia de la nación, el oficialismo resquebrajado y dividido hace esfuerzos sobrehumanos para pasar de esa pregunta y directamente trabajar sobre su candidatura. No quieren tener que volver a explicar por qué el ministro de Economía de la crisis es el elegido. Enredarse en la discusión sobre si es el mejor candidato o el único capaz de embarcarse en esta aventura que nadie sabe cómo termina. El kirchnerismo duro zanjó su culpa con un candidato más propio que Massa, Juan Grabois, para disputarle las PASO. Y con esto cierran el debate.

Sin embargo, en la opinión pública el interrogante está instalado a pesar de los spots, las horas de televisión y el centimetraje de campañas en los diarios. Ok. Él es el precandidato. ¿Por qué? No hubo un candidato que enamore. No hubo un Perón ni un Alfonsín. Hubo, entonces, que elegir entre la opción menos mala. En un contexto donde afloran el desencanto, la apatía y la baja participación en los últimos comicios provinciales.

El desgaste indisimulable del vaciado gobierno de Alberto Fernández puede ser una de las respuestas. Renunció a la reelección sin dejar herederos políticos. Dijo que se bajó después de pelear por un lugar en las PASO y fracasar en el intento. Fue un acto de autopreservación: si no se hubiera bajado esa mañana del 21 de abril a través de un video, lo habría hecho en términos más duros al enfrentar al Consejo Nacional del Partido Justicialista.

Los cuatro años de gobierno bicéfalo donde, tal como describió el vicejefe de gobierno y hombre del poder real Juan Manuel Olmos, “la cabeza política estuvo en manos de Cristina Fernández de Kirchner y la institucional llevaba el nombre de Alberto Fernández”, produjeron un desgaste y profundizaron la crisis política llevándola a lo que en un momento pareció un punto de no retorno. Pocos admiten lo cerca que estuvo el peronismo de quedar esta vez fuera de juego.

¿Por qué Sergio Massa terminó siendo el candidato de unidad del oficialismo? ¿Por qué el ministro de Economía que llevó a una inflación interanual de tres dígitos podría volver competitivo al peronismo? ¿A quién se le ocurrió que el hombre que hace malabares entre yuanes y Qatar podría ser garantía de estabilidad cuando las negociaciones que lleva adelante penden de un hilo y la pobreza de la mano de la inflación aumentó del 24,4% al 28,7%?

Para los que no tienen dudas de que la crisis es política y deriva en un desastre económico por falta de confianza y medidas erráticas, Sergio Massa siempre fue la respuesta. La traumática salida del ministro Martin Guzmán se originó en parte por el enojo del kirchnerismo, que le atribuyó el imperdonable error de no haber aclarado que el programa se centraba en una restructuración de pagos y no en un nuevo programa. Otra vez, un error político. Y leído en esa clave, otra vez la respuesta de por qué Massa tenía que ser el candidato.

Tras ese episodio, los diálogos esporádicos entre el presidente y la vice se desvanecieron y durante meses hubo silencio. Hasta esa tarde de domingo de invierno que, tras la salida del cargo sin pena ni gloria de Silvina Batakis, el gobierno sumido en una crisis política y económica se quedaba sin ministro de Economía. Massa sabía que no sólo ocuparía un ministerio clave sino que además se haría un lugar en el ya apretado sillón de Rivadavia: diseñado para uno en un régimen hiperpresidencialista como el argentino, deberían compartirlo entre tres. O dos sentados cómodamente y otro, Alberto Fernández, haciendo equilibrio en el apoyabrazos.

Cuando CFK y AF volvieron a hablar y ungieron a Massa, él sabía que no se trataba de ocupar un cargo solamente. Antes que otros pensaran en él, ya se imaginaba en ese lugar. Las dos cabezas del gobierno coincidían en que la crisis era política y por eso le dieron las herramientas que necesitaba: unificaron en un tablero las carteras de Agricultura, Producción y Economía. A pesar de las tremendas y públicas diferencias en el pasado, fue mucho más difícil convencer al presidente que a la vice. Su pragmatismo férreo puso en stand by su desconfianza histórica hacia el nuevo superministro. Si su propia supervivencia estaba atada a la de Massa, iba a ser la primera en apoyarlo. Harta, además, de lo que consideraba pésimas decisiones de Fernández en el área económica.

Fue un trabajo fino y a contrarreloj convencer al presidente de aceptar a Massa, sus condiciones y sus ambiciones no tan escondidas. Lo hicieron Julio Vitobello, secretario general de la presidencia y de los pocos leales a su gestión, Vilma Ibarra, secretaria Legal y Técnica, Juan Manuel Olmos, vicejefe de Gabinete, y la portavoz incondicional Gabriela Cerruti. Era la señal que se necesitaba, le dijeron. La única opción. Reconstruir el apoyo que necesitaban a partir de una decisión conjunta y sólida después de meses de desencuentros y fuertes intercambios epistolares que se hicieron públicos.

Desde el mismo momento en que se pusieron de acuerdo los tres, supieron que si le iba bien sería el candidato. Algunos, vale decirlo, digirieron la idea con más dificultad que otros.

En este contexto, ¿qué sería un buen desempeño?

Que la economía no vuele por los aires.

Que no baje el nivel de actividad.

Que se perciba un nivel de inflación a la baja aunque nunca llegue al 3% que innecesariamente se impuso el ministro y le costó un reproche por parte del kirchnerismo: ¿por qué fijar una meta que nadie exigió?

Con el diagnóstico en mano y el nivel de confianza en el gobierno perforando el piso, la necesidad de recuperarla y dar un gesto de unidad, se repite la pregunta: ¿por qué Massa? Un hombre al que un sector del peronismo, particularmente el kirchnerismo paladar negro, jamás votaría con convicción militante.

Daniel Scioli, el hombre que había vuelto desde Brasil para ocupar el ministerio de Producción que rápidamente cooptó Massa, era una opción. Una opción que, a pesar de su alto grado de conocimiento, de su diálogo con sectores del oficialismo y la oposición que lo convertirían en un candidato fuerte para afrontar una transición, Cristina Fernández de Kirchner jamás aceptaría por considerarlo cercano a Alberto Fernández. El candidato del gobierno.

Wado de Pedro, ministro del interior, joven, parte de lo que CFK llamó la generación diezmada, nunca alcanzó los niveles de conocimiento esperados. Aun así, con cierto nivel de audacia, apuró la tarde previa al cierre de listas la salida de un spot que lo presentaba de cara a la sociedad como el “presidente de las familias argentinas”. Fue raro. ¿Fue un lanzamiento fallido? ¿Con qué aval salió a rodar esa designación? ¿Fue un globo de ensayo? Durante las horas posteriores se esperó a que se terminara de conformar la fórmula más federal con un nuevo spot de Juan Manzur, ex gobernador de Tucumán, hombre fuerte entre los mandatarios provinciales y referente del peronismo. Pero eso nunca sucedió. Manzur oficialmente nunca salió a completar la fórmula y la boleta tal vez más cercana al corazón de la vicepresidenta nunca vio la luz.

Massa, a pesar de todo, seguía siendo el hombre. ¿El mejor? El mejor entre la escasa oferta, entre la falta de cuadros, entre la falta de un hombre o una mujer a la que el kirchnerismo le hubiese dado herramientas en estos doce años para tomar la posta. Massa no exhibió linaje kirchnerista, pero sí capacidad de diálogo (para no exagerar y llamarlo apoyo) entre los gobernadores, industriales, centrales obreras y, sobre todo, la vice y el presidente.

No necesita ganar, dicen. Nadie siquiera espera tanto de él. Alcanza con hacer un papel decoroso y volver competitivo a un peronismo que en los últimos meses algunos dieron tercero y fuera del ballotage detrás de Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza de Javier Milei. Sería imperdonable que una fuerza nueva y amorfa le disputara poder a un partido histórico que moldeó el carácter del país.

“Fue Sergio porque corríamos el riesgo de perder por diez puntos en primera vuelta y que el peronismo desaparezca”, se sinceró uno de los que comandan la campaña de Massa. “Sergio vino a salvarnos del papelón. De ahí en adelante, todo es ganancia”.

 

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