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¿Hay una forma de ser madre?

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Porque soy tu madre: maternidades sin manuales y en transformación

El concepto de la maternidad se ha transformado con los años, y con él algunos mandatos u obligaciones que recaen sobre las personas que deciden tener hijos

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09 de mayo de 2021 a las 05:05

Hay preguntas que se formulan a medias y que por lo general llegan durante un evento familiar. “¿Para cuándo?”, dice una tía acariciándose la barriga y no hace falta explicar para cuándo qué. Pareciera que las mujeres estamos destinadas a ser madres, casi como una categoría obligatoria en el formulario para el certificado de la vida, y la sociedad establece que hay una forma de serlo. Hay que ser, simplemente, una “buena madre”.

Pero, ¿qué significa serlo? ¿Hay una única forma de maternar? ¿O existen tantas maneras como personas haciéndolo?

El concepto de maternidad, en tanto construcción social, se ha ido transformando en los últimos años. La doctora en Antropología Mariana Viera explica que se trata de un constructo que cobra sentido en diversos espacios sociales y culturales: “La maternidad no es la misma en Uruguay en el siglo XX, que en nuestra sociedad y en otros contextos sociales. El lugar de la maternidad y cómo se ejerce podemos pensarla como una institución, y en ese sentido también tiene que ver con cómo las personas vivencian ese proceso”, señala.

Viera, especialista en cuestiones reproductivas y de género, indica que la maternidad está atravesada por mandatos sociales que también se han ido modificando. Las relaciones entre hombres y mujeres cambiaron en las últimas décadas y, según agrega, “de la mano de los cuestionamientos de las relaciones se han ido cambiando las demandas de la sociedad en torno a las mujeres como madres y los varones como padres”. Eso, indica Viera, “es bueno para generar una relación más equitativa entre los géneros, pero también para que los varones puedan experimentar una dimensión que les ha sido bastante coartada”. En ese sentido, sostiene que parte de la equidad que buscan los movimientos feministas implica “no quitarle la experiencia al varón de vivir una paternidad plena y disfrutar del nacimiento, del tiempo, ser reconocido en esa tarea”.

La maternidad, como construcción social, se ha transformado en los últimos años

Por su parte, la psicóloga Manira Correa, especialista en género e integrante de la Red de Psicólogas Feministas del Uruguay, sostiene que “desde que las mujeres somos muy pequeñas estamos mandatadas a ser mujeres-madres”, y señala que desde ese estereotipo es que se espera que se realicen las tareas de cuidados, por lo que “se genera un doble rol" a la hora de maternar. “Eso de alguna forma va generando nuestra identidad y trae una serie de dificultades importantes en la construcción de la autonomía personal, además de que afecta negativamente la autoestima, genera la construcción de relaciones desequilibradas, e incide en cuestiones como la satisfacción, el goce en la sexualidad, la salud integral". La psicóloga señala que específicamente en el proceso de embarazo, parto y puerperio “empieza ese sentir de ‘¿seré buena madre o no seré buena madre?’”. “Muchas veces amamos a nuestros hijos e hijas y hay momentos que queremos salir corriendo”, dice entre risas.

Nunca nos sentimos madres perfectas porque nunca lo vamos a ser, y porque no hay un modelo perfecto del ser madre, por suerte. Son experiencias”, comenta por su parte Viera. Correa, en tanto, señala que de unos años a esta parte se empezó a hablar públicamente de “la verdadera maternidad" y de "qué nos pasa a las mujeres cuando somos mamás”.

En este sentido, son muchas las mujeres uruguayas que llevan su forma de maternar de lo doméstico a lo público, dando una mirada más fiel a la maternidad con sus luces, sombras y colores. 

Maternidad como apostolado

“Imaginaba la maternidad un apostolado. Un acto de extrema entrega y de exigencia. Hay algo de esto que no ha cambiado, y por eso creo que demoré en ser mamá”, cuenta la actriz, comunicadora y escritora Emilia Díaz. “Demoré porque pensaba que era algo muy inalcanzable, muy difícil, y nunca fue un proyecto personal, siempre fue un proyecto que me imagine con alguien”, agrega.

Díaz reconoce que la maternidad llegó como un balde de agua fría, y que se dio cuenta de que los mandatos eran más fuertes de lo que ella pensaba. Dice que le ha costado correrse de esas perspectivas, pero sostiene que encontró una pregunta guía: "¿Qué necesita tu niña? Ya está, ese es el quid de la cuestión”.

Emilia Díaz

“El ritmo que te imprimen los gurises en rock and roll pero también es chill out. Son divertidos, saben mucho más que nosotros de la vida”, dice Díaz, que es madre de Vicente (10) y Felipe (7). “Nosotros tenemos que aprender mucho de ellos, estar más atentos y escucharlos más, ayudarlos a introducirse a este mundo. No digo adaptarse porque no creo que se trate de ayudarlos a adaptarse a nada, sino que hay que ayudarlos a que crezcan en ellos los resortes de la rebeldía. Aunque eso, en mi caso, no significa que no los rezongue lindo”.

Díaz cuenta que le sorprende la manera en la que los hijos la enfrentan con un modelo de madre determinado, un espejo en donde se ve reflejada a diario. "Cada hijo te espeja una madre distinta, eso es maravilloso. Crees que sos igual para todo el mundo, pero no. Y es fantástico. Me interpela todo el tiempo", cuenta.

¿Cómo es Díaz como madre? Así se describe: “Soy curiosa, preguntona, un poco controladora, utilizo bastante el humor. Soy medio gallina, un poco chapada a la antigua capaz en algunas cosas. Me gusta que estén sobreabrigados, a veces sobrealimentados. Me desvela que sean buenas personas, buenos amigos, que se sientan libres de decir lo que sienten y lo que piensan y que interpelen su realidad”. Agrega, luego, que “es un misterio ser madre”.

“Uno nunca sabe lo que va a salir; ni de la persona que está criando, ni de una misma. Pero es un antes y un después, un ejercicio existencial, reflexivo, un acto enorme de generosidad con la humanidad”, concluye.

La súper-mujer no existe

Estoy muy feliz con mis hijos, son las personas más geniales del mundo”, dice Florencia Infante. Manuel tiene 6 años y Alfonsina 4, y su madre sostiene que el único legado que puede dejarles es la alegría por las cosas que hacen. “La honestidad, la felicidad y la libertad es lo que quiero transmitirles. No es anarquía. Libertad, felicidad y honestidad. Por encima de todas las cosas. Y respeto, por supuesto”, sostiene la humorista, actriz y comunicadora.

Florencia Infante

Infante encontró su forma de ser mamá en tribu. “Cuando sos madre generás tribus con otras mujeres que muchas veces ni siquiera están en tu familia. Son mujeres que te tienden una red de empatía y comprensión”, explica, y considera que a todas les pasan las mismas cosas. “Pasás de sentirte radiante a sentirte desbordada, o de estar feliz a estar triste en un segundo. Es una montaña rusa de emociones que son todas válidas, pero creo que históricamente estamos acostumbradas a ver en los medios, en los libros o en las revistas el lado luminoso. La maternidad tiene un abanico de colores a los que me fui abrazando, y lo comprendí con otras madres en estos últimos seis años”.

En 2020, Infante participó del proyecto Maternidades en cuarentena, un ciclo que ganó un fondo otorgado por la Intendencia de Montevideo en el que mujeres artistas compartieron sus experiencias pandémicas. "La maternidad es siempre lo mismo, pero en el cuerpo de otra", dice Infante.

Ella habla, también, del concepto de la  "super mujer": ¿Qué es? Yo saqué a dos seres humanos de adentro de mi cuerpo, eso ya es una magia total. Encima estoy haciendo que sobrevivan, los estoy alimentando, los estoy educando. Obviamente estoy cansada, obviamente tengo días mejores y peores, pero me pasa a mí y le pasa a todas”, comenta Infante, y considera que se trata de un concepto que está quedando en desuso. “¿Por qué la madre tendría que poder con todo? No podemos con todo y está bien porque somos seres humanos, como los padres, como los abuelos, como los tíos y como los niños. Está bien decir no puedo, está bien pedir ayuda”. Por otro lado, aunque destaca que hay hombres con paternidades activas, considera que en la mayoría de los casos se sigue esperando que la mujer se encargue de cuidar y educar.

Infante recuerda que cuando tuvo a su primer hijo se definía primero como mamá. "Después empecé a entenderlo y me di cuenta de que soy Florencia Infante, actriz, comunicadora, mamá. Soy un montón de cosas, pero no me define la maternidad", sostiene. "Está demás ser mamá, pero sos una persona. ¿Cuántos siglos tuvieron que pasar para salir de ese lugar? Nuestras abuelas eran amas de casa y madres, y chau. Ahora hace un montón que cambió y empezamos a entender".

Al final, la actriz asegura que si tuviera que volver a elegir ser madre o no, volvería a hacer todo de la misma manera. "La maternidad es hermosa siempre que sea elegida. Las mujeres tenemos que tener menos vergüenza de decir "no puedo" o "necesito ayuda" y tender redes entre nosotras para que las nuevas generaciones se sigan parando sobre nosotras", concluye.

Maternidades en pandemia

La pandemia y el distanciamiento físico ha tenido un impacto fuerte en las madres, tanto en mujeres embarazadas o puérperas, como en las madres de niños y niñas grandes. "Nos estamos encargando de trabajar en casa, ser maestras, recreadoras, cocineras, limpiadoras, de cuidar y de sostener la frustración de una pandemia que ya tiene un año", comenta la psicóloga Manira Correa.

En este contexto, la experta indica que hay algunas herramientas que podrían colaborar con las madres. Señala, por ejemplo, que es importante tener un espacio propio cada día para poder hacer actividades que generen satisfacción, como salir al aire libre, caminar, leer un libro, darse una ducha larga o poder conversar con amigos. "Son cosas básicas. Que podamos hacer algo por nosotras es fundamental", comenta. Otra herramienta es pedir ayuda. La especialista señala que a veces es difícil para algunas personas, pero que es importante comunicarse con la pareja, si es que la hay, o con la familia o el entorno. Además explica que las personas que tienen posibilidad de tener un espacio terapéutico deben aprovecharlo. "Hoy estamos viendo situaciones de mujeres con mucha ansiedad que es importante tratar y estar atentas", dice.

"No quedarse sola es fundamental. Es lo más importante. Hay muchas mujeres que quedan muy solas en casa, hay situaciones de mucha ansiedad y tristeza. Ni que hablar de las mujeres madres en situación de violencia de genero dentro de sus casas", sostiene la psicóloga.

La pandemia impactó también en las maternidades

¿Mala madre?

"Todas hemos sido malas madres en algún momento. Como hemos sido malas hijas, malas trabajadoras y malas compañeras. El tema de la "mala madre" habla de la fuerza que tenía el mandato de maternidad, que creo que aún lo sigue teniendo", sostiene Viera, y considera que hay un movimiento profundo e íntimo, que aún no abarca a toda la sociedad. “José Pedro Barrán ha escrito bastante sobre el tema, pero también la historiadora Graciela Sapriza, y para otras partes del mundo Elizabeth Badinter. Cuestionan esta idea del instinto maternal como algo que en realidad es una construcción social que busca generar la idea de que todas las mujeres biológicas tenemos que tener ese instinto, que va con nuestra biología".

"El mandato de la buena madre es el peor de los mandatos", dice Emilia Díaz. "Al final de la vida de tu hija o tu hijo vas a saber si para esa persona fuiste una buena o mala mamá. No tiene sentido. Sí tiene mucho sentido para cualquier ser humano tener referentes amorosos, y a veces el amor viene en distintos formatos". Propone, entonces, que hay que interpelar el modelo de buena o mala madre, que a fin de cuentas cambia con la historia. "Las buenas madres son las que trabajan para hacerlo lo mejor que pueden. Todas las circunstancias son distintas y no todas tenemos los recursos para ser las mamás que quisiéramos. Lo más importante es no juzgar a otras mujeres. porque ese concepto de mala madre se transmite sobre todo entre mujeres", agrega.

Cuando seas madre

"A mí de niña nunca nadie me planteó que yo capaz que no iba a ser madre. Lo que se me decía siempre era 'cuando seas madre...'", cuenta Viera, que también se especializa en el trabajo con personas en procesos de reproducción asistida, que le dijo otra mujer. “Esta idea de la reproducción para las mujeres se sigue presentando como una idea absolutamente naturalizada. Hay una naturalización del cuerpo femenino como un cuerpo reproductivo y esa idea es lo que hace al ser femenino”, sostiene.

Viera plantea que la transformación de las relaciones humanas abren también otras expectativas de vida y de autorealización para las mujeres, cuando antes el reconocimiento social y la autovalidación pasaba en gran parte por la maternidad. Habla de recuperar la experiencia de la maternidad y plantearla como un deseo. "Ya no es un deseo que es natural, que es obvio y que es el único que nos podemos plantear, sino que hay una instancia crítica con esa posibilidad. Está abierta la pregunta de si es realmente lo que yo deseo", sostiene.

Al final todo se resume en la posibilidad de elegir. Elegir ser madre y cómo vivir la maternidad. "Que cada una pueda elegir qué es lo que quiere, porque hay tantas maternidades como mujeres", concluye la psicóloga.

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