12 de agosto de 2011 20:51 hs

La películas uruguayas en exhibición en el 39º Festival de Cine de Gramado supieron honrar el respeto que el país conquistó a lo largo de los años en la ciudad, tras éxitos como Gigante, El baño del papa y Whisky. Mérito de los directores Aldo Garay (El Casamiento) y Sebastián Bednarik (Mundialito), que con técnica y sensibilidad lograron el deseado dialogo con el público, a pesar de que sus películas trataban de temas polémicos.

Una historia de amor improbable vivida por un ex trabajador de la construcción civil y un transexual es el eje del documental El Casamiento, exhibida el miércoles a la noche en el Palacio de los Festivales y una de las siete producciones latinas en carrera en el festival. La intimidad alcanzada por el director Aldo Garay con la pareja, a quien ya había retratado en el cortometraje Mi Gringa, retrato inconcluso en 2001, le permitió descortinar ante las cámaras la vida dura, llena de dificultades que estos dos viejos enfrentan y que, sin embargo, no es suficiente para quitarles el cariño y la admiración mutua que sienten el uno por el otro.

Ignacio González conoció a Julia Brian en una noche de navidad en 1991, cuando ella todavía no había hecho la cirugía de cambio de sexo. Dos décadas después, él con 75 y ella con 65, deciden casarse y invitan Aldo Garay a ser el padrino de la unión.

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Este es el punto de partida de la película que, si bien el titular no deje dudas acerca de cual va a ser su final, tiene una capacidad de trascender el caso particular y hablar de temas universales, como el amor, la soledad, el miedo a la muerte.

“Empezamos a filmar con el objetivo de retratar el casamiento, pero a lo largo del proceso la película se fue abriendo, incorporando temas como la vejez, el abandono. Son sentimientos primarios, que llegan a todo el mundo, no son ajenos a nadie”, explica el montador de la película Federico La Rosa

Esta es, posiblemente, la razón de tanta aprobación para la obra. La Gringa y el Viejo, como los personajes se tratan íntimamente, conmovieron a la audiencia con su historia de superaciones. Ella tiene insuficiencia renal y necesita diálisis tres veces a la semana. Él es un ex adicto al alcohol, lo que le debilitó la dicción. Viven rodeados de animales, con la pensión que él recibe del Estado y el pago que recibe Julia como empleada doméstica jubilada.

“Los problemas que ellos tienen son iguales a los de mis papás. Esto cautiva, genera ternura. Me gustó mucho”, evaluó el director mexicano Sebastián Hiriart, que compite en Gramado con A Tiro de Piedra.

“Acabo de ver una de las películas de amor más lindas porque es vivida por personas de las que nunca se esperaría: ellos son pobres, feos, viejos. Es lo más antirromántico según los estándares establecidos por nuestra sociedad, y sin embargo, es bello”, elogió el veterano actor brasileño Nelson Xavier.

La complicidad de la pareja – y la sinceridad ante la cámaras – es tan intensa en el film de Garay que algunos dudaran que la historia efectivamente era verdadera o si se trataba de interpretación. “Son verdaderos compañeros, es muy lindo esto. Pero quedé en la duda si es real por que es impresionante que ellos asuman con esta edad su opción sexual”, pensó la representante comercial Bernadete Hoffmann.

El Casamiento no tiene fecha prevista para estrenarse en los cines uruguayos, pero el montador de la película garantiza que en 2012 se podrá mirarla en las salas del país. “Por ahora estamos por los festivales – el director no está en Gramado porque fue al de Lima”, observó Federico La Rosa.

Mundialito.
Con menos público pero con aún más entusiasmo de la audiencia, se exhibió el jueves Mundialito a las 14 horas en la muestra paralela Panorámica. La coproducción entre Uruguay y Brasil se arrancó aplausos entusiasmados de la platea al jugar sus luces sobre la relación entre la Copa Oro de Campeones Mundiales, realizada en enero de 1981 y la dictadura militar en Uruguay. Por medio de testigos de personalidades políticas y futboleras, además de comentarios de historiadores, el documental analiza la tesis de que el Mundialito fue realizado con el apoyo del gobierno militar para legitimar a su gobierno.

Algunos de los entrevistados no están de acuerdo a la idea, caso del entonces presidente de la FIFA João Havelange, lo que deja la conclusión abierta al espectador. “Particularmente, interpreto que sí, los militares estuvieron involucrados, pero me gusta que la película busque la pregunta y no la respuesta”, explica el director Sebastián Bednarik.

Pero si la intención del gobierno era efectivamente animar a la población y celebrarse a si mismo, cualquier gana de fiesta terminó en el momento en que la población votó 'no' al plebiscito de cambio constitucional propuesto por los militares tres meses antes de la Copa. La derrota del autoritarismo en las urnas inspiró jugadores de la celeste – muchos son personajes de la película –que acabaron por ganar la competencia ante la selección brasileña.

En las calles, la celebración por el título se convirtió en una protesta por el fin del régimen. Las imágenes recuperadas en la película muestran el pueblo cantando en la calle “Se va acabar, se va acabar, la dictadura militar”.

“Hacia mucho tiempo que yo no veía la gente celebrar con tanta fuerza un título de fútbol y el fin de una dictadura. En un período dictatorial la gente se aleja, y el fútbol los unió otra vez”, elogió el critico de cine brasileño Hiron Goidanich, que admite haber hinchado por Uruguay en la reciente Copa América.

Goida, como el cinéfilo es conocido en el medio, tenía los ojos mojados al salir de la sala oscura. Otros espectadores también estaban emocionados al fin de los créditos, caso de la pareja de jubilados João Kolling y Iara Godinho. “Es bonito porque al ganar el no en el plebiscito, lo que hubo fue silencio en la calle, la gente no podía celebrar. Pero luego la población pudo mostrar su emoción al mundo todo”, recordó Iara.

Muchos de los presentes en la sesión subrayaron que también los brasileños vivieron bajo el autoritarismo. Pero de este lado de acá de la frontera, la gente embarcó en la fiesta promovida por el gobierno en la Copa de 70, auge de la represión violenta contra los movimientos por la vuelta a la democracia. “Esto muestra como los uruguayos son más politizados que nosotros”, compara Kolling.

Mundialito ya se estrenó en Uruguay y en noviembre llega a las pantallas brasileñas, donde seguramente, va a tener un buen éxito taquillero.

Noche de premios
Este sábado se entregan los trofeos Kikitos a los destaques de la 39ª edición del Festival de Cine de Gramado. Catorce largometrajes compiten en las muestras principales (latina y brasileña), aparte de los cortometrajes que también serán premiados esta noche. Entre las películas brasileña, el representante del Río Grande del Sur, O Carteiro (de Reginaldo Faria), fue el que más alentó a la audiencia – sin embargo, no agradó a los críticos. El inverso pasó con Riscado (de Gustavo Pizzi), juzgado por el público como demasiado lento y por la crítica como poético.

Como existen premios del tribunal popular, es bastante probable que ambos salgan de la competencia con algún Kikito. Entre los latinos la unanimidad recae sobre el argentino Medianeras, de Gustavo Taretto, aunque el chileno La Lección de Pintura (de Pablo Perelman) también fuie considerado uno de los mejores.

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