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Quijotes rioplatenses

El exministro argentino Carlos Tomada se suma a la pretensión irreal y rídicula de ministros uruguayos por interpelar la reforma laboral de Brasil

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22 de agosto de 2017 a las 05:00

Esta columna ha venido comentando la pretensión irreal y lamentablemente ridícula de los ministros Nin Novoa y Murro, que intentaron interpelar al gobierno brasileño sobre las reformas laborales que plantea. En eso están acompañados por el PIT-CNT y buena parte del Frente Amplio.

Confirmando la teoría del autor de que las aguas del Río de la Plata están contaminadas con marihuana, no con los efluentes de UPM, esta semana el exministro de trabajo kirchnerista Carlos Tomada ha defendido exactamente las mismas posiciones que los jerarcas uruguayos, incluyendo la absurda idea de entrometerse en las decisiones internas de Brasil. Los argumentos parecen escaneados de los planteos frenteamplistas, tanto en su letra como en la total confusión que evidencian.

El doctor Tomada es un catedrático de sólida actuación en el foro laboral y tal vez por eso cae en el repetido error de considerar el tema desde el punto de vista de los derechos laborales, o las conquistas, como él y el Frente las denominan. A diferencia del gobierno uruguayo, el exministro es kirchnerista, es decir, que carece de toda ideología que lo confunda. Lo suyo es ignorancia pura de la realidad.

Porque el concepto de defender las conquistas a sangre y fuego ignora principios económicos irrefutables. En las democracias estatistas actuales, lo que los gremialistas denominan conquistas son simplemente imposiciones que se han infligido a la sociedad por la fuerza de las huelgas o por la fuerza de la ley, que nada tienen que ver con el funcionamiento de la economía. Los sectores de la producción o del comercio no tienen más remedio que tomar los costos e ineficiencias provocados por esas llamadas conquistas y lidiar con ellos. Al no estar basados en ninguna mejora de productividad, estos supuestos derechos adquiridos y logros laborales se traducen en mayores costos y precios, en pérdida de volumen de ventas, en pérdida de exportaciones y finalmente en pérdida de puestos de trabajo o crecimiento nulo del empleo. Como ocurrirá en el puerto de Montevideo.

Por supuesto que esto se refiere al empleo privado, que es el único empleo auténtico en una economía. El Estado, luego, suele meter su mano en la realidad para cobrar más impuestos para pagar el mayor empleo estatal que se requiere para mantener el falso empleo, recurrir a endeudarse o a emitir para suplir lo que no se puede exportar u otros subterfugios. A medida que esos recursos se agotan por exceso, nadie está dispuesto a seguir pagando esas famosas conquistas, en cuyo caso se caen por sí solas. Por eso tradicionalmente se sabe que el sistema gremial solo defiende a quienes ya tienen empleo formal –mientras no lo pierda– a costa de los que tienen empleo en negro, trabajo esclavo o ningún trabajo. Y de los consumidores y contribuyentes.

Brasil, que ha llegado al límite de su posibilidad de seguir subsidiando las conquistas laborales, ya que su déficit y su deuda no se sostienen, se enfrenta a la realidad, que es lo que no hacen los laboralistas como Murro y Tomada. Como se enfrenta ahora la tantas veces mentada Francia, ejemplo permanente que esgrimen los luchadores por las conquistas de los trabajadores. Ni hablar de lo que pasará cuando se descubra que no hay más remedio que cambiar el generoso régimen jubilatorio uruguayo, otra conquista inmerecida, que no choca ya contra la economía, sino contra la aritmética elemental.

“La competitividad no debe lograrse a costa del sacrificio de la clase trabajadora”, sostiene Tomada. No parece comprender que las leyes se pueden cambiar, que no son el Evangelio. Y no alcanza a entender lo que cualquier productor de carne o soja sabe de hace rato: el mercado determina el precio. Principio al que nadie opone queja alguna a nivel internacional. Tal vez porque el argumento solo sirve para seguir consiguiendo el proteccionismo del estado propio.

“Defendemos las conquistas que tanto nos ha costado conseguir”, es el grito de batalla. No les ha costado demasiado. Solo el oportunismo de conseguir el favor de algún demagogo. En cambio, al consumidor y al creador de riqueza les ha costado carísimo.

Argentina sigue en una grave situación económica, temporariamente paliada, por culpa de un esquema de costos laborales que paralizan la inversión, las ganas y la vocación de producir y crear empleos. De modo que tendrá que hacer reformas tanto o más importantes que las de Brasil. Tomada cree que esas reformas implicarían retroceder dos siglos. Recuerda la imagen de un romántico quijote luchando contra molinos de viento –¿o contra robots?–. Lo grave es que nada de lo que dicen estos quijotes proteccionistas laborales es cierto. Como no lo es lo que dicen los proteccionistas industriales o los proteccionistas de los monopolios del Estado.

Este quijotismo parece haber atacado a varios sectores orientales. El expresidente Mujica por caso, que quiere ignorar las disposiciones internacionales sobre lavado de activos y echar a todos los que no logren resolver las contradicciones de su propio voluntarismo. (Además de aprovechar la oportunidad para empezar la pelea electoral trancando el Parlamento) O el comunismo que ha creado su propia ética ad hoc en el caso Sendic y fulmina todo lo que se le oponga sin querer percatarse de que no engaña a nadie. ¿Debería agregarse al listado de quijotadas el ferrocarril a construirse por el sistema de PPP y con las presentes reglas laborales? (reglas que mágicamente no aplicarán a la inversión de UPM).

Y para que nada quede fuera de la lógica cervantina, ¿no suena a quimera del Quijote la alegada inversión de US$ 4.000 millones de UPM? ¿Existen ese compromiso y ese monto? Firmado no está. No existe contrato alguno. Sobre ese no-contrato, se prometen 3.000 o 4.000 puestos de trabajo temporario y se planea una gigantesca obra ferroviaria con un sistema que ha fracasado hasta hoy.

Alguien ha sacado la lanza del astillero y avanza decidido hacia los molinos. Una sugerencia es agregar al equipo de escuderos el refuerzo del doctor Carlos Tomada, que se ha quedado sin su ministerio por un tiempo largo, pareciera.

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