15 de marzo de 2020 5:00 hs

La línea de la vida”. Así definen los trabajadores de Coetc al ómnibus 405, que empieza el recorrido en Peñarol y lo termina, una hora y media después, en Parque Rodó. Según afirma Ximena Comesaña, que hace 18 años trabaja como guarda de la cooperativa, es “de la vida” porque suben diariamente cientos de personas de “distintos contextos socioeconómicos” y pasa “de barrios muy pobres a otros más pudientes”.

Aunque pasó por otras líneas, casi toda su trayectoria arriba del ómnibus fue en un 405. A los 15 días de ingresar a trabajar en la empresa, subieron dos hombres a las seis de la tarde en Casavalle, con el coche lleno de adolescentes que salían del liceo, y la asaltaron con un arma. Después le siguieron pedradas que rompieron vidrios y lastimaron a pasajeros, pedidos de ayuda por situaciones de violencia de género, traslado de colchones y bicicletas y otras situaciones que rodean diariamente al “ómnibus de la vida”.

Esta no es la única línea que sufre robos y ataques en la zona. Este jueves en la madrugada, dos hombres armados subieron a un ómnibus 330 de Ucot en Aparicio Saravia y Mendoza y en un intento de rapiña, un delincuente murió luego que un policía contratado como 222 por la empresa le disparara.

De todas formas, en el historial de rapiñas a ómnibus, el 405 lleva la delantera especialmente en la violencia de los delitos. 

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En el 405 la mayoría de los usuarios pagan en efectivo, y aunque la Intendencia de Montevideo (IMM) hace esfuerzos por desestimular esta modalidad de pago para reducir las rapiñas como uno de sus objetivos, en esa línea no pueden evitarlo. “Hay gente que no tiene plata para cargar la tarjeta, van con los billetes y las monedas justas”, dice Comesaña.

Es el único ómnibus que recorre Aparicio Saravia desde Rafael hasta Burgues, transitando por los barrios Piedras Blancas, Marconi, Plácido Ellauri, Casavalle y Borro, entre otros. Cuando la Asociación Sindical de Cooperativistas y Obreros del Transporte (Ascot) decidió acortar el trayecto por Aparicio Saravia hasta Mendoza a causa de los reiterados robos a la línea –fueron denunciados 15 en ocho días de febrero–, los vecinos de esos barrios que se vieron afectados tuvieron que buscar otras alternativas durante el día que se llevó a cabo la medida.

Juana trabaja en La Unión y siempre toma el 405 en Saravia y Enrique Castro. El 12 de febrero, cuando los trabajadores del transporte acortaron el recorrido, tuvo que pedirle a su marido que la llevara. “También acercamos a otra vecina que vive cerca, porque no tenemos otra opción para trasladarnos”, contó. 

Camilo dos Santos

Un almacén ubicado a pocos metros de donde Juana espera el ómnibus, sufrió una “baja comercial” ese mismo día. “Pasó menos gente por la calle”, afirmó su propietario. Un cliente que se encontraba en el lugar expresó con cierto enojo que “a veces pagan justos por pecadores”, ya que “los que roban no usan ómnibus”.

En julio del año pasado, en coordinación con la Intendencia de Montevideo, se instaló una terminal frente a la plaza del barrio para que de cada tres servicios de la línea 405, uno tenga destino Casavalle y los otros dos mantengan el destino Peñarol. En ese lugar, Comesaña responde a las quejas de los vecinos. “Se acortó la línea para pedir ayuda. No es de castigo, es para que se concientice la situación que vivimos todos”.

Este jueves en una reunión entre vecinos de Casavalle, la alcaldesa del Municipio D, Sandra Nedov, directivos de Coetc y de Ascot, se volvieron a plantear las dificultades de suspender el servicio. Julio Spinetti, secretario general de Ascot, dijo a El Observador que antes de esa reunión celebrada en la Policlínica Missurraco, el sindicato acordó con el consejo directivo de Coetc incorporar el servicio 222 en los coches, que se suma al denominado Bus Seguro que sigue a las unidades en determinadas horas como forma de protección.

“La vemos como una posible solución en el momento y nos da seguridad. Los vecinos estuvieron de acuerdo”, afirmó.

Efectos colaterales

Gustavo Crusoff quedó marcado por un episodio que vivió el 27 de mayo de 2016, siendo chofer de un ómnibus de esta línea. Cerca de la una de la tarde, cuando transitaba por Aparicio Saravia y Trápani, un grupo de 50 personas comenzaron a tirar piedras al vehículo, lo rodearon y obligaron a bajar a todos los pasajeros, entre los que se incluían varios niños que regresaban de la escuela. Luego de robar a los usuarios, prendieron fuego el coche. “Desde el día del desgraciado suceso no pasé ni cerca con mi auto”, afirmó Crussoff, quien ese mismo día solicitó a la empresa que lo cambiara de línea.

Comesaña no vivió un episodio de esas características pero en varias ocasiones le advirtió a los pasajeros que cerraran las cortinas cuando presentía que en la calle podrían atacar al ómnibus con piedras. “Nosotros trabajamos todo el día con ese miedo”, dijo angustiada al tiempo que saluda amablemente a cada uno de los pasajeros que sube. “No podes generalizar con la gente, pero te va a tocar que alguno te robe”, afirmó. “Lo que uno tiene que hacer es seguir y no pensar en eso, porque al otro día hay que volver (a trabajar)”, sostuvo.

Camilo dos Santos

Para Hugo Suárez, los robos a ómnibus tampoco son novedad. Este hombre de 80 años vivió en el Borro y Casavalle hasta que se mudó a Villa Española hace unos años. Sin embargo, se atiende en la misma policlínica donde los vecinos se reunieron el jueves, y es usuario del 405, aunque no diariamente. “Yo estuve en un (ómnibus) 328 cuando dos jóvenes subieron a las dos de la tarde a robar con armas. Y eso fue hace muchos años”, aunque no lo recuerda con exactitud. 

Más seguridad

El almacenero que vio reducidas sus ventas cuando el ómnibus dejó de pasar por la puerta, dijo que “la mayoría” de los delincuentes que roban en la zona, son conocidos en el barrio. “Yo conocía al ladrón que murió ayer, vivía por acá. De qué le sirvió, la fama fue poca”, dice sobre el hombre que murió en el intento de rapiña en la línea 330. 

La alcaldesa Nedov aseguró que el barrio “está más tranquilo”, luego de que se adoptaron algunos cambios como la mejora en la iluminación de las calles principales, la instalación de cámaras de videovigilancia del Ministerio del Interior y espacios públicos “diseñados para ser seguros”, evitando lugares accesibles para esconderse durante la noche. 

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