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Rogelio Gracia, el actor que le ganó al cáncer y se consagró con una obra sobre el dolor

El actor de 45 años recorre los caminos que lo llevaron al teatro, su pelea contra la enfermedad que lo alejó de las tablas y su triunfo con Tom Pain

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02 de junio de 2018 a las 05:00

Llegó como una tromba, sin pedir permiso, sin dejarlo acomodar el cuerpo. La trompada lo tumbó más de un año; lo doblegó, lo maniató, lo hizo sufrir. Los dolores que había sentido hasta el momento pasaron a ser nimiedades; la rutina se escurrió entre tratamientos y clínicas, mientras aquello que había aparecido de la nada lo contaminaba desde adentro. Lo obligó a bajar la cortina, a repensar cada uno de los días que tenía por delante. Ya no habría más tablas, más luces, más aplausos, no hasta alcanzar la sanación. Para volver, había que enfrentar la realidad. Y la realidad le decía que había probabilidades, pero eran pocas. Una en diez. Pocas.

Por eso ahora abre la puerta del auto y deja caer todo el peso de su cuerpo en el asiento del conductor. Respira. Suelta meses de dolores y tensiones en una bocanada de dióxido de carbono que se pierde en el aire. Sucede en pocos segundos, la misma cantidad de tiempo en que demora en acordarse de las palabras del médico. "Hacé tu vida con normalidad", sigue escuchando. La frase golpea las paredes de su cráneo, buscando un agujero por el que salir. Pero él no quiere olvidarla. Para Rogelio Gracia, que va a llorar de alegría y de alivio durante todo el trayecto hasta su casa, la frase es un nuevo comienzo. Le dice que es hora de levantar la cortina. Que la función sigue. Que todavía hay tiempo.

Él, de todas formas, ya estaba pensando en su regreso antes de curarse del linfoma Hodgkin (según el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU "una enfermedad por la que se forman células malignas en el sistema linfático"). Confiaba en que el trámite, como le gusta llamarlo ahora, se terminaría en cuestión de tiempo. Por eso, tal vez, nunca se olvidó de Tom Pain (Basado en nada). Había leído la obra del estadounidense Will Eno hace tiempo, pero se dio cuenta de que necesitaba hacerla cuando la quimioterapia se apropió del pulso de sus días. En aquellos momentos, en aquel limbo de bolsas transparentes y drogas espesas, Rogelio Gracia recordó la obra y se aferró a ella, a la silueta de su cuerpo proyectándose por delante de los focos del escenario. Fue aquella planificación lo que terminó de curarlo. Él, al menos, está convencido de ello.

"Si yo no hubiese estado enfermo, nunca hubiese hecho Tom Pain", dice Gracia, mientras mira a través de los amplios ventanales de su casa que dan a la rambla. El frío se instaló en Montevideo y mientras la sombra de la embajada de Estados Unidos crece sobre el edificio donde vive, el vapor caliente de su respiración marca un círculo empañado en el vidrio.

Piensa en aquella etapa y la intensidad de su conversación baja. Su garganta parece guardar una voz con propiedades expansivas: cuando lo necesita –en sus funciones, por ejemplo–, es fuerte, clara, limpia; pero cuando quiere, el susurro es tan bajo que parece querer perderse entre el poco ruido que hay a media tarde en aquellas calles de Palermo. Cuida su voz –del frío, de la afonía– porque se convirtió en su instrumento de trabajo; con ella se gana la vida.

¿Es por eso que suena tan familiar? Aunque su profesión como actor es la que ocupa el primer plano, como locutor comercial Gracia ha estado presente en más de un hogar uruguayo.

En ese momento de la tarde, sin embargo, la voz acompaña a sus ojos –con frecuencia inquietos e inquisidores– que dejan de buscar contacto y tratan de descansar en aquel rincón quieto de la ciudad, mientras piensan.

Para gestar a Tom Pain necesité de un contacto interior que recién alcancé cuando me caí. Todo surgió allí, mientras estaba tirado. Fue cuando me la jugué.

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Resulta paradójico y él concuerda. Tom Pain, una obra que habla sobre el dolor, la pérdida de la inocencia, la vida como peso muerto sobre los hombros. Tom Pain, que es su último gran éxito como actor, su primer unipersonal, la obra que lo hizo renacer, su consagración en Buenos Aires. Un diálogo que retorna a él una y otra vez, que lo tiene cada sábado encarando al público con la intensidad que lo caracteriza.

Este año Tom Pain alcanzará las 50 funciones ¿Cómo ha cambiado su visión sobre la obra?

No pensé que la iba a sentir tan cómoda, no así, al menos. Se ha vuelto muy personal, le he ido descubriendo las capas a medida que la he ido haciendo. En la primera lectura nunca llegué a ver todas. Por ejemplo, eso de cómo las cosas que nos duelen en la infancia nos pueden durar y durar y durar. Podemos morirnos sin darnos cuenta de que arrastramos miedos y dolores ocasionados en la infancia. Podemos vivir y morirnos sin darnos cuenta, loco, de que hay cosas que vos haces hoy que son producto de aquel principio.

Gracia hizo triunfar a Tom Pain –un monólogo de difícil digestión que sacude al espectador– en Montevideo, en Buenos Aires y en Madrid. En el escenario, él explota las capas de su personaje con historias de infancia, muerte y amor, con interpelaciones directas al espectador y salidas que rompen con los esquemas de la dramaturgia convencional. Mientras eso pasa, la obra se pone oscura y la incomodidad comienza a aparecer. Al mismo tiempo también aparecen risas, carcajadas que son a veces estridentes, a veces temerosas.

Este personaje se hizo muy amigo mío. Lo amo mucho, me gusta mucho jugar a ser él. Pero siempre tengo bien marcado el juego del teatro y la vida, siempre mantengo la distancia entre el titiritero y el títere. Yo lo controlo a él, no él a mí.

Tom Pain se estrenó por primera vez en Uruguay el 6 de febrero de 2017 en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís. Dirigida por Lucio Hernández, la obra tuvo pocas funciones en una de las salas pequeñas del teatro, a sabiendas de que no era un espectáculo masivo. Pero después del Solís vino el Circular, después El Galpón, después El Extranjero en Buenos Aires y ahora el Teatro Alianza, de vuelta en Montevideo. La crítica de ambas orillas la avaló y para Gracia se convirtió en uno de sus grandes éxitos.

Gracia hizo triunfar a Tom Pain –un monólogo de difícil digestión que sacude al espectador– en Montevideo, en Buenos Aires y en Madrid.

El boca a boca ayudó un montón, porque arrancamos solo con cinco funciones. Y ahora, un año y medio después, ya metimos Argentina, España, un festival en Maldonado, acá ya vamos por el cuatro teatro. Y ahora todavía nos queda el Festival de Puerto Montt, Bariloche, y otra vez Buenos Aires y Madrid. Se dio. Pero trabajamos para que se diera.

La cruzada

Gracia llegó a Buenos Aires solo, con los derechos de su obra abajo del brazo, esperando que alguien se interesara en ella y tratando de cerrar la herida que dejó un productor irresponsable que le prometió desembarcar en la vecina orilla y que lo dejó tirado. Orgulloso y con miedo a arrepentirse si no lo hacía, el actor llamó al único teatro de Buenos Aires que conocía y, después de muchas negociaciones y casualidades, consiguió que sus funciones fueran los viernes. Un premio espontáneo para un proyecto que Gracia defiende a muerte en cada oportunidad que se le presenta.

¿Qué le dejó la experiencia de Buenos Aires?

Yo fui porque dije "tengo que ir", porque si no lo hacía me iba a arrepentir y me iba a bajonear. Iba a perder plata, iba a quedarme acá quemándome la cabeza. La tenía que hacer. Estaba demasiado manijeado. Pero la realidad es que es muy difícil entrarle a una cartelera tan nutrida como la de Buenos Aires. La experiencia me dio muchos estímulos, porque me di cuenta de que haciendo una gestión seria se podía. Vos tenés que saber defender tu espectáculo, creer en él. Te enfrentas al director de un teatro y tenés que hacerle saber que tu espectáculo le va a defender su teatro. Y yo creí en Tom Pain desde el principio.

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Rogelio Gracia es Tom Pain
Rogelio Gracia es Tom Pain

En Buenos Aires la crítica la destacó y el actor uruguayo se trajo al país el premio Teatro del Mundo a Mejor Espectáculo Extranjero. "Con todos los riesgos que tomamos, eso todavía no lo puedo creer", dice en referencia al galardón.

Si bien Tom Pain es la última parada, el camino de Gracia en el teatro comenzó hace tiempo, aunque no tanto como otros actores de su generación. Perdido en una indecisión que coincidía con la restauración de la democracia, donde las libertades eran amplias y las opciones muchas, el Rogelio Gracia de veintipocos años se encontró en una etapa de estudiante de Ciencias Económicas que no le gustaba ni le interesaba ni quería. Estaba, básicamente, vacío.

El teatro llegó tarde a su vida, ¿Por qué?

Es cierto, aunque no llegó tarde el gusto por lo artístico (Hace una pausa, se dirige a unos bongoes que tiene cerca de donde está sentado, al lado de dos tamboriles de madera). De chico me regalaron estos para que dejara de pegarle a las mesas, por ejemplo (Deja los tamborcitos en el suelo y se sienta). Por como estaba conformada mi familia y por la época, no era un planteo dedicarme a algo artístico, a pesar de que tenía sensibilidad. (...) Pero pasaron los años y empecé a sentir que estaba perdido. Llega un momento en que la vida manda y la gente se encuentra. Y yo me encontré.

Abandonó Ciencias Económicas y empezó a rotar por diferentes estudios, hasta que comenzó con talleres de teatro. Sin embargo, él quería la profesionalidad. De nuevo, si lo iba a hacer, no quería arrepentirse más tarde de no haber sido un actor con todas las letras.

Empezar tarde me hizo sentir que estaba viejísimo, y quizás eso me hizo arrancar con más adrenalina. Tenía menos tiempo, había que meterle.

Le metió y le fue bien, porque en poco tiempo estaba arriba de las tablas en obras donde compartía elenco con nombres como Pepe Vázquez o Roberto Jones, o delante de las cámaras de su amigo Israel Adrián Caetano, con la serie Uruguayos Campeones (2004) o las películas Francia (2009) y Mala (2013).

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Gracia en Fin de partida
Gracia en Fin de partida

Cuando pienso en que algunas cosas me han costado más de lo que me tendrían que haber costado, pienso que puede haber tenido que ver con enfrentar y ganarle al miedo. Yo no me quiero arrepentir de nada, porque la vida es una sola. Y solo nos dura quince minutos. Abrís y cerrás los ojos y se terminó. En realidad, la vida es larga, pero pasa demasiado rápido, aunque da el tiempo para todo. Fijate para todo lo que me dio a mí en 45 años.

En Buenos Aires la crítica la destacó y el actor uruguayo se trajo al país el premio Teatro del Mundo a Mejor Espectáculo Extranjero.

Gracia tampoco quiere arrepentirse de no poder trabajar con algunos de los nombres más importantes del teatro uruguayo, y por eso, mientras habla de, presenta, gestiona y ensaya con rutinas estrictas Tom Pain, prepara La Golondrina, un espectáculo que coprotagonizará con la actriz Estela Medina.

De todas formas, el unipersonal sigue acaparando sus días. Y María, su hija de poco más de seis meses, que entra en brazos de su madre y se lleva toda la atención de su padre de inmediato. Cuenta, mientras mira a la niña desde el balcón cerrado que da a la rambla, que ser padre otra vez a los 45 años –tiene un hijo de 16 años– fue una experiencia totalmente diferente a todo lo que había vivido. Casi tanto como enfrentar el primer unipersonal de su carrera –Tom Pain– y que a pesar de las dificultades, se convirtió en uno de los papeles de su vida. Se ríe, porque cuenta que recién entendió aquello cuando lo vio escrito en una nota de prensa.

El papel me ha dado satisfacciones muy grandes. Yo también tengo otros papeles de mi vida, que me han marcado, pero este sin dudas fue especial. Era una prueba de fuego y fue un punto de inflexión en mi carrera. Me podría haber salido muy mal, podría haber terminado todo. Pero no, salió bien.

Epílogo: Antes de la función

Es sábado y es día de función. Ya hace un día que la entrevista terminó. De tardecita, a pocas horas de una nueva presentación de Tom Pain, Rogelio Gracia manda un último whatsapp. Una pregunta, una que él hace todos los fines de semana a los espectadores de su obra, había quedado trunca, sin responder: ¿Cuándo se le terminó la infancia? ¿Se termina alguna vez?

Ayer de noche soñé con la casa de mi niñez. Casi me muero cuando me tuve que mudar de allí. Estaba muy mejorada por mi sueño y tenía un sótano con mar, trampolines y canchas para jugar. Y me quedé pensando, porque capaz todavía no se me terminó la infancia, capaz que todavía me queda un poco y eso me ayuda a vivir mejor.

Los cinco personajes favoritos de Rogelio Gracia

Uruguayos campeones (Serie)
Año: 2004
Director: Israel Adrián Caetano
Personaje: El motoneta

Las conquistas de norman
Año: 2011
Personaje: Norman
Director: Jorge Denevi

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Las conquistas de Norman
Las conquistas de Norman

Fin de partida
Año: 2016
Personaje: Clov
Director: Jorge Denevi
Premios: Florencio Sánchez al Mejor Actor

Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el caribe
Año: 2016
Personaje: Raúl
Director: Santiago Sanguinetti

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Sobre el eterno retorno aplicado a la revolución del Caribe
Sobre el eterno retorno aplicado a la revolución del Caribe

Tom Pain (Basado en nada)
Año: 2017/2018
Personaje: Tom Pain
Director: Lucio Hernández

Las funciones de Tom Pain

Rogelio Gracia presenta Tom Pain (Basado en nada) todos los sábados de junio en el Teatro Alianza (Paraguay 1217) a las 21 horas. Las entradas cuestan $ 400 y se compran en Tickantel y boletería de la sala.

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