Los brasileños deciden hoy el rumbo de un país polarizado entre la presidenta y candidata a la reelección, Dilma Rousseff, y el líder opositor Aécio Neves, quienes en las últimas semanas han protagonizado una combativa campaña electoral en la que abundaron los ataques personales, las falsas acusaciones, las provocaciones y las ofensas.
Según las últimas encuestas de las firmas Datafolha e Ibope, las más reconocidas del país, Rousseff tiene una ventaja de entre 6% y 8% frente a Neves para la segunda vuelta electoral.
Sin embargo, un sondeo realizado por la empresa MDA por encargo de la patronal Confederación Nacional del Transporte (CNT) atribuye a Neves el 50,3% de los votos válidos, frente al 49,7% que obtendría Rousseff. De todas formas. La diferencia entre ellos está dentro del margen de error de +/- 2,2% y es considerado un empate técnico.
Se trata de la elección más reñida en décadas, donde Neves se presenta como un senador promercados que promete reactivar la economía y la actual mandataria, como quien protegerá los programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza (ver perfil de los candidatos).
La decisión quedará en manos de un total de 142,8 millones de brasileños, que están convocados a las urnas por segunda vez en el término de un mes.
Denuncias de corrupción
La corrupción empañó este final de campaña, en este país indignado con los escándalos de desvíos de dinero público, como reflejaron las masivas manifestaciones callejeras de 2013.
Neves abrió el último debate entre los dos candidatos la noche del viernes en la TV Globo, con información de la revista opositora Veja, que adelantó su publicación al viernes para denunciar que tanto Rousseff como el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sabían de desvíos de dinero de la petrolera Petrobras.
Según Veja, Alberto Yousseff, un empresario preso desde marzo acusado de comandar una gigantesca red de lavado de dinero, dijo a la justicia que Lula y su delfina “sabían todo” sobre la corrupción en la estatal. Rousseff y un exdirector de Petrobras, Paulo Roberto Costa, denunciaron sobreprecios en contratos de constructoras con la petrolera destinados a financiar al PT y a partidos y políticos aliados. Ambos buscan reducir sus penas a cambio de dar a la policía información privilegiada. Sus denuncias no han sido probadas y ni siquiera deberían ser públicas porque están bajo sigilo judicial.
Rousseff calificó esas denuncias de terrorismo electoral y anunció que se defenderá en la justicia.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil rechazó una solicitud de que se retiraran los ejemplares de la revista, pero prohibió a Veja que promoviera su portada para evitar influenciar a los votantes.
En el debate, la presidenta retrucó recordando un escándalo de compra de votos atribuido al partido de Neves en el estado de Minas Gerais (sureste), por el que hay 10 acusados pero nunca se llegó a juicio. El PSDB siempre consigue “guardar en el cajón y archiva” las denuncias de corrupción, le dijo Rousseff.
La prensa brasileña destacó de nuevo este sábado las declaraciones de Rousseff contra Lula y Rousseff.
Por el voto de la clase media
Los candidatos, que según el diario Folha, destinaron una cuarta parte de su campaña electoral a atacarse y apenas 12% a presentar sus propuestas, se disputan principalmente una clase media del sur y sureste, dividida en partes iguales entre ambos.
El noreste, con la mayor población negra y pobre de Brasil, es un gran bastión del PT, donde los programas sociales benefician a 50 millones de brasileños desfavorecidos, una cuarta parte de la población de este país que ostenta una de las mayores tasas de desigualdad del mundo.
Los electores de mayores ingresos apoyan a Neves y acusan a Rousseff de estancar el crecimiento del país, que entró en recesión en el primer semestre, y descuidar la inflación, que ha superado el techo de la meta y alcanzó 6,75% en 12 meses. Los resultados de la elección se conocerán a partir de la hora 24 de Uruguay.
La elección, que no estuvo exenta de dramas y sorpresas, como fue la muerte del candidato socialista Eduardo Campos en un accidente aéreo y el surgimiento de otra candidata, la ecologista Marina Silva, quien tras desplazar a Neves y amenazar el liderazgo de Rousseff, quedó tercera y apoya ahora al socialdemócrata.
En la primera vuelta del pasado 5 de octubre, Rousseff se impuso con el 41,5 % de los votos, frente al 33,5 % que obtuvo Neves.