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Sangre y vísceras en los 90: "Al morir la matinée", un slasher a la uruguaya

Filmada en el cine Opera y las viejas salas de Cinemateca, la película del realizador Maxi Contenti es un homenaje a Darío Argento, John Carpenter y Steven Spielberg

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03 de septiembre de 2020 a las 05:00

Una varilla de metal que atraviesa, al mismo tiempo, dos gargantas y que se queda empapada de sangre y pelos. Un cráneo que se rompe y deja pintado un test de Rorschach carmesí en la pantalla blanca. Un frasco con ojos en salmuera que se comen como aceitunas. Arterias que se convierten en centrifugadoras. Un asesino implacable, despiadado, asqueroso y oculto. Un cine en penumbras, un día de lluvias imparables. Un grupo de supervivientes que se va reduciendo a medida que el cuchillo baja. Una película de fondo que ilumina los asesinatos. Una cacería sin final.

Si tomáramos un puñado de imágenes al azar de Al morir la matinée, bien podríamos conseguir algunas de las escenas anteriormente mencionadas. Inspirada en el género slasher y los giallos que hicieron grandes a Dario Argento, Lucio Fulci y otros maestros del terror italiano, esta película del realizador uruguayo Maxi Contenti es una apuesta que se sale de las convenciones en el cine nacional y que colabora en la creciente amplitud de géneros al que el audiovisual vernáculo está apelando cada vez más. Es, también, una de las películas que abre las salas comerciales este jueves –también va por Cinemateca, que ya estaba abierto–.

En honor a la tradición de películas en las que busca enmarcarse, la propuesta de Al morir la matinée es bastante sencilla: en plena década de 1990, en un día lluvioso e inhóspito, un asesino maniático se mete en un cine y toma de rehenes a los pocos espectadores que hay. Su misión es matarlos uno a uno, arrancarles los ojos y guardarlos en un frasco para comerlos luego. El asesino, por obvias razones, es nombrado como el Comeojos. Y quizás ya no es necesario aclararlo, pero la película no escatima en sangre, muertes horrendas y algunos sobresaltos para contar su historia.

El rodaje duró 24 días y tuvo dos locaciones montevideanas fácilmente identificables, que son el cine Opera y la hoy extinta sala de Cinemateca 18, lugar en el que Contenti pasó buena parte de su adolescencia. El director y productor de la película, que ya había coqueteado con el terror en algunos cortometrajes y un largo previo –Muñeco viviente V–, cuenta que descubrió que su película estaba entre esas butacas rojas mientras filmaba un comercial.

“Hacía tiempo venía empujando proyectos de índole fantástico, no necesariamente de terror, y no lograba conseguir ningún apoyo de fondos. Por eso había virado a proyectos más dramáticos, pero eran un poco ambiciosos y tampoco lograban conseguir demasiado dinero. Y en esa necesidad de hacer algo que se pudiera realizar, que se pudiera hacer lo más profesionalmente posible, intenté pensar un proyecto más terrenal. La idea me llegó en esas salas, en 2010, filmando un comercial para el día del cine. Estábamos rodando y de repente pensé: ‘Es acá. Acá hay una película de terror’".

Tras la epifanía, Contenti se comunicó con el realizador Manuel Facal, con quien había trabajado en Re locos y re pasados, y juntos delinearon el guion de lo que se convertiría en Al morir la matinée.

“Quería hacer una película de buena factoría, que no fuera de nicho, que fuera para el público, y que tuviera la intención de entretener a través del espectáculo. Estuvo bueno que se haya podido llegar a eso, aunque cueste tanto y lleve tanto tiempo. Pudimos hacer una película competente que se aleja de otras cosas que había hecho antes, cosas más de 'guerrilla', independientes o si querés hasta caseras”.

Una de las particularidades más destacables de Al morir la matinée es el uso que hace de los efectos prácticos para las escenas de gore. A través de un trabajo prostético y de maquillaje que en el cine de hoy es reemplazado por efectos digitales, Contenti y su equipo quisieron apostar a un realismo que creen que se está perdiendo entre las posibilidades que presentan los avances tecnológicos. Y es también, de alguna manera, otro homenaje al cine de la década de 1980 al que tanto le debe esta producción.

“En el cine fantástico y de espectáculo se perdió mucho, porque hoy en día con el CGI todo es posible. Y a veces se abusa de esa herramienta, las cosas pierden peso y en el fondo no te lo creés. Hay una parte que está buena de mantenerse en esta cuestión más práctica, por más de que lleve mucho tiempo, que sea engorroso y que puedas hacer tan pocas tomas”, dice el director.

Maxi Contenti

Atrás del terror

El primer recuerdo que tiene Contenti del terror es la televisión. Se acuerda que a los cinco o seis años se escondía de sus padres para mirar películas que lo asustaban, que no lo dejaban dormir y lo hipnotizaban. Habla también del especial de Montecarlo del viernes 13. "Era un clásico", dice.

“Estábamos muy cerca de los 80, que fue una época de auge del género, y pasaban películas de todo tipo. Obviamente me asustaban, me asustaba todo, hasta los Gremlins me asustaban. Cambiaba de canal pero me tentaba; miraba un poquito y cuando venía el momento del susto volvía a sacar. Pero de a poco le fui agarrando gusto. Y después me volví un poco más inmune y me empezó a gustar el terror que se combinaba con otros géneros, que no iba solo atrás del gore y de lo que te retuerce, sino que tiene un componente de comedia, de humor negro, de aventura, de acción, de fantasía”.

Para alegría de entusiastas del cine de género como Contenti, el cine uruguayo ha ido permeando con el tiempo este tipo de proyectos en su ADN, y hoy es más fácil encontrar en su catálogo propuestas que, en otros años, podrían haberse considerado demenciales. Ahí están, por ejemplo, En el pozo de los hermanos Antonaccio, las producciones de Manuel Facal y, ahora, Al morir la matinée.

Contenti, que durante años militó a favor de estas películas en las siempre competitivas mesas de los fondos culturales, ha comprobado empíricamente que es así.

“Es una cuestión regional, no solo nuestra. En el último período de diez años, se empezó a abrir más, especialmente con los apoyos. Porque antes era inviable. La primera vez que presenté un proyecto de cine fantástico al FONA (Fondo para el Fomento y Desarrollo de la Producción Audiovisual Nacional) rebotó olímpicamente. Y que esta película haya ganado es un indicio de esa apertura, de que hay un interés en un cine más pensado para el público. Eso no significa que no tenga un imput cultural, porque cualquier género lo puede tener, y una película de terror puede decir un montón de cosas, incluso esta que fue netamente construida para ser un entretenimiento y un espectáculo, pero igual puede tener un elemento artístico y conceptos que aclarar”.

Así, con la bandera de ser la primera ficción uruguaya en volver a las salas tras la pandemia – porque ya está en cines el documental Gran viaje al país pequeño–, Al morir la matinée le habla a sus antecesores –Bava, Argento, Fulci, Carpenter, Spielberg– y su equipo espera estar a la altura. Pero Contenti también deja claro que las expectativas están puestas, sobre todo, en el espectador. “Al morir la matinée quiere dejar claro que es un show", aclara, "y siempre te está diciendo ‘mirá que esto es una película, relajate’”.

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