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Santiago Saint-Upery, el metódico abanderado uruguayo con buenas notas

Tras un 2017 histórico en el que le ganó a nadadores de Brasil y Argentina para ser el mejor pechista juvenil de Sudamérica, el uruguayo abre fuego en los Juegos de Buenos Aires 2018 con mucha ilusión  

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06 de octubre de 2018 a las 05:03

En las pruebas de natación de los Juegos Suramericanos de la Juventud de Santiago 2017 el himno de Brasil no paraba de sonar. Parecía una melodía que formaba parte de una escenografía prestablecida. Hasta que en un par de tardes Santiago Saint-Upery pateó los parlantes. Ganó las medallas de oro del 50 y 100 m pecho e hizo retumbar el “sabremos cumplir” entre un puñado de jóvenes deportistas uruguayos.

Para el nadador de 17 años formado en Biguá ese torneo de Santiago –en el que también fue medalla de bronce en 200 m pecho– fue la confirmación de lo que había realizado unos meses antes en el Sudamericano Juvenil de Cali donde repitió los mismos podios.

“Hay chicos de Brasil que a su edad son profesionales. Y Brasil es una potencia top 5 mundial. El resto de los países de Sudamérica tiene una natación más fuerte que la nuestra donde este deporte es de los más amateurs por el esfuerzo que tienen que hacer los padres, por las infraestructuras que tenemos o hasta por nuestra condición demográfica”, expresa el entrenador Matías Acosta.

“Por eso, el índice de las finales sudamericanas y los resultados de la región es el gran objetivo al que apuntan nuestros nadadores”, agrega.

“Ser campeón sudamericano en dos pruebas y en dos torneos consecutivos fue histórico, por las marcas que logró y por la constancia de su trabajo”, dice el DT. 

Pero la ambición del nadador lo llevó a más. Un mes y medio después de Santiago llegó el Mundial juvenil de Indianápolis donde Saint-Upery se clasificó a las semifinales del 50 m pecho realizando marca A para los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 que comienzan este sábado. 

Como en Santiago, el Principito (el apodo obvio con el que carga desde sus primeros años liceales), será el abanderado.

“Mis expectativas son intentar dar el máximo esfuerzo, nadar de la mejor manera posible e intentar mejorar mis tiempos (1.04.09 en 100 m pecho y 28.77 en el 50 m)”, confiesa el nadador.

Este domingo debutará en el 100 m pecho a la hora 10 y de pasar a la final nadará a las 18.15.

Metódico, profesional en aguas amateurs, responsable y feliz de todo cuanto hace, Saint-Upery se levanta a las 5.30, desayuna, sale a las 5.50 de su casa, entra a Biguá a las 5.55 y a las 6 ya está en la pileta para comenzar su sesión diaria de entrenamiento.

Sale, desayuna más fuerte y entra a tercera hora al liceo donde cursa sexto de Derecho. “Para compensar la falta de notas orales me tiene que ir muy bien en los escritos. Por ahora, salvo una materia, tengo todas en nota de exoneración. El año que viene quiero entrar en Faculta de Derecho”.

Debe recordar hacer dos colaciones en el liceo–esas que le encargó la nutricionista Patricia Jansons para compensar el desgaste físico de tanto entrenamiento–, vuelve a entrenar por la tarde (generalmente musculación) y volver a casa a cenar. 

Atrás quedaron aquellos años iniciales donde la natación fue el rumbo al que lo llevaron la mayoría de sus amigos. 

“Con ocho años entré al plantel de Biguá y a los 11 años me federé. Hasta entonces no había obtenido buenos resultados, pero ahí gané mi primera competencia en un Apertura infantil disputado en Olimpia, en 2011. Al año me clasifiqué a mi primer torneo internacional, el Promesas del Cono Sur de Rosario”, recuerda. 

Su nivel de progresión lo llevó a ser hoy en día uno de los mejores proyectos deportivos del país.

Para Saint-Upery eso no es carga sino un orgullo que asume desde una humildad natural. 

Como la que mostró en Indianápolis donde tuvo que recalar en un hotel más barato muy alejado del lugar de las competencias y de la que recuerda con una sonrisa el momento del chequeo de las gorras y las mallas: “En la precompetencia te revisan que estén bien las medidas y el código del país pero en Uruguay no tenemos gorras de competición entonces yo uso una blanca y lisa. La señora que controlaba pensó que me la había olvidado y me dio permiso para ir a buscarla pero le expliqué que no tenía. Así pasé a la zona de prellamado donde estaba rodeado de potencias. Fui al lado de un ucraniano que era mucho más alto que yo pero estuve al mismo nivel. Teminé 14º”.

Ahora se viene Buenos Aires. Una experiencia única. Por portar otra vez la bandera y porque hacer historia estará latente.

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