23 de noviembre de 2018 5:00 hs

Jude Webber

"He reducido significativamente mi exposición en México. Estoy siendo muy cuidadoso", dijo un gerente de un fondo con miles de millones de dólares invertidos en la segunda mayor economía de América Latina.

Y él no es el único que está preocupado. Casi cinco meses después de que Andrés Manuel López Obrador logró un histórico triunfo en las elecciones, aprovechando el disgusto popular con la corrupción y las exigencias de cambio, el peso alcanzó su nivel mínimo en cinco meses y los tenedores de bonos extranjeros huyeron.

En octubre, López Obrador despreció a los mercados financieros y los inversionistas al respaldar el resultado de una consulta popular informal y aleatoria que se pronunció en favor de desechar el proyecto de un aeropuerto parcialmente construido en la Ciudad de México por valor de US$13 mil millones. Ese mes, la fuga de capitales de los tenedores extranjeros de bonos del gobierno alcanzó más de US$11 mil millones.

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Desde entonces, las cosas se han complicado aún más. Ricardo Monreal, coordinador del partido Morena de López Obrador en el Senado, provocó confusión la semana pasada al aferrarse a un proyecto de ley que había presentado para eliminar una serie de comisiones bancarias "cercanas a la usura". Él lo hizo incluso después de que el secretario de Hacienda designado intervino para calmar a los inversionistas y el presidente electo insistió en que el estatus quo duraría tres años.

Estos mensajes contradictorios hicieron que el inversionista con quien hablé reevaluara lo que él había considerado anteriormente activos "sólidos" como los bancos de México. También provocaron pánico en los mercados mientras se acerca el 1º de diciembre, el día de la toma de posesión de López Obrador.

Sin embargo, el presidente entrante nunca ha perdido su fanfarronería. Después de todo, la gente votó por el cambio. Ha dejado en claro que está decidido a realizar una "cuarta transformación" seminal de México, la cual, según dice, será tan fundamental como la independencia de España, la Guerra de Reforma entre liberales y conservadores del siglo XIX y la Revolución Mexicana que terminó hace 100 años.

De hecho, el portavoz de López Obrador, Jesús Ramírez, dijo que los mercados simplemente "tendrán que entender" el nuevo modus operandi de las consultas populares sobre los grandes planes del gobierno. La próxima — sobre dos proyectos predilectos de ferrocarriles y una refinería — se realizará la próxima semana. Las posibilidades de repercusiones negativas en esos casos son limitadas porque, a diferencia del aeropuerto, ninguno de los proyectos ha comenzado todavía y López Obrador parece comprometido a seguir adelante, independientemente del resultado.

Tal vez quiera mostrarles a los mercados que hay un ‘nuevo alguacil en el pueblo’. Pero ignorarlos por completo podría no ser una buena opción. López Obrador quiere pasar a la historia como el mejor presidente desde su héroe del siglo XIX, Benito Juárez. Para lograrlo, necesita cumplir sus promesas de estimular el crecimiento, erradicar la corrupción y reducir la delincuencia. Para eso necesitará los dólares de las inversiones de banqueros y empresarios.

Su equipo económico lo sabe muy bien conforme trabaja para redactar un proyecto de ley de presupuesto para el año 2019 enfocado en la austeridad antes del 15 de diciembre, el cual no incluirá nuevos impuestos, sí asignará US$5 mil millones para un programa de becas y aprendizaje para jóvenes y preverá un superávit primario de hasta 0.9 por ciento del producto interno bruto. Las agencias de calificación tienen a México en la mira y están esperando a ver si las sumas del presupuesto tienen sentido.

Parece ser una posibilidad remota que los deseos de los mercados puedan restringir el comportamiento de López Obrador

Una cosa que el gobierno entrante cree que evitará es el atolladero que afectó a la administración saliente: la renuencia temprana a gastar dinero que terminó afectando el crecimiento. En cambio, al equipo de López Obrador le encanta la idea de gastar — insiste que dentro de sus posibilidades — para que la economía funcione.

Sin embargo, satisfacer tanto a los mexicanos como a los mercados será un delicado acto de equilibrio. "Me pregunto cuán rápidamente los morderá la realidad", dijo el administrador del fondo.

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