11 de agosto de 2015 5:00 hs

Las PASO ya son historia: empezó la partida de ajedrez de dos meses y medio hasta la elección "de verdad" del 25 de octubre. Y las estrategias son claras: todos pugnan porque el resultado obtenido el domingo pasado sea su "piso" y no su "techo" electoral.

Parte fundamental de la nueva etapa es la "batalla por la interpretación". En ese marco, todos intentan imponer su lectura política, según la cual el rival perdió y no tiene posibilidades de avanzar en la carrera electoral.

Mauricio Macri fue quien pegó primero en esa pelea.

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"Estoy convencido de que no tienen cómo subir esos siete puntos que le faltan", aseguró en una entrevista radial, refiriéndose a las dificultades de los candidatos kirchneristas por superar el sentimiento de rechazo que buena parte del electorado tiene sobre el gobierno.

Y, para ser más explícito aun, dijo: "El piso de votos del Frente Para la Victoria es muy parecido a su techo".

Lo cierto es que todos los candidatos están ahora con la calculadora en la mano. El 38,5% de Daniel Scioli es mucho pero no alcanza para asegurarse una victoria en primera vuelta.

Debe sacarle 10 puntos de diferencia a Macri, que sumó 30% junto a sus aliados de la coalición Cambiemos.

Y, claro, todos aspiran a lo mismo. Es decir, a "pellizcar" votos de las corrientes políticas que quedaron en los escalones inferiores, en particular en la de Sergio Massa, que hizo una mejor elección a la esperada, con un 20% de los votos.

La batalla por la interpretación

Los discursos de los candidatos en los "bunker" partidarios dan algunas pistas sobre lo que puede ocurrir.

A Scioli se lo notó algo ofuscado por las interpretaciones que se estaban haciendo del resultado electoral.

Su esfuerzo era imponer la visión de que le había sacado 12 puntos a Macri, algo que solamente es cierto si se toman en cuenta los votos individuales de cada candidato y no los acumulados por coalición.

"Es un resultado contundente, lo miren como lo miren, pero la única verdad es la realidad", dijo Scioli, sin ocultar su ofuscación por la resistencia del resto del espectro político a reconocer su victoria.

La desesperación de Scioli tiene una explicación: todos los sondeos indican que, si no se impone en primera vuelta, le resultará casi imposible ganar en un balotaje, porque el sentimiento anti-kirchnerista terminará primando sobre su candidatura.

Apelación a la unidad peronista

Para acercarse al ansiado 45% que lo pondría en zona de consagrarse en primera vuelta, Scioli debe "morder" en la torta de votos de otros partidos. Y el candidato bonaerense siempre tuvo en claro que su crecimiento sólo es posible dentro del espacio peronista.

Más concretamente, está apuntando a la alianza UNA, que aglutinó a Sergio Massa y el gobernador cordobés, José Manuel de la Sota.

La combinación que más le convenía a Scioli era una performance electoral floja por parte de Massa. De esa manera, podría captar con relativa facilidad a los votantes de De la Sota –derrotado en la interna de UNA– y también a los del propio Massa, que podrían ser sensibles a la apelación del "voto útil".

Ya había dado pruebas de ello cuando, la noche de la elección cordobesa, había iniciado su operativo de "seducción". Primero, con la explícita felicitación que le hizo llegar al gobernador electo de Córdoba, Juan Schiaretti, en la noche triunfal para el "pollo" de De la Sota.

Pero además, Scioli filmó un spot televisivo exclusivo para la provincia mediterránea, en la cual afirma: "Me comprometo a mantener un diálogo con el próximo gobernador Juan Schiaretti para resolver todos los temas pendientes con Córdoba".

Y anoche, no por casualidad, el mayor énfasis del discurso de Scioli estuvo puesto en hacer un llamado a la unidad del peronismo. Y, sobre todo, en rechazar las alianzas que se forman por oponerse a un gobierno más que para formar un proyecto político.

Tenía razón en preocuparse: si entre el electorado se termina por imponer la sensación de que la elección es en realidad un referéndum entre la aprobación al kirchnerismo o un voto castigo de los anti-k, entonces Scioli se expone a un escenario donde está en clara minoría electoral.

Massa, el factor clave

¿Tendrá éxito en su estrategia de, aunque sea, robarle algunos puntos a De la Sota y a Massa para crecer así hasta la zona del 40% de los votos?

Todo dependerá de cuánto cale en el electorado la percepción de polarización. El antecedente de 2011 muestra que, tras las PASO, Cristina Fernández sumó cuatro puntos y el segundo, Hermes Binner, sumó cinco.

Pero claro, era un contexto muy diferente. Ahora no solo no existe semejante ventaja entre el primero y el segundo, sino que además hay un tercero dispuesto a jugar un rol protagónico.

Massa puede afirmar con justicia que fue uno de los ganadores de las PASO. Después de meses en los cuales parecía que su espacio político se desarmaba inexorablemente y que quedaría expuesto al papelón electoral y a desempeñar un rol irrelevante, consolidó una recuperación.

El discurso del tigrense debe haber dejado preocupado a Scioli, porque apuntó a todos sus puntos débiles.

Para empezar, arremetió contra el concepto de "voto útil" y cuestionó la polarización. Es decir, dejó en claro que no hará una campaña desganada y de baja intensidad hacia octubre, sino que hará un esfuerzo por retener todos los votos que obtuvo a título personal, más los que le arrimó su socio cordobés.

Pero, además, Massa ratificó su giro discursivo. Ya no es más aquel candidato "light" de las legislativas de 2013, que sólo declamaba generalidades obvias como que había que "mantener lo bueno y corregir lo malo".

Lejos de su postura anterior de oponerse al "cabaret de la denuncia", ahora Massa quiere mostrarse tan indignado por la corrupción que hasta rivaliza con Elisa Carrió para ver quién adopta las posturas más duras.

Cárcel para los corruptos, fin a los manejos irregulares de los planes de asistencia social, nuevas normas que garanticen que no haya fecha de prescripción para quienes cometieron ilícitos siendo funcionarios... El discurso de Massa se ha radicalizado de tal modo que cuesta creer que pueda haber en el futuro un acuerdo con Scioli, quien debe caminar por una cornisa muy fina para sostener el apoyo kirchnerista y además atraer al peronismo tradicional.

Además, Scioli sufre esa situación por partida doble: no solo se le dificultará "robarle" votos a Massa justo en un momento en el cual arrecian las denuncias sobre el kirchnerismo. Sino que también puede ocurrir que tenga una "fuga" de votantes propios en la provincia de Buenos Aires, dada la grieta que se produjo entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez.

Basta con que un porcentaje pequeño de votantes de Domínguez cambien su preferencia, para que Scioli tenga un efecto neto igual a cero en su captación de votantes del peronismo cordobés, por ejemplo.

En otras palabras, el gran desafío de Scioli es que el porcentaje obtenido anoche no termine siendo algo parecido a un techo.

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