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Se fue el hombre que cambió la poesía de hispanoamérica

Nicanor Parra –chileno, 103 años, una de las plumas más notables y vanguardistas del continente– murió el martes

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23 de enero de 2018 a las 18:13

Se va uno de los más grandes poetas chilenos, que nos invitó a soñar con sus Antipoemas. Se va el que desde la ruptura supo enfrentar oposiciones y quien con una libertad inquebrantable e ingenio criollo siempre puso al hombre al centro de su universo #NicanorParra va&vuelve pic.twitter.com/ZWhMQ95ra5

La voz de Nicanor Parra quedará flotando en el viento como un manto que da resguardo a aquellos que aun creen en la belleza del riesgo, de la simpleza, de lo que es mundialmente conocido como la antipoesía. Las palabras –inmortales– de Nicanor Parra también quedarán: "no creo en la vía violenta/ me gustaría creer en algo/ pero no creo/ creer es creer en Dios/ lo único que yo hago/ es encogerme de hombro/ perdónenme la franqueza/ no creo ni en la Vía Láctea".

Los dos tomos de la antología de Nicanor Parra son portentosos, sustanciosos. Allí están sus poemas desde 1935 hasta 1971. Obras completas & algo + viene con un prefacio firmado por el crítico literario y profesor de la Universidad de Yale, Harold Bloom. El texto dice así: "La poesía de Nicanor Parra es muy original, muy poderosa y emocionante, creo que merece el Premio Nobel de Literatura y no tengo claro por qué no se lo han dado todavía. Es, incuestionablemente, uno de los mejores poetas de Occidente. Creo firmemente que, si el poeta más poderoso que hasta ahora ha dado el Nuevo Mundo sigue siendo Walt Whitman, Parra se le une como un poeta esencial de las Tierras del Crepúsculo".

Parra murió el martes 23 de enero de 2018. Tenía 103 años. Nunca ganó el premio Nobel de Literatura. Sí le dieron varios otros. El último fue el Cervantes. Era 2012.

El poeta se negó a viajar a España para recibir el galardón. En su lugar fue su nieto Cristóbal Ugarte. Frente al entonces príncipe Felipe leyó las siguiente líneas que, días antes, escribió su abuelo: "No me explico, rector, las razones que pudo tener el jurado para premiarme a mí, que soy el último de la lista de este premio tan contundente como merecido. Hay por lo menos una docena de candidatos, que con razón se sienten postergados (...) Hay una sola explicación posible, el estado precario de salud de este anciano decrépito. Este es un premio a la longevidad".

Parra era un contestatario.

"Durante medio siglo/ la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne Hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa/ Suban, si les parece/ Claro que yo no respondo si bajan/ echando sangre por boca y narices", Nicanor Parra, La Montaña Rusa.

En un perfil que escribió sobre él para el diario El País de Madrid en 2011, la periodista argentina Leila Guerriero lo puso en escena así: "Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento. Sentado en una butaca cubierta por una manta, viste camisa de jean, un suéter beige que tiene varios agujeros, un pantalón de corderoy. A sus espaldas, una puerta corrediza separa la sala de un balcón en el que se ven dos sillas y, más allá, un terreno cubierto por plantas, por arbustos. Después, el Océano Pacífico, las olas que muerden rocas como corazones negros". Y más adelante escribió: "Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces, a doscientos kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él".

No era amigo de las entrevistas, de los periodistas, de la vida celebrada. Así lo aseguró, tiempo antes de su muerte, su sobrina Isabel. "Invierno y verano camina; maneja su auto Volkswagen, escribe mucho, y siempre es muy visitado. La vida del tío Nicanor esta abonada por la sencillez y la falta absoluta de farándula", contó a AFP.

La poesía en castellano después

"Durante medio siglo/ la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne Hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa/ Suban, si les parece/ Claro que yo no respondo si bajan/ echando sangre por boca y narices".

"Hay una sola explicación posible, el estado precario de salud de este anciano decrépito. Este es un premio a la longevidad", escribió Parra cuando le dieron el Cervantes en 2011.

Así dice La montaña rusa uno de sus tantos poemas o, dirán, antipoemas incluido en Versos de salón de 1962. En una entrevista que consigna la agencia AFP Parra declaró: "Se trata de 'desbarrotizar' la poesía chilena. Yo trataría de permitir que se abrieran puertas y ventanas, de manera que la realidad entera se incorpore a la academia".

Parra publicó Cancionero sin número su primer libro en 1937. Ya era profesor de matemática y física. Pasaron más de 15 años para que apareciera el libro que es valorado como aquel que lo cambió todo. Poemas y antipoemas es la obra que revolucionó la poesía de Hispanoamérica.

Cuando Guerriero le preguntó qué opinaba de su antología, él respondió: "Estoy sorprendido. Yo leo esos poemas y no me siento el autor. Pienso que nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire. Se decía eso: cosas que andaban en el aire".

En su obituario, el periodista del diario chileno La Tercera, Javier García recuerda al mayor del clan de los ocho hermanos Parra con estas líneas: "Era una mente lúcida inigualable, que podía recitar de memoria poemas en varios idiomas, contar chistes callejeros, recordar con detalle sabrosas anécdotas con Neruda, su hermana Violeta, y reflexionar con agudeza, desde la astucia y la experiencia, sobre la vida y la incertidumbre".

El martes, Twitter –la red social que funciona para tantas cosas, entre ellas despedir a los que se fueron de este mundo– se inundó de versos, frases y reflexiones sobre el poeta. Le rindieron homenaje escritores, instituciones, el gobierno chileno (que decretó dos días de duelo) y miles y miles de anónimos.

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La presidenta Michelle Bachelet escribió en su cuenta: "Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia".

Y entre los tantos poemas que se repitieron una y otra vez estaba este: "Ni muy listo ni tonto de remate/ Fui lo que fui: una mezcla /De vinagre y aceite de comer/ ¡Un embutido de ángel y bestia!".

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