18 de septiembre 2014 - 19:54hs

Banderas a media asta, alfombra roja, coronas de flores y un ataúd cubierto con la bandera uruguaya en el centro del imponente salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Dentro del féretro, el cuerpo de una de las personalidades más relevantes de la historia de la cultura uruguaya: China Zorrilla, actriz y directora, de teatro, cine y televisión.

El ambiente era sereno y festivo, entre los familiares y allegados y personalidades del ámbito político, cultural y artístico de amabas márgenes del Río de la Plata. Festivo, sí, porque los recuerdos que evocaba China Zorrilla, fallecida en Montevideo a los 92 años, provocaban sonrisas que por momentos se elevaban a la carcajada.

Mariano Arana, quien fuera intendente de Montevideo, ministro de Vivienda y senador de la República, evocó una gran escena de teatro del absurdo para contar cómo había conocido a la que fue su gran amiga. Vale la pena escucharlo.

“Me acuerdo que un día, un domingo, yo estaba sacando fotos de una reja, en un edificio de la calle Convención. Recién me había recibido de arquitecto. Y aparece esta mujer, que me dice ´Disculpe, ¿usted es argentino?´ No, soy uruguayo, ¿por qué? ´Porque resulta que está Danny Kaye en casa y no hay un taxi por ningún lado´. Yo ya la había reconocido y a Danny Kaye era difícil desconocerlo, porque sus películas eran frecuentes. Y yo, sin decirle, ´hola, qué tal, cómo le va, China´, le dije ´si le parece, yo tengo esto, que si usted se anima a entrar...´ Era una Isseta (una especie de auto-huevo, minúsculo, cuya única puerta era el parabrisas). Cabíamos justito. Entonces, taca-taca-taca-taca, nos fuimos para Punta Carretas. Llegamos a la casa. Era un borbollón, todo aquello. Me presenta a su padre, y le dice, te presento a este arquitecto. El tipo me mira y me dice: ´¿usted es mexicano?´ Y yo digo, pero estos están todos locos. Ella, la madre, que era, ya te digo, un carnavalito. Las sobrinas, divinas. Las hermanas, todos alrededor del actor. El único que parecía serio como un tamango era Danny Kaye”.

Anécdotas similares, en cuanto a la chispa, la seguridad en sí misma, la luz que tenía China Zorrilla, se reproducían por todos los rincones marmolados del Salón de los Pasos Perdidos, desde que a las 9 de la mañana abrió las puertas que dan a la magnífica escalinata sobre la avenida Libertador.

Había personalidades de todos los partidos políticos, entre ellos el presidente de la República, José Mujica, el vice Danilo Astori, el ministro de Cultura, Ricardo Ehrlich, los expresidentes Tabaré Vázquez y Julio María Sanguinetti, el senador Luis Alberto Heber y el exvicepresidente Gonzalo Aguirre, entre muchos otros.

Mujica dijo que: “Es una vida que se va y es justo recordar que hay gente que vive porque ha nacido, pero que hay algunos privilegiados como China que le dan un contenido a la vida y la proyectan hacia el futuro”.

El presidente destacó que China tuvo “siempre un mensaje optimista, haciendo reír, dándole para adelante con ganas de vivir, sin el ceño fruncido, sin ofender a nadie, sin tirar la bronca con nadie. Yo creo que era admirable. Fue un cacho de nuestra mejor historia”.

Vázquez, Astori y Ehrlich se deshicieron en elogios sobre la figura de China Zorrilla, pero las anécdotas más emotivas y entrañables vinieron por parte de algunos artistas, que compartieron el trabajo con la actriz uruguaya.

Marcos Carnevale, director de cine argentino, que trabajó con China Zorrilla en su película de 2005, Elsa y Fred, dice que solo ella hubiera podido hacer el papel. “Yo lo sabía y de hecho la amenacé: cuando fui a ofrecerle la película, le dije, si me decís que no, no la hago. Y me dijo, ´no me pongas en ese aprieto´. ´No la hago, China. Sos la única actriz que puede hacer esto´. No me equivoqué. A veces me la ofrecen para llevarla al teatro y yo digo, ´¿pero y quién la va a hacer? Después de que ya la hizo China, la comparación va a ser terrible, no la van a encontrar´”.

Carnevale dice que China Zorrilla definió su estilo, y que le enseñó lecciones que él trata de transmitir a sus alumnos, en sus clases: “Una vez estábamos ensayando una escena con varios actores y algo no funcionaba. Yo no sabía bien qué. Ella se dio cuenta y me dijo: ´Tenés que aprender a escuchar a toda la orquesta. La comedia es así. Hay dos violines que están tocando la misma nota. Bajá uno y vas a ver que funciona´. Bajé a uno de los actores que estaba haciendo lo mismo que el otro y salió todo de maravilla”.

En una conferencia de prensa en Barcelona, estábamos los dos juntos promocionando la película, y un periodista me dice, delante de ella, ´¿cómo la definirías?´ Era una pregunta difícil, teniéndola en frente. Y entonces la miré bien, y ella me miró fijo, como diciendo ´a ver qué vas a decir´ y dije: ´Y China es rara. Es como una mujer de 25 años en el cuerpo de una mujer de 80. Es como una vieja inmadura. Una cosa así´. Es verdad, porque siempre fue joven. Siempre estaba más adelante, siempre tolerante con la vida, siempre a favor. Era muy especial. Por eso en Argentina ayer explotó todo, todos los medios, porque es una de las grandes de Argentina, siendo uruguaya. Adorada”.

La tía China

Florencia Estrázulas, hija de su hermana Gumita, fue de las que llegó temprano, a pesar de haber volado desde Río de Janeiro a Buenos Aires y luego a Montevideo. Salí anoche a las 2 de la mañana y llegué a las 7 acá”.

Estrázulas cuenta una historia mucho más íntima, la de la vida familiar en aquella casa de la calle 21 de Setiembre: “Crecí con ella, en la casa de mi abuela, en 21 de Setiembre. “China era la tía más divertida del mundo. Me llevaba a los ensayos. La ayudábamos.Siempre agarraba a un sobrino o una sobrina y la llevaba por ahí”.

“Es igual la persona pública que la privada –dice Estrázulas–. Era la divertida. Todo era agradable. Buena onda. China era un placer de tía. Todos nos moríamos por China”.

Y sigue: “Siempre pensaba en cada uno de los sobrinos y viajaba y nos traía regalos muy bien elegidos a cada uno”.

"Fue una delicia. La vida con China siempre fue colorida. La sensación que tengo hoy, un día después de que se murió, es que quedamos en blanco y negro”, concluyó.

Otro de los primeros en llegar fue el argentino Boy Olmi, actor y director de cine y televisión. Entre las tantas anécdotas de taxis que tiene China Zorrilla –incluida la del taxista al que la actriz, sin conocerlo, le prestó US$ 37 mil y el tipo, años después, se los devolvió– Olmi tiene una propia: “Me crucé con China infinitas veces en los últimos 45 años. La primera vez que tuve un encuentro personal con ella, fue levantándola un día en un taxi, para decirle: te llevo a donde quieras. Y la llevé a la calle Uruguay, donde era su casa en Buenos Aires, no casualmente. Con esa entrega absoluta que tenia con todo, se dejó llevar por mí, que era un adolescente con un taxi”.

El actor y director argentino es tal vez, quien mejor sintetiza eso que trataban de decir tantos, en el palacio: “El universo de China es infinito. Al lado de China todo era posible, porque ella lo veía así. Y por eso se podía generar cualquier situación de cualquier tipo, en cualquier entorno social, cultural, creativo. La vida era un juego delicioso de jugar al lado de ella”.

Y añade: “Su cultura, su simpatía, su carisma, su humor, su agudeza, su generosidad, excedían a la actriz maravillosa que era. Era un ser de una riqueza fabulosa y generosamente la entregaba a todo el mundo”.

Media hora pasado el mediodía, se empezó a formar el cortejo que llevaría los restos de China Zorrilla al teatro Solís, donde sería honrada por sus pares en las tablas, y luego al Cementerio Central. Las coronas de los organismos públicos y culturales uruguayos, la de la embajada argentina y la de su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fueron colocadas en las carrozas fúnebres, en tanto que la gente en el palacio la despedía con una aplauso cerrado.

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