27 de diciembre de 2013 20:14 hs

Hace casi 50 años que Joan Manuel Serrat hacía un alegato de juventud en su canción "Ara que tinc vint anys" (Ahora que tengo veinte años). Ayer, el cantautor que le puso banda sonora a la España de la transición alcanzó la condición de septuagenario pretendiendo “llegar a viejo y tener un buen remate, un final con beso”.

“Si tuviese más ventajas y menos inconvenientes. Si el alma se apasionase, el cuerpo se alborotase y las piernas respondieran. (...) Quizá llegar a viejo sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso”, cantaba Serrat en "Llegar a viejo", un tema que contrasta con la fuerza y el ánimo que desprendía el cantautor en aquella canción en la que decía tener 20 años.

Galardonado recientemente en Argentina por su defensa de los derechos humanos, Serrat reclamó libertad en los años de 1960, cuando España vivía sumida en la dictadura franquista, y formó parte de aquella generación de cantautores que convertían la música en protesta. Pero el artista barcelonés huyó del panfleto y sus letras críticas eran versos cargados de poesía.

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La música de Serrat se encierra en los mundos cotidianos y es capaz de impregnar de un aura intelectual a temas populares como "La Saeta", habitualmente entonada en la Semana Santa del sur de España, mientras otras canciones miran al país tras la posguerra y al exilio en canciones como "Cantares".
El artista trasladó a la canción los poemas de Antonio Machado en el álbum Dedicado a Antonio Machado y a Miguel Hernández en Miguel Hernández e Hijo de la luz y de la sombra.

“Es la poesía de un hombre dolido que nació en la pena y murió en la enfermedad y el abandono”, comentaba Serrat recientemente en una rueda de prensa sobre Miguel Hernández, quien murió a los 31 años en la cárcel y al que le declara “fidelidad eterna”.

En su música también tienen hueco los versos rodeados de pasión y romance como los que le brindaba a aquella Lucía con la que decía haber tenido la más bella historia de amor o las "Paraules d’amor" (Palabras de amor) en las que se lamentaba de un amor perdido.

Música que recuerda a aquel joven Serrat que empezó en la canción en busca de algún elemento que pudiera acercarle a las chicas, ya que no era “ni alto ni guapo”.

“Siempre he tenido en cuenta lo que ocurría en mi interior y también he escuchado las voces y los ecos de la calle, trabajando las palabras como lo hace el alfarero con el barro”, argumentaba quien se define como “escribidor y cantor de canciones populares”.

Nacido en el barrio obrero barcelonés de Poble Sec en una de aquellas familias humildes que perdió la guerra, Serrat siempre estuvo “a favor de la gente de a pie”, como argumentaba cuando fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Y en él hay un espíritu luchador con el que batalló en la transición y los últimos años de la dictadura y que volvió a cobrar fuerza en la España en crisis y con recortes cuando sus discursos invocaban a “despertar a la sociedad adormecida y recuperar los valores democráticos y morales”.

“Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción”, cantaba Serrat en su homenaje a Machado en "Cantares", pero pese a su esfuerzo, el cantautor catalán ha sido incapaz de permanecer en un segundo plano.

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