Un jugador de póquer profesional apostó todas sus fichas a una estafa y terminó tras las rejas. Contrató a una prostituta, la acercó hasta un empresario casado, grabó la relación sexual y le pidió US$ 60 mil al hombre a cambio de destruir la prueba de la infidelidad. El empresario, también jugador de póquer, redobló la apuesta y denunció la maniobra ante la Policía. El ideólogo de la estafa y la prostituta fueron procesados con prisión y dos cómplices, sin prisión.
Sexo, póquer y extorsión
Cuatro procesados, dos con prisión, fue el saldo de una jugada fallida. El ideólogo de la extorsión fue un comerciante de 37 años, jugador profesional