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Siglo XXI, pospandemia: el tango empieza a reactivarse con el anhelo de volver al abrazo

El escenario tanguero en Montevideo intenta sobrevivir a los golpes de la pandemia después del miedo de no volver a abrazarse

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10 de octubre de 2021 a las 05:00

En la penumbra del bar una pareja se acaricia las manos. Debajo de la mesa de atrás apenas si rozan los tobillos, mientras en una mesa cercana se dicen palabras al oído. Todos, sin excepciones, mantienen la mirada al frente. Allí está, esa noche, el Dúo Morgare- Hernández. 

Gabriela Morgare pone la voz mientras las manos de Mayra Hernández dominan las teclas de un órgano. “Tenemos un repertorio muy romántico y desgarrador”, advierten a mitad del show, antes de cantar por primera vez una canción de la uruguaya Vera Sienra. Así, el tango volvió a sonar en la ciudad.


La Milonga de Trasca se organiza todos los martes en la casa cultural La Cretina. Hace algunos meses era una odisea encontrar una mesa disponible sin una reserva, pero este martes lo que comienza como una audiencia de unas diez personas apenas se duplica hacia el final de la presentación. Lo que empezó como una prueba, con cuatro o cinco fechas, se convirtió en un espacio que sostienen desde 2019. “Es un espacio tanguero diverso, porque acá viene gente de 80 años que se pone a bailar, a escuchar o a tocar la música, y gente joven, gente de todo tipo”, dice su productor Gastón Perazza. La entrada es libre; el espectáculo, a la gorra.

Si bien la pandemia golpeó al público y los artistas, no aplaca la satisfacción del regreso. "Algo que formaba parte de la vida normal de todos de repente dejó de existir. Sentía que me faltaba una parte de mi vida", comenta Hernández a El Observador, y Morgare señala que durante meses faltó el contacto con el público y ahora poder mirar a las personas "es como una ceremonia que se extrañaba". 

"La emoción o esa adrenalina de un toque es algo que es intransferible, que te lo da una noche como hoy y ojalá vengan muchas más", dice.

“Nos vamos a ir con una milonga. Anhelando que vuelvan los bailes en pareja. No se puede, pero siéntanlo”, dice Morgare antes de que empiecen a sonar los primeros compases y los asistentes empiecen a moverse en los límites que marcan los asientos.

Antes había milonga en vivo. Ese espacio de encuentro entre bandas y bailarines, de pareja en pareja, girando en el sentido contrario a las agujas del reloj y dibujando figuras con los pies. Cuando se dieron las autorizaciones de los espectáculos públicos reinventaron el formato y actualmente, hasta que se vuelva a permitir, reciben pequeñas agrupaciones del colectivo Sulov, pero no se volvió a bailar.

“Fue difícil trabajar durante la pandemia, estuvimos mucho tiempo parados”, dice Perazza y agrega: “Es lindo conservar espacios para que el tango siga sonando, porque es un género al que no apuestan muchos boliches a no ser que sean especializados". En La Cretina el tango convive además con otras expresiones culturales y la gente que pasa se encuentra colgada, al menos por unos minutos, en la sonoridad del dos por cuatro.

Un tímido abrazo 

La noche volvió a cubrir la ciudad. El tango volvió a bailar en una de las instituciones más antiguas de Montevideo. En la nueva sede de Joventango todo parece listo: las mesas alrededor de la pista, el piso del salón impecable, los cortinados rojos y la barra del bar lustrada. Es la primera noche en la que Adriana Enebú y Jorge Galati vuelven a dictar una clase después de casi dos años. “Estoy un poco perezosa, me cuesta muchísimo el regreso pero siento alivio porque veo que el tango no perdió. Estaba muy asustada. Tenía miedo a no poder bailar más. Hubo un momento en el que sentí la muerte de la danza".

Los profesores, que además son pareja fuera de las pistas, coinciden en que el tango, además de ser una danza de “abrazo, cuerpo a cuerpo”, está vinculada a su gente y la socialización con los demás. Eso dejó de existir, por un tiempo. “Cuesta para el artista, pero también al público, a la gente y a los alumnos. Mucha gente ha perdido el ímpetu y las ganas de estar en una pista de baile o en una milonga”, dice Galati.

A medida que van llegando los bailarines hacen un cambio indispensable antes de pisar la pista: el calzado. Se ponen los tacos negros y acordonan con paciencia sus zapatos lustrados, brillantes, que vaya una a saber cuánto tiempo estuvieron guardados. “Con esto se siente el tango”, comenta alguien al pasar mientras se señala los pies. 

“La pandemia marcó una etapa, ahora tenemos un después. Gracias por el después. Gracias por compartir estos espacios que se van abriendo poco a poco”, dice Enebú, profesora de Joventango desde hace 28 años, al darle la bienvenida a los alumnos mientras empieza a sonar Historia de un amor. La clase empieza desde lo más básico: hay que hacer que el cuerpo recuerde.

“Esto es cómo recuperar la confianza para arrimarse al otro. Es fácil que quienes son parejas en la vida se junten y bailen, pero es difícil que lo hagan con alguien que no conocen. Hay que trabajar para tener confianza", dice ella mientras le pide a las diez personas que toman la clase que se enfrenten y se tomen de los codos. Aunque se extrañe, esta noche no habrá un abrazo de tango y los cuerpos no se van a juntar. El regreso será progresivo.

La pandemia le dio un embate a una de las instituciones tangueras más antiguas de la ciudad. Juan Pedro Rubinstein, histórico presidente de Joventango, murió a causa del coronavirus. 

Ahora, antes de entrar, se solicita que se presente el certificado de vacunación y antes de cada clase explican el protocolo, que incluye por ejemplo el uso permanente de tapabocas y el uso de alcohol en gel antes de cambiar de pareja. “Lo primero que hicimos fue abrir los Café Concert todos los domingos, que es un espectáculo donde vienen los artistas, una pareja de baile y abrimos la cantina. El lunes abrimos las clases, que son el corazón de Joventango, con un cupo de 10 a 20 parejas", indica Mauro Ramírez, quien integra la comisión directiva de la institución.

"Se pasó muy mal, la pandemia fue horrible. Ahora hay lugares que están trabajando fuerte. Nosotros todavía no hemos hecho milongas", señala Ramírez, y explica que antes del cierre llegaron a tener 800 socios, un número que bajó a 300 personas que sostuvieron el padrón social y que ahora llegó a los 500. Para noviembre piensan volver a organizar una milonga. 

“El tango te espera”, cada vez menos 

En el imaginario popular está la idea de que el tango llega con los años. Pero al acercarse a la escena tanguera de Montevideo no hay duda de que los jóvenes también encuentran allí un lugar de pertenencia y un vehículo para expresarse. El tango, si se quiere, ya no tiene que esperar tanto.

El maestro Nestor Vaz, bandoneonista, está al frente de la Orquesta Típica Bien de Abajo, donde se dedica a la formación de jóvenes músicos instrumentistas. “El tango tiene cuatro patas fundamentales: el baile, el canto, la poesía y la música. Veíamos que estaba faltando formación más sólida en lo que respecta a los códigos de interpretación del género”.

La orquesta tiene una conformación como la de las orquestas icónicas de tango, las formaciones de los años dorados del género, como Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, o más adelante el ejemplo de Astor Piazzola. El objetivo, explica Vaz, es estudiar los arreglos originales de las orquestas de tango más importantes para que los estudiantes puedan después proyectarse personalmente.

“Esta es una música popular que debe evolucionar, permanecer y llegar a más gente que lo renueve”, dice el bandoneonista.

Actualmente la orquesta está conformada por cinco bandoneones, 10 violines, una viola, tres contrabajos, dos violonchelos y tres pianos. “Lo que queremos es que aprendan, ir reponiendo a los músicos que por razones biológicas se van yendo. El género debe continuar y nuestro aporte es pasar las banderas y los conocimientos de tantos años”, comenta Vaz. 

En 2012 se conformó la Comisión Interministerial de Apoyo al Tango y el Candombe (CIATyC), integrada por el Ministerio de Educación y Cultura, el Ministerio de Turismo y el Ministerio de Relaciones Exteriores, a partir del nombramiento del tango y el candombe como patrimonio inmaterial de la humanidad en 2009 con la finalidad de promoverlos en su valor patrimonial. 

Alberto Magnone es actualmente el delegado titular de la cartera de Cultura. Según explicó a El Observador, durante la pandemia realizaron un llamado a proyectos que se están ejecutando actualmente "Se apoyaron 19 proyectos de diferentes áreas: investigación, actuaciones, clases", 12 vinculados específicamente al tango como actividad cultural.

En 2017 se conformó el colectivo Sulov, una agrupación de bandas jóvenes que se acercaron para gestionar y producir su propio trabajo de manera colectiva. " A veces pasa que está el público, está la banda, pero no se puede dar porque el ecosistema es difícil. Tender esos puentes colectivamente se hace más ameno y llevadero que si lo hace una banda o un individuo", explica Andrés Antúnez, que forma parte del colectivo desde su formación.

La esencia del colectivo radica en crear un tango “visto con los lentes de hoy”. Un tango contemporáneo. “No es tango con una óptica conservacionista de 'cuidar lo que ya existe y que no se muera', sino que lo que tiene que morir que se muera y nosotros hacemos cosas porque encontramos en el tango un vehículo muy auténtico para manifestar lo que queremos decir”, sostiene.

En este sentido, Sebastián Mederos agrega que la mayoría de los músicos que tocan allí tocaban otros estilos anteriormente pero encontraron en la raíz de la música uruguaya algo que les permite comunicarse. El objetivo es sacar al tango del museo: "El día que el bandoneón esté dentro de una vitrina en un museo, ahí sí se murió. Mientras el instrumento siga sonando vamos a hacer otras cosas".

“El tango tuvo una época entre la década de 1970 y 1990 o el 2000 que se quedó repitiendo modelos tradicionales y folklóricos. Nosotros a veces lo hacemos, pero del 2000 a esta parte hay una generación de músicos, músicas, cantantes, bailarines, historiadores, pensadores, DJs, gente interesada en el tango que lo ve con ojos nuevos”, dice Antúnez. Un tango que hable del coronavirus, de política, del amor contemporáneo y que además suene como algo actual. “La inserción de nuevos timbres y la inserción de nuevas sonoridades es algo inevitable. Hoy por hoy los géneros puros ya no existen y es todo mezcla. Lo que hacemos es también una especie de mixtura, una cosa que tiene base en el tango pero no sé si es tango puro", comenta Mederos.

En este sentido, Mayra Hernández indica que si bien se viene gestando desde hace tiempo, hace un par de años que la participación de las bandas jóvenes “explotó” en el medio.

“Conozco todo el tiempo grupos nuevos de gente joven, que no tocaba tango y empieza a hacerlo. Eso de que era la música de nuestros abuelos ya se regeneró”, comenta. Gabriela Morgare, explica que en su caso empezó a cantar tango por esa transmisión generacional, pero reconoce que es algo que ya no pasa en las “nuevas camadas” de músicos. “Hay un interés por el estilo. Es impresionante”, dice. 

Juana y los heladeros del tango es una de las bandas integrantes del Sulov y surge de estos cambios y búsquedas en la sonoridad del género. Una formación que “desde el respeto y el conocimiento de la historia del tango trata de hablar de nosotros, de nosotras, de acá y de ahora", en palabras de la vocalista, Juana Nuñez. "Ese camino nos lleva a reírnos de cosas que vemos vetustas y a llevar al extremo algunas cosas que propone el tango. Ahí aparece la risa", dice. 

El tango humorístico se puede rastrear en el tronco genealógico del género, según un relevamiento de materiales históricos que encomendó el Ministerio de Educación y Cultura en 2015. "Cuando haces tango que tiende hacia el tango cómico puede ser que tengas que hacer mucho más para demostrar que lo que hacés está bueno frente a alguien que defiende la parte más nostálgica y apasionada hacia la tristeza", dice la artista. 

Juana se planta enfrente de la banda y lleva la voz, nunca mejor dicho, cantante. "Más que mi liderazgo en la banda –aunque va más allá de solo cantar, porque soy la que hace la producción y eso sí es un poco más revolucionario– el espacio de Julia (Nudelman), la flautista, sí es un espacio un poco más feminista", señala Núñez en conversación

"Las mujeres en el tango siempre hemos sido relegadas a cantar o a bailar. Siempre nos dejaron el lugar del canto, que es el lugar de la exposición pero siempre con una claras directivas que yo no suelo seguir", comenta la cantante. Las cuatro además forman parte de la orquesta Las Señoras, una formación de mujeres que canta temas de mujeres versionados por mujeres. Una agrupación que "surgió mucho después de los demás a raíz de la reflexión de '¿por qué nosotras no nos estamos juntando?'".

"Se dio que éramos muchas amigas y conocidas que tocábamos instrumentos y tocábamos tango en diferentes proyectos y dijimos 'vamos a hacer uno donde seamos todas mujeres'. Como distintivo, solo tocamos temas compuestos por mujeres en la orquesta", señala Hernández.

"El lugar de la instrumentista está complicado adentro del tango y algunos lugares tangueros te dicen directamente 'con mujeres no trabajo'", suma Núñez. 

El repertorio es importante, las letras del tango muchas veces reflejan el sentir de una sociedad machista que ahora no comulga con lo contemporáneo. "He cantando mucho tango y alguna vez canté algunas de esas letras que no están buenas. Ahora siento que frente a una letra me lo planteo diferente. Hay una conciencia diferente, que la sentimos", comenta Morgare. 

Siglo XXI, pospandemia

Los locales de tango que sobrevivieron a la pandemia están empezando a retomar sus actividades. La poesía del tango y su melodía vuelve a recorrer la ciudad, pero la situación de los artistas todavía es compleja. 

"Acá en la milonga estuvimos bastante tiempo sin hacer y queda todavía el coletazo de que no tenemos baile. Eso para nosotros es súper importante, porque convoca a un montón de gente", sostiene Mederos en relación a la Milonga de Trasca. Antúnez enfatiza que la situación no es exclusiva del ambiente del tango: "Se enmarca en un problema más grande de todos los músicos y músicas uruguayos, que estamos en una situación laboral muy inestable y que la pandemia dejó al desnudo, pero venía de antes". A pesar de la situación, el colectivo se sigue sosteniendo para que la música siga sonando.

En todos los ámbitos permanece un anhelo: la milonga. Volver a bailar un tango abrazados. Pero el que quiere bailar baila, aunque no lo vean. El tango de alguna forma volvió al “under”, a la clandestinidad.

Vaz señala que el arte estuvo prácticamente en paro por casi dos años. "Fue un momento muy difícil para todos los artistas y concretamente para los músicos. Ahora hay una explosión de actividades porque todos recomienza con mucha fuerza. Eso será así hasta que la curva de ansiedad por los espectáculos se aplane y vuelva a la normalidad", señala el bandoneonista.

Joventango vuelve a paso lento pero seguro. Ramírez señala que el encuentro con los socios es una alegría, pero señala que la organización todavía va a pérdidas en los espectáculos. Los aforos no son suficientes para costear los gastos, indica. 

El regreso se hace cuesta arriba, pero sucede. En palabras de Antúnez: "La cultura es como la vegetación que crece entre las baldosas; crece igual y no podés evitarlo. Pero la baldosa está grande".

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