9 de mayo de 2012 18:17 hs

Que un grupo como Sepultura se presente en vivo y en la grilla de integrantes no se encuentre por ningún lado el apellido Cavalera puede generar en los más fanáticos y en los conocedores del género un enorme vacío. Es que los hermanos Max e Igor, creadores de la banda latinoamericana más importante del mundo del metal -tipos que a mediados de la década del ‘80 y desde belo horizonte le hacían para la oreja a los cortaban el bacalao en materia de metal en el mundo- ya no integran la banda que los vio nacer músicalmente.

Es como ver a los Creedence sin John Fogerty, o a los Doors sin Jim Morrison.

Pero para los menos fundamentalistas, para los que quieren acercarse al mito, esta es una gran oportunidad para ver cara a cara a unos tipos barbudos llenos de tatuajes, que revolean sus pelos largos a la antigua, como si los ‘80 estuviera ahí, a la vuelta de la esquina.

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Como todos los mitos de música moderna, una banda como Sepultura se sostiene sola y logra la atracción instantánea por las décadas (casi tres) que ha estado en los oídos de todos los amantes del trash metal.

Un tiempo particular
Pero resulta que la presencia de de Sepultura en Montevideo tiene una razón concreta: se debe a la presentación de su último disco, Kairos, grabado el año pasado en los Estudios Trama de San Pablo y editado hacia fin de año.

Andreas Kisser quedó como líder de la banda. Virtuoso guitarrista y vocalista, Kisser explicó que el sentido del título Kairos, una palabra griega que significa “tiempo supremo”, intenta recrear el momoento que vive el grupo. “La vida de todos está escrita por sus elecciones, en las que hay muchos momentos de kairos. Para ir de A a B, y luego a C, tenés que hacerlo a través de tus elecciones o tu intuición. Es de una manera u otra”, declaró Kisser en un video promocional de la gira de la banda por los Estados Unidos.

A propósito de tiempos y de Sepultura, cabe la posibilidad de preguntarse sobre la vigencia del trash metal, o incluso del metal en su conjunto un género que ha presentado muy pocas variantes estilísticas en los últimos años.


Fue justamente Sepultura quien antes de la partida de Max Cavalera en 1996 editó el disco Roots, donde fusionó estilos y ritmos propios del folklore brasileño con la potencia de las guitarras podridas de distorsión y una batería explosiva. Quizás por esa misma razón, por esa osadía, Sepultura sea por este tiempo una de las últimas formaciones dueñas de una sensatez que en otros casos se ha perdido. Por eso, seguramente muchos metaleros de ley harán acto de presencia.

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