4 de octubre 2023 - 5:00hs

La discusión en torno a la inteligencia artificial generativa emerge como una cuestión central en las agendas educativas nacionales e internacionales y como uno de los ejes vertebradores de un paradigma transformacional que va emergiendo en la era pospandemia. Ya no se trata de no solo abordar el análisis de las oportunidades y los riesgos que implica la IA a la luz de fortalecer los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación sino como la misma cobra sentido e impacta significativamente en formar a las nuevas generaciones para que puedan ser ideadores, partícipes y responsables por futuros mejores y sostenibles.

Si efectivamente la IA puede ser entendida como parte del corpus de las alfabetizaciones fundamentales que no solo implica, de por si importante, la comprensión profunda y el manejo solvente de instrumentos que nos ayudan a responder proactiva y competentemente frente a diversos órdenes de desafíos individuales y colectivos. También y esencialmente tiene que ver con fortalecer nuestra identidad y singularidad como seres humanos munidos de las competencias necesarias para direccionar la IA hacia ideales y objetivos de bienestar y desarrollo. Creemos que el acotar la IA en educación a como hace más fácil o no la vida de educadores y alumnos, o generar sospechas y miedos sobre eventuales usos espurios, o caer en usos ingenuos y automatizados, nos hace perder de vista la dimensión del cambio que supone la IA no solo al interior de la educación sino en las intersecciones entre educación, política, ciudadanía, sociedad y comunidad, y en los modus democráticos, de inclusividad y convivencia.

La revista EducationWeek nos comparte, en su Informe especial sobre “Lo que los estudiantes realmente necesitan aprender acerca de la IA” (2023), una serie de puntas de análisis que nos ayudan a dimensionar sus alcances e implicancias en la educación y en la sociedad.

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Alyson Klein, que es una de las editoras senior de EducationWeek, aborda el tema a partir de la penetrabilidad de la IA en todos los órdenes de la vida y argumenta sobre su posicionamiento como un eje de formación universal para todos los alumnos que les permite abrigar un mejor entendimiento del mundo en su integralidad y especificidad. Tomando como referencia las opiniones de expertos en el tema y de educadores, Klein plantea cinco dimensiones que ayudan a calibrar la incidencia de la IA en la educación desde una visión de conjunto.

En primer lugar, Klein asevera que resulta vital tener un entendimiento básico del funcionamiento de la IA, esto es, cómo percibe el mundo desde perspectivas más o menos inclusivas, tamizadas y creativas; como recolecta y procesa datos, y como los mismos informan las decisiones y las recomendaciones que se pueden tomar ante diversas situaciones y desafíos.

Ante todo, tenemos que ser conscientes que la IA desarrolla tareas que los humanos les hemos indicado, y que lo hace reflejando las valoraciones que hacemos. No hay por así sesgos atribuidos a la IA per se, sino que son productos humanos a los cuales no se les puede visualizar como agentes morales ni atribuir responsabilidades. En todo caso los productos de la IA en educación nos pueden decir mucho sobre los valores y las referencias de quienes los elaboran, así como de sus impactos sobre la dirección que puede tomar la educación en su conjunto y en particular, los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Los productos de la IA trasmiten las emociones de las personas que los idearon ya que en todo proceso cognitivo se movilizan emociones. No es que estén desprovistos de emociones en su elaboración.

Tal cual argumenta el filósofo y matemático francés, Daniel Andler (2023), los sistemas de inteligencia artificial resuelven problemas en abstracto sobre la base de una serie de criterios y reglas dadas, que pueden ser más o menos adecuados para responder a situaciones concretas, mientras que la inteligencia humana problematiza situaciones teniendo en cuenta un conjunto de elementos que no solamente hacen o se reducen a la aplicación de criterios prefijados. Las diferencias entre las respuestas dadas por la IA y la inteligencia humana frente a diversos órdenes de problema tienen que ver, entre otros aspectos fundamentales, con la significación, contextualización y apropiación de respuestas por los seres humanos que no son subsumibles en aquellas dadas por la IA. No es que en un caso u otro se movilicen o no emociones, sino que resulta difícil encontrar respuestas a situaciones en un plano totalmente abstracto e independizado de contextos y circunstancias específicas.

En la línea de lo aseverado por Klein, la IA se basa en sistemas que aprenden de manera permanente y que van logrando productos crecientemente más precisos y complejos que nos sorprenden a diario. Una mayor comprensión y utilización a conciencia de los mismos requiere que las personas desarrollen competencias de orden superior como son el pensamiento autónomo, crítico y creativo, así como el análisis y manejo de la información. Por ejemplo, un mejor uso de las competencias de escritura de ChatGPT va a depender en gran medida del desarrollo de competencias escritas en los alumnos. Si nos encontramos en una situación de debilidad en el manejo de la lengua humana, existen mayores posibilidades que asumamos como bueno y concluido, las producciones de la IA sin mayores cuestionamientos.

En segundo lugar, Klein menciona facilitarte a alumnas y alumnos oportunidades prácticas de entender como la tecnología funciona a la luz de promover el aprender haciendo e incentivando un involucramiento activo de los mismos en los procesos de aprendizaje. Se trata de propiciar el entendimiento de los productos de la IA sobre la base de desempacar sus supuestos y contenidos contrastados con los valores, referencias y actitudes, así como en relación a las temáticas candentes y transversales que guían las propuestas educativas, curriculares y pedagógicas (por ejemplo, enfoques de género, inclusividad y educación para el desarrollo sostenible).

De acuerdo a lo señalado en su página web ( https://code.org/international/about ), Code.org es “una organización sin fines de lucro dedicada a ampliar el acceso a la ciencia de la computación en las escuelas y aumentar la participación de mujeres jóvenes y estudiantes de otros grupos subrepresentados”.  El CEO de Code.org, Hadi Partovi, plantea una situación a través de la cual los alumnos tienen que sopesar el uso de una base de datos sobre escalas salariales de menor pago a las mujeres respecto a los hombres para tareas iguales, con el objetivo de entrenar un programa de IA. Si la IA usa tal base, seguramente va a proponer salarios menores para las mujeres. El desafío que se enfrenta el alumno consiste en cuestionar el uso de dicha base, y alternativamente a la traslación lineal que podría realizar la IA de la base de datos a la propuesta de escala salarial, sin la aplicación de correctivo alguno, proponer una escala que no discrimine por género para tareas iguales.  

La situación esbozada por Partovi, es bien ilustrativa de la necesidad que el alumno pueda desarrollar las referencias y los instrumentales requeridos para actuar competentemente a la luz de desafíos que implica movilizar, interpelar y resignificar valores, actitudes, habilidades y conocimientos para entender la complejidad de cada tema y sus implicancias. Saber leer y responder a los productos de la IA hace a un rol activo del alumno como productor, discutidor y validador de conocimientos, que implica, como condición sine qua non, el manejo solvente de las alfabetizaciones fundamentales como las producciones oral y escrita y las matemáticas, así como las competencias de orden superior ya mencionadas, y que, en su conjunto, coadyuvan a la formación integral de la persona y de ciudadanía en valores de inclusividad, justicia y equidad.

En tercer lugar, Klein alude a la necesidad de discutir y analizar cuestiones éticas sobre la tecnología que refieren esencialmente a sus fundamentos, propósitos, usos e implicancias. El análisis desempacado de la IA a la luz de consideraciones filosóficas y éticas no solo tiene que ver con la ausencia de regulación, discusión y validación de los productos de la IA que son resaltados en el “Informe GEM 2023: Tecnología en la educación. ¿Una herramienta en los términos de quién? (UNESCO, 2023). También y esencialmente tiene que ver con que sus fuertes impactos en las identidades y conductas humanas que hacen a quienes somos como seres humanos, y que aspiramos resguardar, fortalecer o bien cambiar de nuestro homo sapiens, así como de sus identidades y capacidades.

Tal cual argumenta Klein, una vez que los alumnos son conscientes que los humanos están detrás de como las herramientas analizan y comunican, los mismos pueden pensar acerca de los mismos en un contexto más amplio de imbricación de la IA en imaginarios educativos y de sociedad. Ciertamente las maneras en que se entienden se integran y se hacen uso de los sistemas de inteligencia artificial en los sistemas educativos, es un buen indicador de qué educación queremos para qué tipo de sociedad. Presuponer que la IA es neutra puede llegar a hacernos creer que su uso garantiza independencia, justeza y hasta revestirla de cierto grado de perfección o de exactitud que los humanos nunca podríamos aspirar a alcanzar. Se trata de una pseudo perfección peligrosamente atribuida a la IA.

Uno de los ejemplos compartidos por Klein refiere a poner en discusión la conveniencia de discutir legislación estadual en Estados Unidos que prohíbe el uso de software de reconocimiento facial ya que se entiende que es notoriamente menos confiable en la identificación de mujeres y personas de color. Se mencionan los casos en que la tecnología ha identificado equivocadamente a personas como teniendo antecedentes criminales. Ciertamente el alumno se enfrenta a dilemas en torno a estar a favor a o en contra del uso de dicha tecnología atendiendo a que la misma no garantiza resultados exactos sin margen de error y que, en gran medida, sopesar los impactos de admitir cierto error remite a que valores y acciones se priorizan.

En cuarto lugar, Klein menciona la necesidad de interactuar efectivamente con la IA trazando un símil entre la necesidad que tienen los alumnos de usar herramientas de IA con la propia necesidad que tuvieron generaciones previas de aprender el sistema de catálogo de cartas para navegar en una biblioteca. Resulta clave saber preguntar y hacer el uso más consciente y productivo de las máquinas de aprendizaje que es conocido como “prompt engineering”. Esto implica desarrollar competencias sólidas para dialogar combinando disciplinas – lingüística, psicología, historia del arte, seguridad informática y filosofía – que contribuyan a comprender el aprendizaje profundo que subyace a los modelos de inteligencia artificial (Nahon, 2023). Las respuestas están más en encontrarle sentidos a las conexiones entre las piezas de conocimiento para responder competentemente a situaciones que en desmenuzarlas en fragmentos o haciendo abstracción de la constelación de factores que inciden en las mismas. Ciertamente estas apreciaciones tienen que ver con las sinergias entre la disciplinariedad, interdisciplinariedad y transdisciplinariedad para abordar la complejidad de los temas.

El profesor de tecnologías de aprendizaje de la Facultad de Educación de la Universidad de Massachusetts Amherst, Torrey Trust, hace referencia a un ejemplo de cómo saber interactuar con ChatGPT. Los alumnos le solicitan al instrumento que escriba acerca de la revolución norteamericana. Seguramente les dará una respuesta genérica similar a la que darían libros de texto. Aposteriori le podría decir que escriba acerca de 15 mujeres que marcaron la revolución norteamericana o establecer las conexiones entre 15 mujeres hoy y la revolución norteamericana. Como bien asevera Klein, la manera en que el alumno alimenta a ChatGPT con palabras claves cambia completamente el producto obtenido del instrumento, así como incide en su pensamiento y aprendizaje. Se trataría de un círculo virtuoso de complementariedades entre las inteligencias humanas y artificial sustentadas en un uso consciente, informado y refinado de las tecnologías que implican, como condición sine qua non, el desarrollo de competencias de orden superior.

En quinto y último lugar, Klein se refiere a que los alumnos conozcan y tomen conciencia que las competencias en IA no son solamente para expertos en ciencias de la computación. Un desafío mayor radica en hacer entender y visibilizar que la IA está presente en nuestras vidas individuales y colectivas, y que cualquier sean los campos de desarrollo profesional e inserción laboral que se considere, la IA es transversal a los mismos. En particular, su conocimiento y uso competente es esencial a la formación ciudadana en los derechos y responsabilidades como partícipes en sociedades democráticas, de fomento y resguardo de la libertad y el pensamiento autónomo y de rechazo frontal al negacionismo, prohibicionismo, la cancelación y la posverdad.

La profesora de medios de comunicación en artes y ciencias del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Cynthia Breazeal, sostiene que la IA funciona mejor cuando es diseñada por personas que son parte de la comunidad para la cual el producto fue concebido. El involucramiento de personas con diversidad de orígenes, perfiles y sensibilidades en idear productos de IA puede constituir un antídoto potente frente a los sesgos y discriminaciones. La democratización en el desarrollo y usos de la IA puede sustentarse en la revalorización de los conocimientos locales y sus anclajes comunitarios. Las construcciones desde el abajo puede asegurar que las tecnologías funcionen mejor.

En resumidas cuentas, la alfabetización en inteligencia artificial, como uno de los cimientos de sociedades democráticas y de una formación ciudadana comprehensiva, tendría que ver, con (i) entender efectivamente su funcionamiento; (ii) promover aprender a hacer en tecnologías; (iii) abordar cuestiones éticas candentes respecto a sus usos; (iv) saber interactuar proactivamente con la misma; y (v) con reconocer su transversalidad en relación a la formación y al trabajo.

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