Para Stephen King el acto de la literatura se parece mucho a la telepatía. Lo ha declarado y lo ha escrito. Cuando un lector abre un libro y se deja absorber por el mundo que allí se describe se produce un extraño momento de comunicación. El emisor del mensaje no está presente de cuerpo entero junto al receptor, no mueve la boca ni le hace señas, pero de una manera muy directa en un acto mental le está haciendo compartir algunas de sus visiones más fuertes, simbolizadas en la página por signos que son letras, que se juntan y forman oraciones, que se atan unas a otras para formar párrafos y finalmente un cuento o una novela.
Para King esas visiones, la carne de la literatura, es telepatía. Escritor y lector se conectan a través de un lazo mágico que vuelve la relación cómplice y profunda. Eso ha producido King a lo largo de las décadas en millones de lectores alrededor del mundo entero. Por esa razón es que tiene a una enorme tribu de fanáticos que espera como perro con las fauces llenas de saliva la salida de un nuevo libro del tipo más famoso del estado de Maine.
A una velocidad envidiable y manteniendo un ritmo de producción casi constante desde que tenía menos de 30 años hasta el momento cuando ya ha soplado 67 velitas, Stephen King había publicado en setiembre de 2013 Doctor Sueño, la secuela de El resplandor. Era un espina que le había quedado clavada: ¿cómo sería la vida futura del pequeño Danny Torrance cuando creciera?
Fue una novela extensa, de más de 500 páginas, como lo había sido antes la sensacional 22/11/63, un viaje en el tiempo para intentar detener a los asesinos de John Fitzgerald Kennedy.
En junio de este año, mientras acá todos discutíamos si Suárez había mordido o no al defensa italiano, el escritor más prolífico de la literatura yanqui publicó una novela titulada Mr. Mercedes.
El argumento, mezcla de géneros entre policial y sobrenatural (la verdadera marca de la casa), versa sobre un asesino serial que atropella a un grupo de personas que se encontraba haciendo la fila para pedir trabajo en el contexto de la crisis económica reciente en Estados Unidos.
Un policía retirado y con demonios que le rondan su cabeza decide investigar este misterioso caso de violencia sin límites contra un grupo de desocupados.
Desde hace unos días Mr. Mercedes se encuentra en las librerías uruguayas a disposición de los fanáticos. Y los que con fruición se lanzaron de cabeza a las aguas que sin mover sus labios agita King desde su casa de impenetrables rejas góticas del otro lado del globo sepan que hay más. Ya hay más.
El pasado 9 de noviembre, King publicó su nueva novela, llamada Revival, la número 54 dentro de su obra, que además se compone de colecciones de cuentos, ensayos, guiones y hasta una crónica sobre su equipo de beisbol, los Boston Red Sox.
Descripta por la revista Rolling Stone, que a fines de octubre publicó un capítulo en su sitio web en inglés, como un cruce entre la obra de Arthur Machen y el Frankenstein de Mary Shelley, esta novela explora unos extraños experimentos con electricidad y la conexión que esta puede tener con nuestros recuerdos, con el pasado, con el presente y con la energía que uno irradia.
Y por si todo esto fuera poco, el autor anunció que Mr. Mercedes es apenas la primera parte de una trilogía, de la que ya tiene título la segunda parte. Será Finders keepers. Los fanáticos y los otros, los que todavía miran a King por sobre el hombro descartándolo como apenas un fabricante de best sellers, tienen libros para rato. La conexión singular entre el cerebro y los dedos de King tipeando sobre el teclado parece inagotable. Como el poder de seducción de un escritor generoso con un terrible miedo a no seguir contando.