12 de marzo 2015 - 18:22hs

Se conocieron más detalles de la pericia sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman comandada por su exesposa, la jueza Sandra Arroyo Salgado. Las diferencias entre esta investigación privada y la oficial ponen de relieve los dos “bandos” que se han formado en torno a la muerte sospechosa del fiscal. Por un lado está el gobierno, al que le conviene demostrar que hubo un suicidio. Por el otro, los que creen que hubo un homicidio porque el difunto poseía material realmente comprometedor.

Hasta ahora la exesposa de Nisman no había divulgado una de las conclusiones del informe que realizó en base a videos y fotografías de la escena donde apareció el difunto. Era el famoso punto 12, que la fiscal del caso Viviana Fein llegó a decir que ni siquiera existía. Ayer se supo que sí había sido presentado ante la Fiscalía y que daba detalles de cómo, según las pruebas analizadas por los peritos particulares, murió el fiscal que había presentado una denuncia contra la presidenta Cristina Fernández y otras siete personas por encubrimiento de Irán en el atentado de la AMIA.

Ese punto 12 sigue a otros que tienen detalles de la hora de la muerte del fiscal, de su agonía o de la falta de espasmo cadavérico en su cuerpo. El texto de ese punto es contundente: “Al momento de recibir el disparo la víctima debió haber estado en posición rodilla a tierra. Esta altura, además, coincide con las manchas de sangre observadas en la escena y, en particular, la que se hallaba sobre la mesada del baño. De haber estado la víctima en bipedestación al caer (y por el proceso de agonía que demuestra el análisis médico legal) debería presentar alguna lesión contusa además del disparo, en alguna zona como la espalda, la cabeza o alguno de sus miembros. Estos signos patognomónicos no están”.

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Una vez conocido ese famoso punto 12 es que surgió más información de cómo los peritos privados creen que falleció el fiscal. En resumen, los expertos plantearon que tenía una rodilla apoyada en el piso y otra no y que miraba hacia la bañera. Le dispararon desde atrás y a la derecha. La sangre salió y alcanzó el lavatorio, a la derecha de la cabeza de Nisman y a la misma altura. Según los expertos, ese flujo debió haber manchado el arma, la mano y el antebrazo del agresor, lo mismo que una toalla que colgaba debajo de la pileta. Pero la tela encontrada estaba limpia porque “algo o alguien se interpuso”, según la transcripción del informe presentada ayer por La Nación.

Otro detalle señalado por esta segunda pericia destaca que el cuerpo del fiscal apareció tendido y el arma –una Bersa calibre 22, “históricamente utilizada por sicarios”– estaba debajo de su hombro izquierdo. No se explica cómo pudo haber llegado la pistola hasta allí, más que con la participación de un tercero.

Los dos bandos

Fuentes de la causa consultadas por El Observador revelaron que en el entorno todos opinan que “es muy sospechoso” que las pericias oficiales y privadas arrojen resultados tan diferentes. En los dos casos trabajaron expertos muy profesionales y experimentados que hasta ahora nunca habían presentado contradicciones importantes entre sí.

Asimismo, llaman la atención supuestos errores que se han presentado, como las diferencias expuestas por la Fiscalía y luego por la jueza sobre el momento en que se accedió por última vez a la computadora de Nisman, o sobre la existencia o no de un borrador de la denuncia en la papelera del fiscal.

Todo esto responde al problema político que plantea la muerte de Nisman, explicaron a El Observador allegados al caso.

Tal como lo plantea el gobierno, el fiscal se dio cuenta de que había sido engañado y presentó una denuncia que carecía de sustento. Antes de hacer la exposición pública ante los parlamentarios, Nisman se dio cuenta de que su causa era poco menos que una tontería, se desesperó y se quitó la vida. En esta línea se encuentran también los intentos por desprestigiar al investigador, al que se acusó de borracho, farmacodependiente y homosexual.

Pero, en cambio, si a Nisman lo mataron fue para que no expusiera una denuncia que puede ser muy peligrosa para alguien, como por ejemplo para el gobierno.

Los que conocían al hombre de leyes aseguran que el suicidio no es verosímil, como tampoco lo es la idea de que haya sido engañado para presentar un escrito poco fundamentado. Hacía dos años que Nisman trabajaba en una misma investigación y era muy responsable, comentó un antiguo colega suyo.

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