Se conocieron más detalles de la pericia sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman comandada por su exesposa, la jueza Sandra Arroyo Salgado. Las diferencias entre esta investigación privada y la oficial ponen de relieve los dos “bandos” que se han formado en torno a la muerte sospechosa del fiscal. Por un lado está el gobierno, al que le conviene demostrar que hubo un suicidio. Por el otro, los que creen que hubo un homicidio porque el difunto poseía material realmente comprometedor.
Otro detalle señalado por esta segunda pericia destaca que el cuerpo del fiscal apareció tendido y el arma –una Bersa calibre 22, “históricamente utilizada por sicarios”– estaba debajo de su hombro izquierdo. No se explica cómo pudo haber llegado la pistola hasta allí, más que con la participación de un tercero.
Los dos bandos
Fuentes de la causa consultadas por El Observador revelaron que en el entorno todos opinan que “es muy sospechoso” que las pericias oficiales y privadas arrojen resultados tan diferentes. En los dos casos trabajaron expertos muy profesionales y experimentados que hasta ahora nunca habían presentado contradicciones importantes entre sí.
Asimismo, llaman la atención supuestos errores que se han presentado, como las diferencias expuestas por la Fiscalía y luego por la jueza sobre el momento en que se accedió por última vez a la computadora de Nisman, o sobre la existencia o no de un borrador de la denuncia en la papelera del fiscal.
Todo esto responde al problema político que plantea la muerte de Nisman, explicaron a El Observador allegados al caso.
Tal como lo plantea el gobierno, el fiscal se dio cuenta de que había sido engañado y presentó una denuncia que carecía de sustento. Antes de hacer la exposición pública ante los parlamentarios, Nisman se dio cuenta de que su causa era poco menos que una tontería, se desesperó y se quitó la vida. En esta línea se encuentran también los intentos por desprestigiar al investigador, al que se acusó de borracho, farmacodependiente y homosexual.
Pero, en cambio, si a Nisman lo mataron fue para que no expusiera una denuncia que puede ser muy peligrosa para alguien, como por ejemplo para el gobierno.
Los que conocían al hombre de leyes aseguran que el suicidio no es verosímil, como tampoco lo es la idea de que haya sido engañado para presentar un escrito poco fundamentado. Hacía dos años que Nisman trabajaba en una misma investigación y era muy responsable, comentó un antiguo colega suyo.