11 de abril de 2011 19:05 hs

Mujica arrancó su gestión antes del 1º de marzo de 2010. En la misma noche de su victoria electoral, incluso antes de hacer el discurso triunfal ante sus seguidores en la rambla sur montevideana, el entonces presidente electo aprovechó un saludo protocolar de una delegación argentina en la habitación del hotel donde estaba, para comenzar a zurcir el acuerdo que pusiera fin al conflicto sobre las plantas de celulosa. Y en las horas siguientes puso vértigo en reuniones y contactos.

Por ejemplo, dijo y demostró con hechos que una “reforma del Estado” sería clave en su gestión. Y en los días siguientes al balotaje, se fue a la sede de la central sindical para plantear el tema, para luego hablar con el abogado Daniel Ferrere (que luego falleció en un accidente) para que lo aconsejara sobre el tema. A dirigentes del PIT-CNT les reconoció que quería hablar con Ferrere lo antes posible, y que había sentido la necesidad de contárselo a los sindicatos antes de comenzar rápido con ese asunto.

¿Por qué luego de una campaña electoral tan larga y tan intensa, Mujica no aprovechó para tomarse unos días de descanso y no dejó pasar un día antes de zambullirse en el diseño de reformas?

Más noticias

Lo que entonces transmitió Mujica a su círculo político o interlocutores de ocasión, era que precisaba aprovechar el primer año de gestión para acelerar los cambios que consideraba importante. Que no se podía desperdiciar el inicio del camino para acomodarse en la administración.

Prioridades…demoradas. En aquellos días, transmitió a su entorno y se puso a trabajar en el diseño de un nuevo ministerio, al que llamó “de la Presidencia” o “de Gobierno”, y en un plan de viviendas con integración social de los beneficiados. No fueron ideas que le surgieron en aquel diciembre. Pero sí se constituyeron en objetivos transmitidos como prioridad para la opinión pública.

Ya pasó un año desde la asunción formal de la investidura, pero transcurrió aún más tiempo desde aquel comienzo informal de “gestión presidencial” en los primeros días de diciembre. Aquel ministerio de la Presidencia que consideraba clave para el funcionamiento del Poder Ejecutivo, quedó descartado.

El “Plan Juntos” fue lento, con confusiones y todavía no deja de ser un proyecto. La reforma del Estado quedó acotada ante la opinión pública a seis carillas, que recién se conocieron en julio pasado y no mostraron un giro drástico.

Los cambios propuestos en esa área, son importantes y algo quedó adelantado en el presupuesto nacional, pero su alcance no se corresponde con la expectativa de una “reforma del Estado”, ni con el apuro de Mujica para privarse de un día de descanso tras la campaña proselitista y el triunfo en el balotaje.

Ese plan incluyó una reforma del sistema de compras estatales, una ley sobre la abogacía del Estado, una reglamentación sobre faltas de los funcionarios, nuevo régimen de ascensos y de posible redistribución de funcionarios de un ministerio a otro, horario mínimo exigido, y una modificación en la relación entre Poder Ejecutivo y empresas públicas.

El otro proyecto prioritario, que fue expuesto como un “buque insignia” de este gobierno, el denominado “Plan de Integración Socio-Habitacional Juntos”, fue remitido al Parlamento recién el 23 de diciembre, cuando las cámaras ya no funcionaban y comenzaba el receso de verano. Casi lo mismo que enviarlo en estos días.

Y en el medio del camino, las encuestas de opinión mostraron que el altísimo nivel de aprobación de la gestión de Mujica, se debilitó rápidamente.

Situación y Balance. ¿Entonces? ¿El primer balance de Mujica arroja un resultado negativo en el cuadro de ganancias y pérdidas? ¿Y su estado de situación muestra una rebaja de patrimonio?

El país atraviesa una fase económica de real bonanza y las perspectivas son alentadoras para la continuidad de mejoras. El ritmo de crecimiento de 2010 fue superior a 8% y para este año se espera un aumento del entorno de 5%. Para un país con bajo incremento de población, eso supone una mejora general del ingreso de cada uruguayo en promedio.

El desempleo llegó a fin de año a un nivel bajo que es récord histórico: 5,4%. Mejoró la calidad de los puestos de trabajo en cuanto a formalidad, aun cuando hay un porcentaje importante “en negro” o con empleos precarios o de pocas horas. Pero el problema no lo tienen los que buscan empleo, sino los que buscan trabajadores.

La inflación tuvo presión alcista pero sigue en un dígito, en torno a 7%. El poder adquisitivo del ingreso familiar siguió mejorando, se redujo la pobreza y la indigencia. El consumo privado voló y la gente aprovechó su mejora y un dólar bajo, para equiparse con electrodomésticos.

Las exportaciones de bienes rompieron récord en dólares y se mantiene sostenida la demanda de productos uruguayos. En servicios, fundamentalmente turismo, también el resultado es muy exitoso. La inversión privada es fuerte en plantas nuevas, en máquinas para empresas ya instaladas, y también en construcción. Eso va de la mano de buenas perspectivas futuras.

La mejora de la calidad de vida de los uruguayos no es casualidad. Uruguay es distinguido por organismos internacionales y por analistas extranjeros como país destacado en la región.

El humor popular. O sea que más allá de debates políticos, los datos objetivos muestran que los uruguayos viven mejor que hace un año. ¿Todos? Posiblemente no, pero el promedio general y la amplia mayoría sí. Cuando un país crece a tasas tan altas durante tanto tiempo, y eso se da en un marco de estabilidad macro, con inflación baja que no castiga el bolsillo de los que tienen ingresos fijos, la mejora se siente.

Además, ese crecimiento no se dio con un empuje estatal, sino en base a producción privada, por el lado de la oferta y a consumo familiar, inversión privada y exportaciones por el lado de la demanda.

Para el flujo de ganancias y pérdidas, el balance de Mujica tuvo otros factores determinantes. Uno positivo se dio con fuerza en su discurso conciliador del 1º de marzo y cómo eso luego se vio en la práctica con la integración de la oposición a puestos de dirección en órganos del Estado. Se puede decir que no es un gesto de generosidad sino de correspondencia de convivencia política, pero es claro que eso no había ocurrido en el período anterior.

Otro elemento clave estuvo en la mejora de relaciones con Argentina y el desbloqueo del puente binacional. Eso fue muy valorado por la opinión pública.
Y un factor determinante de un año que –en general– fue de felicidad para los uruguayos, fue la actuación de la selección de fútbol en el campeonato mundial de Sudáfrica. El pico de popularidad y de aprobación de gestión de Mujica estuvo en esas semanas.

A lo largo del tiempo, la gente transmitió que el presidente habla más de lo que hace. Eso transmite una dificultad en ejecutividad.

Las expresiones de fastidio popular se dieron en materia de seguridad pública y tuvieron un pico en las semanas de concentración de conflictos.

Pero al presidente tampoco le tembló la mano para mandar a los militares a recoger residuos cuando Montevideo era un gran basural en medio de la huelga de municipales.

Según el cristal. Al cumplir el primero de los cinco años, el balance del gobierno arrojará resultados diversos según quién haga la mirada. Pese a la diversidad de valoraciones, hay hechos que se pueden constatar.

El presidente abusó de anuncios públicos que generaron expectativas no correspondidas y también señales confusas al sistema político, a los empresarios, a los sindicatos o a la gente en general.

Esas confusiones obedecen en parte a una compleja realidad político-partidaria del lema oficialista, que es una coalición variopinta con sectores que presionan por objetivos no siempre convergentes.

Mujica comenzó –antes de tiempo– una gestión con vértigo que se desdibujó a la hora de concretar proyectos. Pero también es cierto que el primer año del quinquenio demanda mucho tiempo en el presupuesto que es el proyecto central de la acción de gobierno.

Es ahí donde se fijan prioridades políticas de amplio consenso: a) el combate a la delincuencia y la mejora del régimen carcelario, para lograr rehabilitación de reclusos, b) la mejora sustancial de la infraestructura para permitir que el potencial de crecimiento se concrete; c) mejora en la educación que es un problema que está sufriendo el país; d) soluciones de vivienda para familias con problemas de ese tipo, y e) protección social, para que las familias que han ido quedando al margen del crecimiento puedan tener oportunidades de mejora.

Otro proyecto, que se demoró pero ya está en el Parlamento, es el que habilita asociaciones público-privadas, y que si se aprueba podrá abrir la puerta a inversiones trascendentes.

Cuando a Mujica le cuestionaron que “no había hecho nada” como ministro de Ganadería (2005-2008), con su particular estilo respondió: “Pero tampoco obstaculicé el crecimiento”. Esa réplica plantea un punto nada menor. Más si se mira lo que pasa en Argentina. Su respaldo a la continuidad de la política económica tiene mucho que ver con la evolución y perspectivas de la economía.

A un año de asumir el cargo, Mujica sabe –y lo ha reconocido– que hizo menos de lo que quería. Ahora, con el nuevo presupuesto ya vigente y una economía que sigue con viento a favor, encara un año para el que no hay excusas sobre el tiempo para acomodarse en la administración.

No habrá tanto tiempo para lanzar ideas y habrá exigencia de concretar proyectos.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos