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11 de junio 2022 - 5:02hs

Dos días antes del comienzo de la IX Cumbre de las Américas, que se extendió entre el lunes 6 y el viernes 10 de junio, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) dijo en rueda que su relación con Joe Biden “es buena… es muy buena”. También había advertido que no concurriría a la IX Cumbre de las Américas y que en su lugar lo haría su canciller Marcelo Ebrard.

La relación entre Biden y AMLO,  se mueve entre las tensiones propias de la crisis migratoria, de las hambrunas, de la invasión rusa a Ucrania, de la presión de la OTAN a Moscú y de una pandemia que no deja de azotar. Los esfuerzos del mandatario de Estados Unidos para que el presidente mexicano asistiera no prosperaron. Eso golpeó a la diplomacia de la Casa Blanca.

Con la certeza de la ausencia de AMLO, Christopher Dodd -el senador demócrata enviado por Biden a Brasil y Argentina-, logró la presencia de Jair Bolsonaro y Alberto Fernández. Como dato adicional, ese hombre clave para Biden contrajo covid 19 y continuó su tarea en la cumbre de forma virtual.

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El canciller de México, tras un encuentro virtual con Dodd, reiteró que la relación de su país con Estados Unidos es buena. “La conversación fue franca e interesante”, afirmó. Sin embargo, no se movió ni un ápice de la postura de AMLO en el sentido de que no debían excluirse a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En diálogo con la prensa, el viernes 10, Ebrard enfatizó que se había avanzado mucho en los temas de integración económica, no solo entre estados sino con el sector privado. Sin embargo, aclaró que “Cuba lleva 62 años de bloqueos. En pandemia (México) tuvimos que ayudarlos porque las sanciones golpearon mucho a los cubanos”. Agregó que debía cumplirse con lo acordado en 2012 en Cartagena: “invitar a todos los países”.

A ningún observador se le escapa que, pese a que Estados Unidos -el país anfitrión- no invitó a los jefes de Estado de Venezuela, Cuba y Nicaragua, sí ordenó flexibilizar los vuelos a más lugares de la isla y dio impulso a relajar las sanciones a Venezuela en temas petroleros.

Terminar con la OEA

La ausencia de AMLO fue acompañada de la intención de dar por terminada a la Organización de Estados Americanos (OEA), creada en 1948. “Debemos entrar en una nueva etapa histórica, sentar las bases de una nueva relación”, sintetizó el mandatario del país azteca, fortalecido por el resultado de las elecciones estatales del pasado domingo 5 de junio donde ganó cuatro de las seis gobernaciones en disputa.

Hace casi un año, el 24 de julio de 2021, al cumplirse un aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, AMLO lo dijo con todas las letras y muchos líderes del continente sonrieron: “La propuesta es, ni más ni menos, que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, nuestra realidad y a nuestras identidades. En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie”, afirmó.

El término “lacayo” suena fuerte si se piensa que en 1994 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Tratado que sigue vigente.

AMLO, Fernández y Biden

El presidente argentino Alberto Fernández había dado un respaldo al “no a la cumbre” de AMLO. Sin embargo Dodd, el emisario de Biden a Brasilia y Buenos Aires, hizo que tanto Jair Bolsonaro como Fernández concurrieran a Los Ángeles. AMLO  se mostró claramente disgustado. No por Bolsonaro, con quien no tiene ninguna coincidencia, sino con el mandatario argentino, con quien comparte visiones similares.

En su discurso, Fernández fue enfático respecto de la necesidad de reformular las relaciones continentales. Dado que Argentina tiene la presidencia pro-tempore de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), Fernández hizo una invitación al anfitrión de la cumbre que se llevará a cabo en Buenos Aires en diciembre próximo: “Presidente Biden. Estoy aquí tratando de construir puentes y derribar muros. Como presidente de la Celac quiero invitarlo a participar de nuestra próxima reunión plenaria”, señaló Fernández al final de sus palabras.

Luego Biden fue muy enfático: “Espero ansioso su invitación”. Lo interesante del caso es que hay seis meses en el medio en los cuales no se sabe qué pasará en el mundo, guerra y estrés alimentario mediante, ni tampoco en las relaciones diplomáticas del continente americano. Un dato no puede escaparse: a Buenos Aires concurrirán los mandatarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua, ya que son parte de la Celac.

Ausencias y sentidos

Es demasiado temprano para saber qué balance hará la diplomacia de Washington de este encuentro. Pero no pocas acciones de la Casa Blanca están destinadas a no potenciar diferencias y conflictos.

De los 35 países que componen este continente de 1.000 millones de habitantes, muchos enviaron delegaciones sin presidentes. Además de México, faltó Luis Arce de Bolivia, y cabe recordar que Luis Almagro –con mandato en la OEA hasta 2025- fue fustigado por instigar los movimientos políticos que llevaron al gobierno de facto de Yanine Añez, hoy en juicio. Y, además, AMLO asiló a Evo Morales tras el golpe de Estado.

No fue a Los Ángeles el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, cuyo gobierno pasa una situación tumultuosa y muchos opositores plantaron un camión frente al centro de convenciones del encuentro continental. Alejandro Giammmattei, presidente de Guatemala, mantiene una relación tensa con Biden y también faltó a la cumbre.

A las ausencias del salvadoreño y el guatemalteco se suman la de la presidenta Xiomara Castro, de Honduras, quien como sus homólogos centroamericanos sí fue invitada pero decidió no asistir, con los mismos argumentos de AMLO y Arce.

En cambio sí concurrió finalmente –tras idas y vueltas- Alberto Fernández. También fue Gabriel Boric, el mandatario de izquierda chileno, quien criticó las ausencias pero también dijo que “no se pueden aceptar las detenciones por disidencias políticas” en directa alusión a los países excluido por Biden.

China en la agenda

Esta cumbre estuvo planteada para abordar temas de desigualdad social, de migraciones y de calentamiento del planeta, entre otros temas que arrancaron en comisiones de expertos, empresarios, líderes sociales y parlamentarios de las diversas naciones el pasado lunes 6 de junio.

La geopolítica del continente agregó en la última década una presencia creciente de intereses chinos. Al punto que una veintena de los 35 países han firmado cartas de intención –no vinculantes- con Beijing en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El crecimiento del comercio exterior con el coloso asiático va en aumento. Las obras de infraestructura, energía y transporte de empresas chinas están presentes en muchas naciones, precisamente porque son emprendimientos para llevar minerales, petróleo, cereales y carnes –entre otras cosas- a los puertos de salida. A su vez, se importan cada vez más productos industriales chinos.

 

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