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The Passenger: la historia detrás de la canción de Iggy Pop

Inspirada en sus viajes sin rumbo en el auto de David Bowie y escrita en un vagón del S-Bahn, el tren suburbano de Berlín, The Passenger tiene todo para ser un hit nómada. Un temazo para acompañar la ruta y cantar a voz en cuello ese coro tan propio de la espontaneidad y simpleza punk de la generación 1977 que Iggy Pop bien supo encarnar

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21 de septiembre de 2018 a las 05:00

[Por Javier Lyonnet]

Era 1977 y los tiempos de los artistas, así como los de la industria musical, no eran los mismos que los de ahora. Si no, ¿cómo se explica que Iggy Pop haya editado dos discos en seis meses? Discos completos, con canciones originales, sus respectivos simples y recitales para presentarlos. Pero así era. Primero fue The Idiot, en marzo. Seis meses después llegó Lust for Life. Y no eran discos cualquiera. Fueron los primeros álbumes solistas de Iggy Pop tras la segunda separación de The Stooges, y siguen siendo los mejores de su carrera.

The Passenger, incluido en Lust for Life, no consiguió un éxito inmediato. De hecho, era la cara B del simple del álbum, Success. Más extraño parece hoy que la irresistible Lust for Life también pasara inadvertida en aquel momento, excepto en Alemania. Tuvimos que ver a Renton (Ewan McGregor) corriendo en la escena que abre Trainspotting para descubrir su energía demoledora. A su modo, The Passenger fue una canción con vida propia. En Uruguay se hizo bien conocida recién en 1987, en la versión de Siouxsie and the Banshees. Y en Brasil la revisitó el grupo Capital Inicial, cuya fiel interpretación en portugués resultó un hit en las radios a principios de los años de 1990. Lo más particular: la original de Iggy Pop apareció en el número 22 del ranking inglés en 1998 luego de ser usada en un aviso de Toyota en televisión.

Velocidad berlinesa

Era 1977 y dos músicos muy amigos habían decidido instalarse en Berlín Occidental para desengancharse de sus adicciones (de la heroína en particular). Iggy Pop y David Bowie —ambos de 30 años— vivían juntos, escribían juntos, grababan juntos y también salían bastante en la noche berlinesa. El rápido recorrido de The Idiot había desembocado en un nuevo y fugaz período de creación. Bowie y Pop habían resuelto que el trabajo de Lust for Life iba a ser “rápido”. Terminó siendo urgente. “Lo escribimos, grabamos y mezclamos en ocho días; como lo hicimos tan rápido, nos sobró mucha plata del adelanto del sello y fuimos a medias”, cuenta Iggy.

El cantante recuerda haber dormido poco durante el proceso. Es que, según contó, “Bowie es un tipo muy veloz… Me di cuenta de que tenía que ser más rápido que él, si no, ¿de quién hubiera sido el disco?”. En el mismo período fue concebido el Heroes de Bowie. Aunque muchas de las canciones son composiciones a cuatro manos entre ellos dos, The Passenger es una letra de Pop y música del guitarrista Ricky Gardiner, convocado a Alemania para la grabación del disco. Gardiner ni se imaginaba que iban a precisar material para el disco. Pensó que iba a tocar lo que le indicaran, típica changa de músico de sesión. Pero no, Iggy y Bowie le preguntaron si tenía alguna música. La secuencia de cuerdas que les mostró en una Fender Stratocaster desenchufada terminó siendo la música de una letra que Iggy Pop escribió posteriormente en el tren.

Las inspiraciones que el cantante reconoce para esta canción nocturna son un poema de Jim Morrison y los viajes “infinitos” por Estados Unidos y Europa en el auto de Bowie. “Yo no tenía auto, ni libreta de manejar”, le contó a The Guardian. The Passenger es un viaje desde la zona de confort del autor, aun en una ciudad ajena. Las influencias se cruzan con la circunstancia compositiva: la letra alude a paisajes suburbanos y a una serpenteante ruta costera. Las estrellas brillan. Con su voz grave, Iggy Pop recita —más que canta— que “todo fue hecho para vos y para mí”. No solo disfruta del viaje, sino que se siente dueño de ese paisaje: “Subite al auto / Seremos pasajeros (…) / Vamos a dar una vuelta, a ver qué es mío”. La canción transpira cierto espíritu de nomadismo romántico, improvisación y hedonismo que explota en un coro tan sencillo como sensacional. El propio Bowie puso su voz en el estribillo de la grabación original.

Vino, champagne y colita a las brasas

“¿Te importa que coma con la mano?”, le preguntó Iggy Pop al productor de su concierto de 2016 en Montevideo. A Danilo Astori Sueiro no solo no le molestó, sino que le hizo mucha gracia. De hecho, estaba disfrutando de una de las experiencias más lindas de su carrera como organizador de espectáculos.

Después del recital en el Teatro de Verano fue a verlo al camarín con un regalo. Conociendo la predilección del cantante por los buenos vinos —había pedido tres vinos franceses de distintas cepas y champagne— le llevó de regalo una botella de Monte Vide Eu de bodega Bouza, que había mandado a buscar especialmente. Pop lo recibió con una copa de champagne. Aceptó el obsequio. “La tomamos ahora, ¿no?”. Rehabilitado de sus históricos excesos, solo se permite tomar vino. Los mejores. En el backstage, Iggy comía su colita de cuadril asada fileteada, sin cubiertos. El productor se encontró con una legendaria estrella de rock, sí, pero ante todo con una persona “humilde, inteligente, leída, brillante” y que le gusta hablar en español. Durante años tuvo una novia argentina que se lo inoculó.

“Solo quería comer un pedazo de carne sin nada”, dice Fermín Solana, con el sombrero de Futuro Refuerzos, responsable del catering del show de Iggy Pop. “Le hicimos una colita de cuadril a la parrilla y sabemos que le encantó”. Fermín estuvo un ratito con Iggy, con su otro sombrero, el de cantante de Hablan Por La Espalda (HPLE), la banda telonera del recital. “Fue como un agradecimiento por lo que nos dio como influencia, más por el lado de The Stooges, algo totalmente rupturista. Influenció la actitud de HPLE, descubrimos eso después de haber escuchado hardcore punk más moderno y cuando llegamos hasta The Stooges hubo otro quiebre para tomar esos sonidos como influencia”, contó a Seisgrados. Iggy recibió los discos de HPLE, además de una remera de la banda que muestra a un Luis Suárez con colmillos y a quien inmediatamente reconoció: “gran jugador”.

La vida después

Como se sabe, una canción no pertenece a su autor (bueno, sus derechos sí). The Passenger supo de múltiples versiones. La más famosa es la de Siouxsie, que fue muy popular en Uruguay. “Es buena”, ha dicho Iggy Pop. “Ella la canta bien, en una nota más alta que ojalá se me hubiera ocurrido a mí porque la mejoró; y los bronces le quedan bien”.

Pero también fue grabada por grupos como Die Toten Hosen. Conoció versiones en polaco, en checo, en alemán, remixes y sampleos varios, aparecía con frecuencia en shows de Blondie y de Bauhaus. La industria publicitaria aprovechó ese estribillo monumental para vender autos, cerveza y destinos turísticos. Hasta R.E.M. la eligió para un momento especial: su primera aparición en el programa Later with Jools Holland de la BBC y la grabación en vivo fue luego el lado B del simple At My Most Beautiful de su álbum Up. The Passenger (el pasajero) sigue su viaje.

Eu sou o passageiro

Florianópolis. Ferrugem. Praia do Rosa. Invierno de 1992. Llovía. Mis amigos surfeaban. Yo ya no: con los años había quedado probada mi innata impericia. Igual me gustaba tirarme y estar en el agua. Remar. Tomar alguna ola. Pararme apenas. Caerme. Volver a empezar. Remar y remar. Llovió todos los días ese julio. En la playa no se podía estar. Refugiado en la cabaña escuchaba radio en un pasacasete: Cidade FM. Y grababa. De noche, entre panzadas de camarão ao bafo y Brahmas, escuchábamos los casetes. Dos cosas nos quedaron grabadas. Una fue el aviso del estreno del año: Máquina Mortifera Treis con “Meli Gibsoni”. La otra, una canción que conocíamos bien y nos hacía más gracia que otra cosa: Eu sou o passageiro / Eu rodo sem parar / Eu rodo pelos subúrbios escuros / Eu vejo estrellas saíndo no céu / É o claro e o vazio do céu / Mas essa noite tudo soa tao bem. Supe mucho después que la banda era Capital Inicial, el “lado B” de Legião Urbana, y que su afición por los covers había llegado hasta Soda Stereo con A sua maneira (De música ligera).

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