El incumplimiento del presidente Tabaré Vázquez de una posición electoral trasciende el sorpresivo aumento del impuesto al tabaco porque puede convertirse en el preámbulo de incrementos de la carga tributaria en otras áreas, como promueve el programa de gobierno del Frente Amplio. Durante la campaña para las elecciones de octubre, Vázquez contradijo ese programa al afirmar que “no está planificado en el horizonte ningún incremento de la carga impositiva”. No llegó a una promesa categórica de que no habría aumentos, limitándose a asegurar que no estaban en sus planes. Pero sus palabras se tomaron, en virtualmente todos los sectores, como un compromiso de que los tributos permanecerían incambiados, con la excepción del restablecimiento del de Primaria a los inmuebles rurales.
Esa presunción se derrumbó con la decisión presidencial de aumentar el Imesi a los cigarrillos y todo otro producto de tabaco. La marcha atrás de Vázquez tiene dos consecuencias. La principal es profundizar su combate al hábito de fumar. Desde su primera presidencia batalló a favor de esa forma idónea de proteger la salud de la población, curso que siguió, aunque con menos énfasis, su sucesor José Mujica. Se hizo subiendo agudamente los impuestos que gravan toda forma de tabaco, tenebrosas advertencias impresas en los envases, y prohibición de fumar en lugares cerrados, excepto dentro de las viviendas, y de tenerlos a la vista en los comercios. Hay menos fumadores pero es improbable que el incremento de $ 4 en cada caja de 20 cigarrillos disuada a los que han mantenido el hábito pese a una década de medidas restrictivas.
El otro resultado es fiscal. Se estima que, en los niveles actuales de consumo, el aumento del Imesi reportará unos US$ 18 millones anuales a la necesitada caja fiscal. La suma es relativamente menor. Pero puede multiplicarse si la decisión sobre el tabaco se convierte en un anticipo de nuevos golpes tributarios, como exige la alianza de izquierda. Su programa de gobierno sostiene, en su página 28, que “se puede seguir avanzando en el nuevo sistema tributario alterando selectivamente la presión tributaria” con aumento de impuestos a ganancias empresariales, patrimonios familiares o compra de artículos importados considerados suntuarios.
Si el gobierno se apoya en ese programa y en el precedente de la nueva suba de impuestos al tabaco para incrementar otros, estaría recurriendo a la peor forma posible de enfrentar los apremios financieros que lo rondan. Se ahuyentaría la inversión externa, que Vázquez acaba de afirmar que es esencial para el futuro del país, y se alentaría mayor fuga de capitales domésticos. Lo que corresponde hacer, como medida adecuada en la compleja coyuntura actual, es ordenar y controlar estrictamente el gasto público, eliminando las erogaciones improductivas.
Vázquez se ha puesto en la desairada posición de no cumplir lo que la población había tomado, con fundamento, como un compromiso del futuro presidente. Si su gobierno va aun más lejos en la presión tributaria, tomando una ruta que ahora ha quedado expedita con el aumento del impuesto al tabaco, desestimulará el crecimiento de la inversión y del empleo en momentos en que ellos son más necesarios por cierre de empresas y crecimiento sostenido del desempleo a su mayor nivel en seis años y con perspectivas de seguir aumentando.