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Todo lo que reluce es oro: cuando la verdad tiene un papel secundario

Los hechos y las afirmaciones no deben demostrar su verosimilitud y credibilidad para recibir atención masiva

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18 de junio de 2018 a las 04:00

Días atrás circuló una foto de Johnny Depp en la que se le ve desmejorado físicamente, con notoria pérdida de peso y demacrado. Inmediatamente comenzaron a circular versiones, ninguna de ellas fundamentada, que decían que tenía una enfermedad terminal. La conjetura no resultaba convincente, pues el actor había estado realizando conciertos musicales en días previos y lucía energético, sin dar señas de una posible enfermedad, más allá de que había perdido peso. Por otra parte, en las fotos en las que lucía enfermo, aparecía sonriendo, como si todo estuviera bien y solo se tratara de un cambio físico relacionado a una próxima película. Esto tampoco fue confirmado. A los actores no les gusta ser fotografiados cuando sufren alguna enfermedad grave –casos Humphrey Bogart y más recientemente Val Kilmer–, por lo tanto, resultaba un tanto extraño que Depp apareciera tan despreocupado, permitiendo suponer mediante su desparpajo que se trataba de una maniobra autopromocional para generar hipótesis de todo tipo, treta popular hoy en día en el mundo del espectáculo y de la farándula.

Vivimos en tiempos de "fake news", por consiguiente, la verdad tiene un papel secundario o terciario. Lo mismo da que sea cierto o no. Son los días en que vivimos, y que no comenzaron ayer, sino que vienen de antes, de mucho tiempo atrás. En 1988 debutó el dúo musical Milli Vanilli. Se hicieron famosos, vendieron millones, ganaron el premio Grammy, pero después se descubrió que ninguno de los dos cantaba, que todo era una inmensa farsa, pues los dos pelilargos prestaba su imagen, y que las voces "verdaderas" eran de dos cantantes que nunca aparecían en las fotos y permanecían anónimos. En los últimos 30 años ha habido muchos casos de "millivanillización" de la realidad (al tema le dediqué un libro hoy agotado), pero en los últimos cinco años la práctica se ha generalizado a todos los niveles, incluso con la imposición de una nueva expresión, "fake news", que caracteriza a una de las tendencias prevalentes de nuestros días, en los cuales los hechos y las afirmaciones no deben demostrar su verosimilitud y credibilidad para recibir atención masiva.

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