21 de junio 2013 - 19:22hs

Antes de los dólares y los signos de pesos. Incluso antes de las monedas con el perfil de Atenea acuñadas de oro y plata que circulaban en la antigua Grecia, el dinero no existía y el concepto del comercio se reducía al intercambio de bienes por bienes.

Las primeras poblaciones que entendieron que el excedente de producción podía servir para otra cosa que desecharse o consumirse forzosamente, fueron las responsables de establecer las primeras formas de comercio: el trueque.

Primero entre productores y luego entre comerciantes, el trueque evolucionó para incorporar al cambio servicios, además de los productos. Así se consolidó lo que se llama “reciprocidad”: un sistema económico informal basado en el intercambio que puede ser equilibrado o no.

Pero luego la moneda se comenzó a generalizar con el fin de subsanar esas diferencias. De esta forma nació el mercado y el concepto de lucro, cambiando el sistema para siempre.

Sin embargo, a pesar de convivir con el capitalismo durante al menos cuatro siglos, el trueque cada tanto hace su aparición en el mercado formal, haciéndose un pequeño lugar en las comunidades que buscan volver a los valores pasados para encontrar una manera de intercambiar sin que el dinero entre en la ecuación.

En Uruguay en particular, la experiencia más reciente de trueque fue a principios de 2000, cuando la crisis económica llevó a varios grupos a intentar esta metodología para conseguir productos o servicios.

Hoy en día, otros son los motivos que pueden movilizar para revisitar el trueque de manera colectiva: el cuidado del medio ambiente y la concientización sobre el actual modelo de consumo son algunos de ellos.

Trueque como comercio
Para el año 2000, la llamada Red Global de Trueque gozaba de gran popularidad. Motivados por la crisis, tanto en Montevideo como en la Costa de Oro y algunas otras ciudades del interior se consolidaron los llamados “nodos”. Eran una especie de clubes dentro de una red más global en la que el trueque era la base del sistema.

Si bien se reunían semanalmente, los asociados no dependían exclusivamente de este intercambio aunque logró transformarse en una interesante fuente de subsistencia, al mismo tiempo que consolidaban una comunidad.

Álvaro Antoniello se transformó en referente del grupo al ser el responsable de traer esta práctica a Uruguay.

Inspirado en la Red Global de Trueque argentina, Antoniello estableció el grupo montevideano, logrando la adhesión de entre 60 y 300 personas, según afirmó en notas realizadas a La República y El País en 2000.

En ellos se recurría a un sistema de trueque donde, de cierta manera, existe un valor de cambio. Cada participante –que lleva el nombre de “prosumidor” porque es productor y consumidor a la vez– recibe una suerte de moneda llamada “crédito”, que solo tiene valor en este contexto y debe ser utilizada para conseguir algo a cambio. Sin embargo, no deja de ser válido el clásico trueque de bienes por bienes.

En la Ciudad de la Costa, por su parte, fue particularmente conocido por su nivel de actividad el “nodo” que realizaba sus actividades en el Club Neptunia. Un estudio realizado por Juan Berhau y subido a la web de Unesco Uruguay, llamado “Trueque y economías alternativas”, señala que desde 2003, el club del balneario de Canelones comenzó a ser utilizado como sede de este grupo de la red, que se conformaba por unos 50 participantes. Lo integraban tanto habitantes de Neptunia, como de otras poblaciones cercanas. El salón era utilizado a cambio de tareas de mantenimiento.

El funcionamiento se llevaba a cabo de la misma manera que el “nodo” montevideano, con “créditos” a cambio de bienes.

Tres años después de aquel boom, según el investigador muchos de los “nodos uruguayos” ya habían cesado sus actividades, y en Neptunia, la asistencia en lugar de crecer, se encontraba en descenso.

Entre los problemas que Berhau encontró, la falta de comunicación dentro del grupo fue uno de los factores más importantes. Sin embargo, observó otros inconvenientes de fondo: la permanencia de la idea del valor monetario en el intercambio –los “créditos” a veces no cumplían el valor “uno a uno” con el peso– y una escasa solidaridad en el intercambio.

Trueque como reciclaje
Hoy en el restaurant y sala de conciertos Lindolfo (Lindolfo Cuestas 1388) se llevará a cabo otro tipo de trueque. Será, según sus organizadores, una actividad más orientada hacia el interés por la preservación del medio ambiente y el cambio de los hábitos de consumo.

La organización Cempre, en el marco del Día Internacional del Medio Ambiente –que fue el 5 de junio–, realizará a partir de las 15 horas Espacio trueque, un lugar donde se podrá llevar cualquier cosa que ya no se use, desde muebles a CDs, para intercambiarlos por otros objetos.

Para participar es necesario inscribirse en el sitio cempre.org.uy y enviar los objetos que se desean trocar a Lindolfo hoy, de 10 a 13 horas.

El trueque se realizará utilizando una moneda común, que los participantes recibirán una vez que dejen sus objetos en manos de la organización. Este trueque no será hasta agotar stock, sino que todo aquello que no consiga un nuevo dueño será donado a Cáritas Uruguaya.

Además, se puede asistir de forma gratuita a otras actividades que se realizarán en la tarde, desde muestras de arte con materiales reutilizables a música en vivo a cargo de Dj Zingabeat, The Firephones y Closet.

Esta iniciativa se enmarca dentro de las “Ideas verdes” de la organización: una serie de consejos y actividades orientadas a educar a la población hacia un consumo más sustentable, según afirmó a El Observador María José González, secretaria ejecutiva de Cempre. “A medida que las personas cambien su consumo, sean consumidores inteligentes y demandantes, van a ir generando cambios en la población y en la producción”, explicó.

Para la organización, el trueque es la excusa para darle una “segunda vida” a los objetos, evitando que terminen en los contenedores de basura o en la calle. “El objetivo es bien ambiental. La idea va más allá del trueque en sí, creemos que la comunicación y la educación tiene que ser participativa. Aquí te invitamos a que hagas”, sostuvo González.

Este evento tiene otras réplicas alrededor del mundo. Varias de ellas, como el sitio BarterQuest, se basan en internet para crear una red de trueque virtual.

Es obviamente gracias a esta nueva herramienta que el trueque, una de las formas más primarias y esenciales de intercambio, encuentra nuevas e innovadoras formas de prolongar su longeva vida.

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