18 de noviembre de 2011 10:49 hs

El Codicen aprobó un proyecto de gestión pedagógica para aplicar en 20 liceos, pero el Consejo de Secundaria se le plantó firme y allí andan ahora de reunión en reunión para evitar que la crisis sea mayor.

Todos esperan que el presidente José Mujica vuelva al país y, como un Mesías, le ponga la tapa al asunto. Pero salvo que tome medidas radicales, como impulsar una nueva ley de Educación, los problemas de fondo que exteriorizó este asunto del plan pedagógico, se volverán a repetir.

La clave del asunto parece estar en quién tiene el poder en la enseñanza. La ley de Educación estableció que los consejos desconcentrados estarían integrados por representantes de los trabajadores (que es como decir de los gremios) y por directores nombrados por el gobierno que deben tener 10 años de ejercicio de la docencia.

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Tratándose de un gobierno de izquierda, parece lógico que sus elegidos hayan sido personas que en el pasado integraron los gremios docentes. De hecho, algunos dejaron el gremio para pasar a ocupar cargos políticos. Entonces, los organismos de la enseñanza están integrados por dirigentes sindicales y por ex sindicalistas, devenidos ahora en representantes políticos.

Desde afuera de los organismos de dirección, los gremios presionan amenazando con boicotear cualquier reforma, y desde adentro de estos organismos sus representantes o sus viejos compañeros de militancia, se hacen eco de esta misma visión ideologizada y defensora de la corporación, que es la que prima no solo en Secundaria, sino también en la Universidad.

Si uno mide las mayorías nacionales en base a sus representantes en el Parlamento, existe un amplio apoyo a un acuerdo nacional en la educación como el que impulsa Mujica, como también habría una mayoría a favor de cobrar matrícula universitaria.

Pero hasta ahora las corporaciones han podido más. En el caso de Secundaria la manija la tiene el gremio. Si no le gusta la forma, tranca, como trancó las escuelas de tiempo completo durante el gobierno colorado para luego aceptarlas. Si no le gusta el contenido, usa la fuerza y para las clases.

Aferrados al mango de la sartén, los gremios tienen de rehenes a los alumnos más pobres del país. El gobierno puede aplicar de una vez una operación rescate en la que el gremio perderá algo de ese poder que detenta; o puede aceptar ser también rehén de sus viejos compromisos ideológicos, con lo cual los que perderán serán los mismos de siempre.

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