No le sobra una palabra y no le falta una letra a esta pequeña joya de Ferdinand von Schirach, un joven escritor que ya había demostrado en Crímenes y Culpa, dos libros de relatos, que la literatura alemana siempre puede sorprender y reinventarse. La precisión narrativa y la descripción ascética de los acontecimientos resultan sorprendentes, y esto quizá se deba al hecho de que el autor también es abogado.
O puede ser producto de una tradición familiar, de una capacidad heredada para la narración, ya que durante los últimos 500 años los Von Schirach han publicado libros sobre los más diversos temas: desde la vida de las abejas a tratados sobre Plutarco. En 1813, Willhelm Benedict von Schirach, abogado de fuste, publicó Casos criminales, siendo el antepasado que más se acerca al perfil del autor.
Pero el Von Schirach más famoso es Baldur von Scirach, abuelo de Ferdinand, líder de las Juventudes Hitlerianas, que fuera condenado a 20 años de cárcel por crímenes de guerra, según sentencia del tribunal de Núremberg.
La historia viene a cuento porque El caso Collini indaga en una desesperante sospecha que pesa sobre las cabezas de las nuevas generaciones alemanas: el temor de que siempre puede haber un antepasado que de alguna manera estuviera vinculado al nacionalsocialismo.
Todo empieza con un crimen que se narra en tiempo real desde la perspectiva del asesino, que tras balear a su víctima y matarla, le destroza la cara con el tacón de su zapato. Luego baja al hall del hotel y pide que llamen a la Policía para entregarse.
La casualidad hace que la defensa de oficio del caso le sea adjudicada al recién recibido abogado penalista Caspar Leinen, quien decide aceptar a pesar de las escasa probabilidades de triunfo dado el silencio del acusado y las fuerzas que se le oponen: un fiscal duro y un veterano y brillante abogado que representa los intereses de la enorme empresa que dirigía el muerto. Como si todo esto fuera poco, Leinen recibe la llamada de una antigua novia que le pide se retire del caso, ya que su abuelo es el fallecido.
Con esa arcilla, Von Schirach comienza a darle forma a una pieza capaz de tener al lector en vilo hasta la última línea. Tres páginas le bastan para explicar el pasado del abogado, su relación con su antigua novia, la muerte de un amigo y sus carencias familiares.
Tres páginas más alcanzan para retratar los sueños de un joven profesional que rápidamente se verá en la encrucijada de decidir qué hacer, lo que lo llevará a interrogarse sobre la carrera que eligió y los límites de la conciencia y la moral.
Con un par de trazos une pasado y presente sin ninguna dificultad, haciendo gala de una gran capacidad para desechar lo accesorio y ser profundo. Sorprende también por la capacidad de conmover al lector desde un lenguaje seco, que elude la metáfora pero que la roza desde la realidad misma, a veces desde la simple contradicción. Puede, por ejemplo, narrar una breve escena de sexo durante el reencuentro con su exnovia, dar la sensación de que todo renace, para después decir que “durmieron juntos bajo un montón de mantas, cómodos y próximos, al calor de la piel ajena. Entonces comprendió que no se querían”.
El juicio, elegante como una partida de ajedrez, acapara la segunda parte del libro. Allí descubren los motivos, se juzga el pasado y se denuncia a la Justicia alemana de posguerra. Tras la presentación de este libro el gobierno alemán realizó una investigación para averiguar el pasado nazi de muchos miembros del Ministerio de Justicia, lo que le agrega un matiz épico a un libro ya de por sí estupendo.